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Observatorio Eurasia

Un proyecto de investigación de COMPOLITICAS

Categoría

Reseñas

Ucrania: más que el Maidán; más que el Donbass

Adrián Tarín :::: Cuando el 21 de noviembre de 2013 miles de ucranianos se concentraron en la plaza de Maidán (Kíev) empujados por la negativa del entonces presidente Víktor Yanokóvich a firmar el Acuerdo de Asociación (AA) con la Unión Europea, a muchos nos sobrevino con pocos elementos para juzgar la movilización. Seguir leyendo “Ucrania: más que el Maidán; más que el Donbass”

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Moscú-Petushkí, de Paweł Pawlikowski

Miguel Vázquez Liñán :::: El visionado del documental de Paweł Pawlikowski sobre Venedikt Eroféiev, que lleva el nombre de su obra más conocida, “Moscú-Petushkí”, es un buen pretexto para revisitar, no sólo al autor y su texto, sino también la historia de las últimas dos décadas de la historia soviética. Seguir leyendo “Moscú-Petushkí, de Paweł Pawlikowski”

Viñetas de una guerra olvidada

Adrián Tarín :::: Cuadernos rusos (2014; Salamandra) es más que una elegía a Anna Politkosvaya. Es un catálogo del horror, un argumentario de la “democradura” rusa. Igor nos muestra una sucesión de atrocidades, vinculadas mayoritariamente a la Segunda Guerra de Chechenia, y conectadas a través de relatos que recuerdan a Anna, como artículos de Novaya Gazeta o una entrevista con Galia Ackerman, su traductora al francés. Seguir leyendo “Viñetas de una guerra olvidada”

A Moscú sin kalashnikov

Adrián Tarín :::: Hay títulos engañosos, que cuando uno termina de leer esos libros piensa que en la portada podría haberse escrito cualquier otro lema. No es este el caso. A pesar de la metáfora, A Moscú sin kalashnikov (Daniel Utrilla, 2013) representa fielmente lo que el lector se encuentra al avanzar en cada página. El corresponsal español presenta una colección de crónicas moscovitas ajenas a la mirada prejuiciosa que habitualmente ejerce el periodismo occidental. Seguir leyendo “A Moscú sin kalashnikov”

Política Exterior Rusa: el regreso de la política de la gran potencia

Leonardo Daniel Ortega Prudencio :::: Jeffrey Mankoff, miembro del Council on Foreign Relations, publicó en 2009 un libro que viene a retomar la importancia de un tema que se ha tratado con algo de negligencia en los últimos años: la política exterior rusa. El argumento central del libro se refleja en su título, en el que menciona que Rusia se encuentra en una etapa de resurgimiento como centro de poder, y que esta idea no es privativa de la élite del país y sus líderes actuales, sino que es un antecedente que se puede remontar a un pasado más lejano en Rusia. De manera completa y documentada, Mankoff presenta un análisis bastante amplio bajo el aspecto de una lectura fácil de digerir. Seguir leyendo “Política Exterior Rusa: el regreso de la política de la gran potencia”

Elegía de Chechenia

Reseña de la película “Aleksandra”, de Aleksandr Sokurov; por Frederic Guerrero-Solé (Universitat Pompeu Fabra).

La guerra es absurda y deshumaniza al hombre. Y nada hay más fácil que matar. Hasta a una débil abuela le basta con apretar el gatillo de un ligero kaláshnikov y llevarse de este mundo a una vida humana. Dos verdades que Aleksandra, el film sobre la guerra de Chechenia —o sobre cualquier otra guerra— del cineasta ruso Aleksandr Sokúrov (Molokh, Padre e hijo, El arca rusa) pone con toda la aridez y crudeza de su cine ante el espectador. Seguir leyendo “Elegía de Chechenia”

El lado Cálido de la Guerra Fría. Asalto al Cáucaso

Rafael Soto :::: Reseña del libro “El lado Cálido de la Guerra Fría. Asalto al Cáucaso” de Rafael González Crespo.

Rafael González Crespo (Limpias [Asturias], 1941) es coronel y llegó a ser Delegado de Defensa en Asturias. Buen conocedor de la situación geopolítica de lo que antes era la URSS, también ha escrito varios artículos recogidos en ‘Historia Militar de Asturias’. En ‘El lado cálido de la Guerra Fría. Asalto al Cáucaso’ (2009) hace un análisis de la evolución de Rusia tras la II Guerra Mundial, intentando desentrañar las causas del derrumbe de la URSS para comprender la situación actual de la Madre Rusia. Seguir leyendo “El lado Cálido de la Guerra Fría. Asalto al Cáucaso”

El Cáucaso o el laberinto de naciones

Jesús Cruz Álvarez :::: Reseña del libro de Wojciech Jagielski, “Un buen lugar para morir”.
En un breve capítulo del libro de Wojciech Jagielski, publicado en 2005 en su país de origen, Polonia, y rescatado muy acertadamente por la editorial española Debate el pasado 2009, se narra la historia de un grupo de dementes (tal y como se titula el mencionado episodio) de un manicomio de Chermen, una pequeña población enclavada entre Vladikavkaz, Osetia del Norte, y Nazran, la capital de Ingushetia. Seguir leyendo “El Cáucaso o el laberinto de naciones”

Dubrovka en el recuerdo

Ana Sánchez Resalt :::: Reseña del Borís Godunov del grupo de teatro catalán La Fura dels Baus.

En marzo de 2008 la Fura dels Baus presentó en primicia mundial en Molina de Segura (Murcia) su espectáculo Borís Godunov. Álex Ollé, director artístico y uno de los fundadores de la compañía, y David Plana, encargado de la dramaturgia, utilizaron el texto de Alexander Pushkin y los acontecimientos del secuestro del teatro Dubrovka de Moscú en octubre de 2003 para crear una obra que reflexiona sobre el terrorismo y la utilización del terror para justificar y conseguir fines políticos o el poder. Seguir leyendo “Dubrovka en el recuerdo”

Chechenia: cuando la defensa es un instinto

Ana Sánchez Resalt :::: Reseña del libro “Las montañas de Alá”, de Sebastian Smith.

En diciembre de 1994 el gobierno ruso iniciaba la primera guerra postsoviética en Chechenia. Unos años antes, esta pequeña república norcaucásica había declarado su independencia de Rusia tras la desintegración de la URSS. Lo que tenía que ser una guerra “victoriosa y corta” para “restablecer el orden constitucional” y “desarmar a las bandas armadas ilegales”, se convirtió en una de las más cruentas batallas sufridas por Chechenia. Seguir leyendo “Chechenia: cuando la defensa es un instinto”

El espejismo checheno

Miguel Vázquez Liñán, Observatorio Eurasia ::: El libro de Jonathan Little “Chechenia, año III” describe una Chechenia corrupta, con miedos y bajo el oscuro mando de Ramzán Kadírov, al que bien le sirve el “que todo cambie para que todo siga igual.

El pasado ocho de marzo se cumplieron cinco años del asesinato de quien fuera presidente de Chechenia, Aslán Masjádov. A pesar de lo controvertido de su papel en la historia de Chechenia, aquel día de 2005 muchos sintieron desaparecer, definitivamente, las esperanzas de un diálogo entre Moscú y el ala moderada del independentismo checheno. A decir verdad, las esperanzas eran, ya entonces, insignificantes.

Mirando atrás resulta difícil, aún hoy, librarse de la idea de que la guerra en Chechenia podía haberse evitado con relativa facilidad, si quienes tenían la capacidad de decidir (con Yeltsin y Putin a la cabeza) no hubiesen optado tan “a la ligera”, por la solución armada. Tampoco es fácil hoy, por motivos parecidos, asumir la versión de que la guerra ha terminado.

La imagen de una Chechenia en permanente construcción, con nuevas carreteras, edificios, cafeterías y retratos, muchos retratos de los Kadírov, padre e hijo, es un tradicional ejercicio propagandístico. Borrar los signos de la guerra, permitiéndose para ello detalles de tan mal gusto como llamar “Avenida Putin” a una de las principales arterias de Grozny. El mensaje es tan evidente como tramposo: con Dudáev o Masjádov todo era destrucción, hoy en Chechenia todo está “recien pintado”.

Esta sensación se desprende también del reciente reportaje en profundidad que Jonathan Littell ha publicado bajo el título “Chechenia, año III” (RBA, 2010). Littell describe con lucidez un escenario complejo, con luces y sombras en torno al régimen de Kadírov. Leerlo da idea de cómo, usando como cemento el dinero de Moscú, el sátrapa de Tsentoroi está intentando unir los cristales rotos durante los últimos veinte años.

Littell nos transporta a una Chechenia corrupta hasta los tuétanos, en la que nadie dice del todo la verdad (por miedo), las lealtades son dudosas (también por miedo) y los antiguos guerrilleros son hoy consejeros de Kadírov; eso sí, a menudo previa humillación pública ante las cámaras de la televisión chechena. No obstante, hay también, en las páginas del libro, espacio para describir un sistema financiero, fundamentado en el negocio de la construcción, que da posibilidad de trabajar a un número importante de chechenos, y una República en la que las matanzas masivas e indiscriminadas ya no son la norma: el terror se ha hecho más selectivo.

La impunidad de la que goza Kadírov le ha permitido construir un régimen que depende de él, y sólo de él. “Moscú no tiene más opción que creer en Ramzán. Y él lo sabe perfectamente”. La sentencia es de Littell, y estremece teniendo en cuenta al personaje. Sus rivales políticos mueren misteriosamente, pero no parece que haya intención política (y sin ella no hay nada que hacer) de pedirle cuentas; asesinan a Politkóvskaya y Estemírova, que siempre lo criticaron duramente, y él levanta un monumento a los periodistas caídos en Grozny. Y cuando se alza la indignada voz de Oleg Orlov, director de Memorial, Kadírov lo lleva a los tribunales por calumnias.

Así las cosas, tiene sentido formularse preguntas, aún a sabiendas de que son retóricas, como ¿quién ha ganado con esta la guerra?, ¿se puede dar por cerrado el conflicto de Chechenia? Hoy las guerras no se suelen declarar; oficialmente, no existen. Tampoco son habituales, por lo tanto, los tratados y conferencias de paz. Chechenia ha pasado los últimos diez años bajo una “operación antiterrorista” que casi borró a la República del mapa. Del reportaje de Littell se desprende que los chechenos, incluyendo a quienes sirven a Kadírov (quizás especialmente ellos), hablan de la guerra en términos de victoria sobre Rusia. Los rusos se han ido y Ramzán, como bien apunta Littell, es el único dirigente de una región de la Federación Rusa que nombra a sus propios silovikí, con lo de contradicción esencial que ello supone con la famosa “vertical del poder” de Putin.

Por otro lado, la ley rusa tiene problemas para aplicarse en Chechenia, donde con pocos tapujos se habla de la sharia como ley, el trato a las mujeres es especialmente humillante, la poligamia practicada por el propio presidente y las violaciones a los derechos humanos más elementales siguen siendo denunciadas, por quienes aún se atreven, como sistemáticas. Ramzán parece sentirse cómodo en su papel de equilibrista, se mueve con soltura sobre la cuerda floja, la línea que separa lo tolerable (para Moscú), de lo intolerable. ¿Está Medvédev dispuesto a aceptar cualquier cosa que haga Kadírov? Littel reflexiona sobre este asunto: “La ‘línea roja’ de los rusos es de orden completamente simbólico, es incluso como un sacramento – ‘la infección del separatismo’ – y su aplicación práctica en el mundo real, una vez admitido que los chechenos renuncian formalmente a la idea de una independencia jurídica, sigue dependiendo mucho de las interpretaciones que se le den”.

Chechenia se ha convertido en un espejismo: las cafeterías de la Avenida Putin y la abundancia de Hummers y Toyotas oculta una realidad terrible. Además, Grozny ha exportado violencia a repúblicas como Daguestán e Ingushetia, que desde hace ya demasiado tiempo se encuentran en una situación crítica. Si el modelo de “resolución de conflictos” que Moscú ha adoptado en Chechenia se repite en esas repúblicas, pronto no cabrá duda de que Rusia ha vuelto a perder la guerra en el Cáucaso.

Terror en Chechenia

Antonia Ceballos Cuadrado, Observatorio Eurasia ::: Reseña del libro de Anna Politkovskaya “Terror en Chechenia”.

Un libro sincero. Un relato sobrecogedor y preciso. Una búsqueda minuciosa de la verdad. Un periodismo con rostro humano que da voz a los sin voz: a los civiles callados por el ruido de las bombas y a los líderes políticos silenciados. Un conjunto de artículos imprescindible para comprender el sufrimiento del pueblo checheno. Una información equilibrada que tiene la virtud de recurrir en contadas ocasiones (y con una justificación informativa) a las fuentes oficiales. Todo eso y mucho más es este libro de Anna Politkovskaya, que en el prólogo al mismo se define de la siguiente manera:

“Soy periodista. Trabajo como corresponsal especial en el periódico de Moscú Nóvaya Gazeta y ésta es la única razón por la que fui testigo de la guerra: me enviaron para que informara. Pero no porque sea corresponsal de guerra y conozca bien el tema. Al contrario: porque soy ante todo una persona civil. La idea del redactor principal era simple: precisamente yo, una persona civil, sin ninguna relación con lo militar, comprendería mejor las vivencias de otros civiles, los habitantes de las aldeas y las ciudades chechenas sobre cuyas cabezas se había desencadenado la guerra.” (Politkovskaya, 2003: 13)

El estilo de los artículos de Politkovskaya está profundamente imbuido de este espíritu “civil”. Las descripciones son minuciosas y con una carga dramática muy fuerte. El uso de la primera persona es bastante frecuente; así como elementos que enlazan con el “nuevo periodismo” estadounidense, como la reproducción de diálogos, la predominancia del estilo directo sobre el indirecto y el acento en el interés humano de lo noticiable. A Politkovskaya no le importan las peroratas oficiales. No se hace eco ni de uno sólo de los informes oficiales de la guerra. Lo suyo no es el briefing, sino el día a día de la población civil. El libro está plagado de personas con nombres y apellidos que tienen una historia que contar. Una historia de dolor y tragedia. Aunque siempre queda lugar para la esperanza. A este respecto debemos destacar dos magníficos artículos del libro: Viktoria y Aléksandr, recién casados en Grozni y ¡Hemos sobrevivido! ¡Otra vez! Crónica de la felicidad del coronel Mirónov.

En el primero de estos artículos, Politkovskaya cuenta la historia de dos jóvenes discapacitados recién casados, que han decidido continuar viviendo en Grozni. En él, la periodista confronta la realidad y la irrealidad de la guerra. Decía Pérez-Reverte, en una entrevista a RNE, que la guerra es una situación normal de gente normal que hace cosas normales. Dice Politkovskaya en su artículo: “Me da vergüenza llorar en su presencia. Y no lloro. No sé cómo expresar mis sentimientos, todo es fútil en comparación con esa vida. Como en esta cocina de Grozni todo es ficticio: los fogones, el frigorífico, los grifos… Todo. Salvo los sentimientos. En cambio, en las cocinas moscovitas hoy todo es verdadero: los fogones, el gas, el agua del grifo, fría y caliente. Todo. Salvo los sentimientos. Parecen un decorado. Comemos demasiado, para ser un país que hace tanto tiempo que está en guerra.” (Politkovskaya, 2003: 81-82).

El artículo sobre la felicidad del coronel Mirónov es eso, un canto a la felicidad. La felicidad de estar vivo otra vez. De haber sobrevivido. De disponer de una noche más para brindar con desconocidos con los que compartes más cosas que con tu propia familia y para declarar amor a todas las mujeres con las que uno se encuentra. La felicidad de Mirónov es el otro lado de la moneda. El rostro amable de la guerra y el amor incondicional por la vida.

Desde el punto de vista estrictamente periodístico y de la labor del corresponsal de guerra (aunque la propia Politkovskaya rechace esta denominación) debemos destacar el siguiente fragmento:
“Naturalmente, prometo ‘informar’. Pero lo prometo en voz muy baja. Incluso casi no prometo nada, y simplemente asiento con la cabeza y murmuro algo… No doy explicaciones, cómo puedo decir a un condenado QUE:
– en primer lugar, al Kremlin no le hacen falta mis explicaciones, porque sabe perfectamente qué ocurre;
– en segundo lugar, la situación en Moscú con la guerra que tiene lugar en el Cáucaso es tan confusa que casi nadie sabe nada, porque no quiere saber;
– en tercer lugar, incluso mis amigos más cercanos no creen lo que les cuento después de mis viajes por Chechenia, y ya he dejado de explicarles nada, me siento y guardo silencio en su compañía cuando me invitan, y
– en cuarto lugar, incluso en mi periódico, que se opone a la actual ‘línea del partido y del gobierno’, no siempre esperan mis reportajes sobre Chechenia ni quieren publicarlos, y cuando los publican, a veces recortan los fragmentos más ‘duros’, movidos por el deseo de no conmocionar al público. La polémica en la redacción a este respecto es más crítica que nunca, y me pone en un aprieto…” (Politkovskaya, 2003: 36)

Estas palabras de Politkovskaya enlazan de manera muy directa con la teoría de Pablo Sapag acerca de los factores exógenos y endógenos que influyen en la labor del corresponsal de guerra. Ante la dificultad de luchar contra estos factores, lo único que le queda al corresponsal es la honestidad periodística, de la que Politkovskaya hace gala en sus escritos.

También sorprende de Politkovskaya su capacidad de análisis y de hacer predicciones que se cumplen al cien por cien. Moscú dio por finalizada la “operación antiterrorista” en Chechenia el pasado abril; sin embargo, la violencia no ha cesado, sino que se ha incrementado hasta niveles insostenibles. Anna Politkovskaya decía en 2003:

“Estoy segura de que incluso si mañana se anunciara el final de la guerra, la retirada del ejército y el cese de las operaciones militares, Grozni seguiría igualmente bajo la bota criminal, y Dios sabe cuándo se podría eliminar. Es muy fácil iniciar una guerra y casi imposible suprimir luego todos los monstruos que ha generado.” (Politkovskaya, 2003: 94)

Aunque desafortunadamente no todos los pronósticos fueran acertados:

“- ¿Te das cuenta?¡También esta vez estoy vivo!
(…)
– ¡Fantástico!- le respondí, y la esposa de Mirónov me miró con mala cara- Imagínate, ahora te darán un permiso largo. Además has acumulado comisiones de servicio, te pagarán el seguro… Vivirás como un rey. Y para cuando vuelvas a caminar, fíjate, la guerra habrá terminado. ¡Te lo prometo! Escribiré un montón de artículos, más de los que debiera, sólo para que esa maldita guerra termine y no te vuelvan a enviar allí” (Politkovskaya, 2003: 252)

Pero la guerra aún no ha acabado y el alegre Mirónov y Politkovskaya no tuvieron suerte la última vez.
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Anna Politkovskaya (2003): Terror en Chechenia. Barcelona: Ed. Planeta.

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