Adrián Tarín :::: Durante los últimos años se ha hecho evidente que la violencia yihadista en el Cáucaso Norte se había trasladado, fundamentalmente, de Chechenia a Daguestán y, en menor medida, a Ingusetia. Crucial en esta reducción de atentados fueron la desgastante operación contraterrorista rusa, finalizada oficialmente en 2009, y las estrictas políticas de seguridad iniciadas por el presidente Ramzán Kadírov. Ambas de innegable efectividad por el momento, tal y como demuestran los datos, pero no exentas de flagrantes vulneraciones a los derechos humanos.

Como consecuencia de esta persecución militar y policial, muchos combatientes chechenos aprovecharon la coyuntura siria para emprender allí la yihad. Este considerable fenómeno migratorio -se han contabilizado más de 2.000 muyahidín rusos en Siria- fue confirmado por el propio Muslim al-Shishani, uno de los primeros en llevar a cabo dicha “hégira” y durante años líder del grupo Junud al-Sham. Del mismo modo, han sido varias las comunicaciones públicas en las que los yihadistas que decidieron permanecer en las montañas, reclamaban la vuelta de sus compatriotas para evitar el debilitamiento del frente ruso. Este vacío checheno -y el cerco policial- explica que, tanto el Emirato del Cáucaso -organización hoy vinculada a Al Qaeda- como Vilayat Kavkaz -filial del Estado Islámico en Rusia-, acabasen eligiendo líderes daguestaníes para dirigir a sus organizaciones.

No obstante, primero Aliasjab Kebekov y Magomed Souleimanov, emires daguestaníes del Emirato, y luego Rustam Asílderov, homólogo de Vilayat Kavkaz, murieron en operaciones contraterroristas rusas antes de 2017. Desde antes de enero ambas organizaciones se encuentran descabezadas, y la situación en las respectivas “provincias” es similar. Salvo en una: la guerrilla chechena adscrita al Estado Islámico, cuyo naib, Emir Jamzat, es el único dirigente conocido que continúa en pie.

Este hecho, la supervivencia de Jamzat, coincide con el repunte de violencia yihadista que parece sufrir Chechenia desde hace tres meses. En este periodo podemos contabilizar, al menos, cuatro atentados reivindicados por la sección chechena de Vilayat Kavkaz, el último llevado a cabo el pasado viernes 24 de marzo, cuando varios terroristas asesinaron a seis miembros de las fuerzas de seguridad rusas e hirieron a otros tres. Aun así, la “rentabilidad” de dichos ataques sigue siendo limitada, ya que la operación también le costó la vida a seis de los agresores y dos, al parecer huyeron.

Este ataque, a pesar de que, como indica SITE Intelligence Group, fue reivindicado por ISIS, fue puesto dos días después bajo sospecha por el periódico Novaya Gazeta. Su departamento de investigación apunta a que, realmente, lo que ocurrió aquella noche pudo ser una pelea entre residentes locales y policías en un control de paso, que acabó en una multitudinaria y mortal refriega. Para justificar las muertes, la propia policía habría colocado en los cadáveres -previamente detenidos y ejecutados extrajudicialmente- pruebas para hacerlos pasar por yihadistas. En una de las fotografías que aporta el medio, se muestra un cuerpo con un único disparo (en la cabeza), marcas en las muñecas de ligaduras y un cinturón explosivo atado por encima de la ropa.

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Fuese realmente, este último, un atentado del ISIS o no, también podría ser preocupante la circulación, esta semana, de un vídeo en el que se aprecia a un grupo de encapuchados asociados al Frente al Nusra, filial antes oficial y ahora oficiosa de Al Qaeda en Siria, declarar que habían regresado a Chechenia dispuestos a poner en práctica lo aprendido en el Levante.

Todavía es pronto para saber si la actual tendencia se sostendrá en el tiempo o si se trata de una eventualidad. No obstante, no puede descartarse que, bajo el liderazgo de Jamzat y con las guerrillas del Emirato reagrupándose en el bosque, vuelvan a producirse nuevos e intermitentes ataques en Chechenia durante los próximos meses.

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