Adrián Tarín :::: Desde que hace más de medio año se configurase la filial del ISIS en el Cáucaso Norte, Vilayat Kavkaz (VK), muchos han sido los interrogantes suscitados a su alrededor. Uno de los más comentados fue el cuestionamiento de su capacidad ofensiva inmediata, y poco ayudó a estimarla que en septiembre de 2015 se declarasen autores de un atentado que jamás sucedió en el sur de Daguestán.

El debate generó algunas respuestas plausibles a esta inoperancia inicial. En una entrevista concedida al Observatorio Eurasia, el analista Mairbek Vatchagaev planteó como causa una profunda represión de las fuerzas de seguridad rusa al interior de la nueva organización. Así, al menos, lo demostraban las numerosas detenciones y asesinatos de militantes yihadistas, algunos no exentos de inquietudes o de veladas operaciones propagandísticas, que Rusia ejecutó el pasado año. Sin embargo, la investigadora del International Crisis Group, Ekaterina Sokirianskaya, también concedió a este espacio una entrevista en la que avisaba de las posibilidades operativas que VK podría alcanzar en caso de que ISIS lo necesitase, más aún en el marco de la guerra en Siria.

La implicación de Rusia en los bombardeos de Siria es una aventura arriesgada para Putin. Aunque ya suena a lugar común citar la Gestión de la barbarie de Abu Bakr Naji como hoja de ruta o material teórico del yihadismo global, llegados a este punto algunos de sus pasajes son especialmente interesantes llegados, en especial aquellos que hablan sobre la venganza: “Cualquier acto debe ser enfrentado con una reacción que haga pagar el precio por el crimen cometido para que queden disuadidos de hacerlo de nuevo y reflexionen mil veces antes de atacarnos otra vez. (…) Hay que hacer pagar el precio, incluso si es años después, y qué mejor si es en otro lugar”.  Y, precisamente, en otros lugares se dieron las primeras respuestas a los bombardeos rusos en Siria (aunque ello no significa que esté en su punto de mira sólo por el apoyo a Assad; de hecho, en el primer número de su revista, Dabiq (2014), ya se publicaron amenazas a Rusia). De este modo, en octubre de 2015 se produjo el que seguramente es el primer atentado del ISIS contra Rusia en el marco de la lucha en Siria: el derribo del avión ruso de Kogalymavia en Egipto, ejecutado por la filial Vilayat Sina. Un mes más tarde, en Siria, la matriz del ISIS difundió un vídeo en el que se documentaba la ejecución del checheno Khasiev Magomid, supuesto espía ruso.

Pero, ¿habría respuesta por parte de VK en territorio ruso? A este interrogante Vatchagaev nos respondió: “En realidad, para que haya una reacción en el Cáucaso a lo que hoy está sucediendo en Siria, sería necesario esperar, como mínimo, hasta principios de 2016. El monitoreo de la actividad insurgente en el Cáucaso Norte en las últimas dos décadas deja claro que el tiempo de reacción es mucho más lento en esta región que en otros contextos de actividad armada extremista”. Falló por pocos días, ya que a fines de diciembre se produjeron los dos atentados inaugurales con éxito de VK.

El primero de ellos –que sorprendentemente apenas ha tenido repercusión ni entre la prensa internacional ni tampoco entre la rusa- salió a la luz el pasado 26 de diciembre. En el vídeo que documenta el ataque, militantes de VK ejecutan de un disparo en la cabeza efectuado en el interior de un automóvil al jefe, según parece, de alguna administración local daguestaní. En la misma cinta, otro hombre, de nombre Shamil, es acusado de ser informante del FSB, y fue asesinado con el mismo método tras cavar su propia tumba. Cuatro días después se produjo el segundo ataque, esta vez en el área turística de Derbent -también Daguestán-, reivindicado virtualmente por VK y en el que falleció un miembro de la seguridad rusa por arma de fuego.

Aunque no se pueda atribuir el diseño y práctica de estos atentados exclusivamente a la guerra en Siria, puesto que aunque el proyecto político del Emirato del Cáucaso parece en plena decadencia frente al internacionalismo del ISIS las tensiones étnicas y regionales aún están presentes en el yihadismo norcaucásico, los bombardeos de Putin en Raqqa no parecen ser herramientas útiles para rebajar la hostilidad local.

 

 

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