Carles Bagés :::: El Gobierno de la República de Armenia, presidido por Serzh Sargsyan, está decidido a cambiar el sistema político de Armenia con una nueva constitución que, entre otras cosas, cambiará el sistema de gobierno semi-presidencialsta por uno parlamentarista de nuevo tipo. Un sistema todavía no aplicado en las democracias europeas pero que será similar al que Mateo Renzi tiene la intención de implementar a partir del junio de 2016 en Italia. Este parlamentarismo se caracterizará por la posibilidad de buscar mayorías estables de gobierno en una segunda ronda en caso de que no sea posible conseguirla en una primera.

El mes de setiembre de 2013 el presidente Sargsyan anunció inesperadamente romper el acuerdo de asociación que tenía con la UE para definitivamente unirse al proyecto de la Unión Económica Euroasiática, el proyecto multilateral que une a diversas repúblicas post-soviéticas con la Federación Rusa. Justo después de esta decisión hizo pública su voluntad de crear una comisión para llevar a cabo una reforma constitucional. Aunque la comisión de Venecia del Consejo de Europa ha colaborado con recomendaciones valoradas por la comisión constitucional, el parlamento armenio se encuentra dividido.

Hemos hablado con Vahram Mkrtchyan, un diputado de la formación mayoritaria en el parlamento, el Partido Republicano de Armenia, que ostenta 70 diputados de 131. Según Mkrtchyan, después del 6 de diciembre habrá “una nueva Armenia”. Convencido de la victoria, aseguró que la futura constitución mejorará la defensa de los derechos humanos en el país. Asimismo, destacó que la primera constitución de 1995 supuso un primer paso democratizador, y que la de 2005 mejoró sensiblemente, pero que ahora habrá un avance sustancial, señalando la separación de poderes como principal adelanto, ya que en la nueva carta magna el Presidente perderá protagonismo en la elección de los jueces. Lo más innovador será, para Mkrtchyan, la aplicación de un parlamentarismo de segunda vuelta para asegurar mayorías estables. Añadió, además, que Armenia no se puede permitir una “cohabitación” en la dirección del país, que sí puede darse en el sistema semi-presidencialista. “Tenemos un conflicto con Azerbaiyán”, nos dice, “y necesitamos gobiernos estables para no debilitar la acción de la República”.

En la calle la reforma constitucional es vista con indiferencia por una parte de la población, pero también han aparecido sectores contrarios que intentan sensibilizar a la opinión pública de los peligros que supondría una reforma constitucional de este tipo. No olvidemos que Armenia se encuentra en dificultades económicas por diversas razones, entre ellas por la influencia de la Federación Rusa, que alberga a muchos trabajadores armenios. Según el Banco Mundial los envíos de dinero de Rusia suponen el 20% del PIB de Armenia, pero con la crisis del país las remesas se han reducido notablemente. Además, alrededor de un tercio del país vive en situación de pobreza y más de una quinta parte está en situación de desempleo.

Estos problemas económicos se vieron acentuados el pasado junio por el anuncio de la compañía eléctrica de incrementar un 17% su costo. Ante este hecho parte de la juventud armenia ocupó la principal arteria de Ereván, situada muy próxima al parlamento. La reacción del Gobierno fue agresiva, intentando dispersar a los manifestantes con cañones de agua y deteniendo a más de doscientas personas. Pese a ello, los jóvenes volvieron a ocupar el lugar.

Las protestas iban dirigidas contra la corrupción de los propietarios rusos de la compañía eléctrica, indignados por tener que pagar su mala gestión. Por un momento se pensó que podía ocurrir una especie de “maidan” en Armenia. Finalmente, el presidente Sargsyan anunció que la compañía eléctrica pasaría a manos de un propietario armenio, Samuel Karapetyan, y además se haría una auditoria externa del gasto. El Presidente prometió a los manifestantes que los posibles aumentos de la factura serían pagados por el Estado. y progresivamente la protesta se desactivó.

Por lo que respecta a la observación de los procesos electorales que han tenido lugar en el país, organismos como la OSCE han documentado irregularidades en pasados comicios. El propio Sargsyan llegó al poder en 2008 después de multitudinarias protestas en la calle encabezadas por el líder opositor Petrosyan, que provocaron disturbios y terminaron con diez muertos y la declaración de la ley marcial en Ereván durante un mes. Tras esta crisis política se llegó a un acuerdo con parte de la oposición para no repetir las elecciones y declarar como vencedor -y presidente de la República- a Sargsyan.

A este respecto hemos hablado también con un responsable de Transparency International, Armen Grigorian, que nos explicó la voluntad de esta organización internacional de colocar observadores en todos los colegios electorales. Grigorian indicó que hay razones más que plausibles para pensar en otra posible manipulación electoral. Según el activista, en aquellos colegios electorales en donde Transparency International ha tenido observadores el voto ha sido muy repartido. Por el contrario, en aquellos colegios en donde no se han podido colocar vigilantes la victoria del Partido Republicano ha sido abultada.

Grigorian es, igualmente, miembro destacado de una de las dos plataformas creadas para hacer campaña por el NO a la reforma. Este movimiento, llamado “No pasarán” (en español), está formado por diversos partidos políticos y movimientos sociales, así como cuenta con el apoyo de intelectuales, académicos, abogados y otros activistas políticos. Desde “No pasarán” se argumenta que el referéndum es una excusa para dar un giro autoritario a la política del país. “El presidente quiere perpetuarse en el poder”, afirmó Grigorian, “y con el sistema actual no podría presentarse una tercera vez”. También explicó que la segunda vuelta es un mecanismo para dar todavía más poder al partido del Gobierno, mientras que se disminuiría el peso relativo de las demás formaciones, ya que el partido que ganará en la segunda vuelta obtendría todavía más diputados en el Parlamento. La reforma constitucional, en palabras de los opositores, provocará una disminución de la calidad democrática armenia, ya que de las cinco elecciones que se celebran en la actualidad para elegir a sus representantes se pasaría a sólo dos.

El próximo domingo 6 de diciembre los armenios serán llamados otra vez a las urnas. De todo esto cabe destacar que los tres países más relacionados con Armenia, tanto por intercambios comerciales como por albergar a la diáspora armenia (Francia, Estados Unidos y Rusia) no han mostrado demasiado interés en el tema. El partido de Gobierno espera una victoria para sacar adelante su propuesta constitucional. La oposición estará pendiente del resultado, pero también de posibles irregularidades que puedan acontecer en la cita electoral. En Armenia existe una larga historia de manifestaciones post-electorales por acusaciones de fraude, y el presidente Sargsyan las conoce bien. El descontento de algunos sectores de la población por el desarrollo de la economía y la política del país podría otra vez más llevar a la gente a la calle para poner en duda la legitimidad de un Gobierno que lleva años siendo acusado de corrupción por diversos sectores del mundo armenio.

Anuncios