Marta Ter :::: El pasado mes de abril, el ministro de Exteriores ruso Serguei Lavrov declaraba que «El Estado Islámico es el principal enemigo de Rusia», y recientemente el Presidente Putin afirmaba que la única forma de luchar contra el terrorismo internacional es destruirlo dónde se encuentre, y no esperar «a que vuelva a casa».

En realidad, el Kremlin tiene motivos para estar preocupado ante el auge del Estado Islámico y otros grupos yihadistas en Siria. De los aproximadamente 23.000 extranjeros que combaten en las filas del ISIS y de otras organizaciones extremistas, se estima que cerca de 2.200 son ciudadanos de la Federación Rusa, provenientes mayoritariamente del Cáucaso Norte.

Los primeros yihadistas norcaucásicos llegaron a Siria en 2012. Al principio se integraron en un mismo grupo, Jaish al-Muhajireen wal-Ansar, cercano al frente Al-Nusra (rama de Al Qaeda en la zona). Con el tiempo este grupo ha sufrido diversas escisiones y, en la actualidad, encontramos a yihadistas rusos luchando con el Estado Islámico, con Al-Nusra, y en batallones formados básicamente por norcaucásicos que actúan por su cuenta bajo la bandera de la yihad.

Este flujo de combatientes hacia Siria e Irak ha tenido, hasta la fecha, un impacto positivo para la seguridad en territorio ruso: el Emirato del Cáucaso, el grupo terrorista local de corte yihadista, se ha fracturado y debilitado. Buena parte de sus comandantes han pasado a jurar lealtad al ISIS, algunos combatientes han partido hacia Oriente Medio y, en consecuencia, el número de víctimas debidas al yihadismo en Rusia ha disminuido drásticamente respecto a años anteriores.

Así las cosas, Moscú decidió el pasado 30 de septiembre intervenir militarmente en Siria a petición del gobierno de Al Assad para combatir al Estado Islámico. El Presidente Putin aceptó y, en una reunión mantenida con Assad en el Kremlin, subrayó que uno de los motivos para apoyar a Al Assad frente al Estado Islámico era evitar que los combatientes rusos que ahora están luchando en Siria regresen a Rusia.

Sin embargo, si observamos cuáles han sido los principales objetivos bombardeados por la aviación rusa, resulta que han sido principalmente posiciones de las fuerzas del Ejército Libre Sirio y, en menor medida, del Frente Al Nusra. El Estado Islámico también ha sido castigado por la aviación rusa, pero de forma prácticamente anécdotica. Este hecho conduce a pensar que, aunque sin duda la lucha contra el EI y otros grupos yihadistas sea uno de los motivos de la intervención rusa en Siria, no sea el principal.

Posiblemente el principal propósito de Moscú sea evitar el derrocamiento del régimen de su aliado Bashar Al Assad. Otros objetivos que el Kremlin podría perseguir es consolidarse como una pieza clave en la lucha contra el terrorismo internacional, y pasar a ser considerado un aliado de occidente. Y, finalmente, lograr un papel relevante en la nueva configuración que pueda construirse en Oriente Medio a corto-medio plazo. Para Moscú, que Assad acabe o no saliendo del poder no es un problema en sí. El problema sería perder influencia en esta zona estratégica ante otros actores globales como Estados Unidos.

De cara a la opinión pública rusa, la narrativa mediática sobre la intervención en Siria, extendida por todos los canales afines al Kremlin, ha sido repetir que es necesario acabar con el terrorismo en Siria, para no tener que enfrentarse posteriormente con él en Rusia. Y de paso, subrayar que Rusia vuelve a entrar con fuerza en la escena internacional, que cuestiona y planta cara a las políticas de occidentales que quieren derrocar a Al Assad, que vuelve a ser un hegemón no ya regional, sino global.

Sin embargo, la catástrofe del avión Airbus 321 siniestrado sobre la península del Sinaí, en que perecieron 224 personas, y la reivindicación por parte del Estado Islámico de haber derribado el avión, podría desbaratar esta narrativa. La sospecha que la tragedia del avión ruso podría haber sido causada por un ataque terrorista ha llevado al presidente ruso Vladímir Putin a interrumpir todos los vuelos de las compañías rusas a Egipto y a ordenar la repatriación de los ciudadanos rusos que allí se encuentran.

Por otro lado, ayer el Estado Islámico publicó a través de su canal de propaganda en ruso, Furat Media, un vídeo en el que amenazaba a Rusia con “verter océanos de sangre”, y señalaba Moscú como un lugar en el que “muy pronto” podrían haber ataques. Este vídeo por sí solo no significa que el Estado Islámico tenga la capacidad de atentar en Rusia pero, en todo caso, su campaña de terror ha empezado a centrarse en ese país.

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En este sentido, si la hipótesis del atentado en el avión se confirma y con las amenazas actuales del Estado Islámico contra Rusia, parece que la operación militar rusa en Siria esté consiguiendo el efecto contrario al deseado, es decir, que el terrorismo yihadista “vuelva a casa” antes de lo previsto.

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