Ana Sánchez Resalt :::: Desde la desintegración de la URSS, los sucesivos presidentes de la Federación Rusa (repasemos por orden de aparición: Borís Yeltsin, Vladímir Putin con forma de Yeltsin, Putin en cuerpo y alma y, finalmente, su temporal transmutación en Medvédev) han luchado por definir la identidad del pueblo ruso, por reconstruir o rediseñar su memoria. La incansable batalla de Rusia por defender su puesto en la liga de grandes potencias mundiales ha provocado que el cambio de discurso oficial sea relativamente frecuente, pero siempre en una misma dirección conservadora y con cada vez más oscuros tintes imperialistas.

La Revolución de Octubre de 1917 puso a la URSS al frente de un proyecto único (utópico e inacabado) mundial, que cambió y modernizó radicalmente al país y a su gente, aunque fuese a consta de las penurias del pueblo y las vidas de millones de soviéticos que, abducidos, convencidos o constreñidos por las ideas expelidas por maquinaria propagandística de los bolcheviques, acompañaron al Gobierno en la construcción del Estado socialista y del “nuevo” individuo soviético.

La Revolución fue mitificada y recordada con grandes festejos durante los años de existencia de la Unión Soviética, pero se convirtió en un punto conflictivo en la memoria de los rusos y entre las distintas facciones políticas tras su desmembración. Hemos mencionado en más de una ocasión las tres tradiciones “sagradas” para los rusos señaladas por Christel Lane: la Revolución, el Trabajo y la Gran Guerra Patriótica. Las dos últimas aún siguen vigentes, pero ¿qué pasa con la Revolución? ¿Por qué parece que intentan hacerla desaparecer del imaginario del ruso actual? La respuesta es bastante lógica, dada la deriva imperialista y cuasi dictatorial del actual Gobierno ruso –y con “actual Gobierno” nos referimos al de los últimos 15 años-: la Revolución es un acontecimiento fuertemente connotado ideológicamente y un determinado y minoritario sector político e ideológico podría apropiarse de la celebración con facilidad. Era necesario, por lo tanto, encontrar un nuevo evento histórico relevante que poseyera un carácter más “unificador”, más “neutro”, para incluir en la lista de fechas dignas de celebración en Rusia.

¿Qué celebran los rusos en noviembre?
Entre 1918 y 1994, la Revolución de Octubre de 1917 se conmemora con el “Día de la Gran Revolución Socialista de Octubre” (1). En 1995 se produce un cambio significativo; ese año ya no se festejan los acontecimientos de octubre de 1917, sino el desfile militar que tuvo lugar en 1941 en la Plaza Roja de Moscú con motivo del 24 aniversario de la Revolución. En otras palabras, se celebraba que se celebró un desfile en el que se recordó con gran boato lo que ocurrió en Octubre de 1917 (2). Bravo.

Desfile 7 noviembre 1941. Plaza Roja. Moscú
Desfile del 7 noviembre de 1941 para celebrar el 24 aniversario de la Revolución. Plaza Roja. Moscú

El presidente Borís Yeltsin, al que cabe recodar tanto le gustaban los bailes espasmódicos y el vodka en vaso de pinta, fue el que en 1996 comenzó con la dinámica de cambios en la búsqueda del correcto encaje de la Revolución en el imaginario de los rusos modernos. Por decreto presidencial estableció que en 1997 se dejara de festejar el ascenso al poder de los bolcheviques para celebrar el “Día de la concordia y la reconciliación” (“Den’ soglasiya i primireniya”). Aunque la orden destacaba que la Revolución había influido “de manera radical en el destino de nuestro país”, también reconocía que la fecha era motivo de enfrentamientos. Para evitar tales enfrentamientos y “con el objetivo de la unidad y la consolidación de la sociedad rusa”, el 7 de noviembre pasaría a celebrarse el “Día de la concordia y la reconciliación”, mandando a Lenin, Trotsky y todos sus secuaces bolcheviques al baúl de los recuerdos soviéticos. Asimismo, establecía que los distintos órganos federales y autónomos, a partir de noviembre de 1997, habrían de tomar las medidas oportunas para reducir el número “de monumentos [dedicados] a las víctimas de la Revolución, de la Guerra Civil, de las represiones políticas, independientemente de su filiación política”.

El 24 de noviembre de 2004, en otro decreto presidencial firmado por el presidente Vladímir Putin, desaparece del listado de días festivos el 7 de noviembre y se incluye una nueva fecha: el 4 de noviembre, “Día de la Unidad Popular”. En esta jornada se conmemora la expulsión de polacos y lituanos de Moscú en 1612 por las fuerzas de las milicias rusas encabezadas por Kuzmá Minin, mercader-carnicero de Nizhni Nóvgorod, y el príncipe Pozharsky. Poco después de su hazaña, ambos personajes cayeron en el olvido. Cabe destacar en este punto, como detalle puramente anecdótico, que el camarada Stalin rescataría a Minin y Pozharsky del olvido ensalzándolos como “héroes nacionales” en el discurso que pronunció el día del desfile aquel de 1941 ¡Qué cosas!

“La guerra que estamos librando es una guerra de liberación, una guerra justa. ¡Que las imágenes heroicas de nuestros grandes ancestros, Alekandr Nevsky, Dimitry Dónskoi, Kuzmá Minin, Dmitri Pozharsky, Aleksandr Suvórov y Mijaíl Kutúzov, os inspiren en esta guerra!” (3).

Pero los rusos, ¿aprecian más el significado de la Revolución o de la liberación de Moscú?
En una encuesta publicada en diciembre de 2014, del Fondo de Opinión Social  preguntaba a los rusos por los 10 acontecimientos que consideraban más importantes en la historia del país. El 86% de los encuestados citaron en primer lugar la Victoria de la Gran Guerra Patriótica. En segundo lugar situaron el primer vuelo de una persona al espacio en 1961 (67% de los encuestados); el tercero lo ocupó el “bautismo de la Rus” (la introducción en el país del cristianismo como religión estatal), mencionado por un 66%, aunque sólo un 16% supo decir que ocurrió en el año 988; y en cuarto lugar, un 66% de los encuestados destacó la Revolución de Octubre como un hecho importante para la historia de Rusia (4). La liberación de Moscú, es decir, la fiesta del “Día de la Unidad Popular”, es mencionada por un 20% de los encuestados y ocupa el decimoquinto lugar en acontecimientos relevantes para la historia rusa, según esta encuesta.

Los Románov vuelven a escena
Ahora que se acerca la fecha de la celebración del “Día de la Unidad Popular” y del recuerdo público -pero sin celebración estatal oficial- de la Revolución, salta una nueva, rocambolesca y fascinante idea para el festejo y regocijo nacional: el diputado de la asamblea legislativa del óblast de Leningrado, Vladímir Petrov, ha propuesto recuperar como festivo el 7 de noviembre para conmemorar… ¡el Día del recuerdo de la dinastía Románov! ¡Paradojas de la vida! Celebrar el día que enterraron a los Románov –metafóricamente, aunque ya tenían media cabeza en el hoyo desde la Revolución de Febrero- que los Románov existieron. De nuevo, bravo.

Según contaba el diputado al periódico Izvestiya, “los acontecimientos de Octubre de 1917 no son positivos para el desarrollo histórico de Rusia”; es más, Petrov considera que la Revolución fue “uno de los acontecimientos más destructivos de la historia mundial desde los tiempos de la caída del Imperio Romano o Bizancio”. Justifica su propuesta del “Día de los Románov”, que ha remitido al primer ministro Dmitri Medvédev, apuntando que ha llegado el momento de la “superación de contradicciones políticas e históricas” y del diálogo armónico. Además, los Románov han sido foco de atención mediática en los últimos meses por diversos motivos. En primer lugar, “la sociedad discute la posibilidad del regreso al país de los descendientes de la familia Románov de la emigración y la atribución, por este motivo, de un estatus legal para ellos”; en segundo lugar, varios historiadores han estado discutiendo últimamente “sobre la legitimidad del acta de renuncia al trono de Nicolás II” (tras la Revolución de Febrero, el 15 de marzo de 1917); y, por último, actualmente se está procediendo a la identificación definitiva de los supuestos restos de dos de los hijos del zar, el tsesarévich (heredero al trono) Alekséi y la princesa María (5), para poder ser enterrados junto al resto de su canonizada familia en la Iglesia sobre la Sangre de Ekaterimburgo (construida sobre la “Casa Ipátiev”, donde estaba el sótano en el que fueron asesinados el 17 de julio de 1918).

Familia imperial rusa, 1911
Familia imperial rusa, 1911

Lo que subyace a estos debates sobre la celebración o no de ciertos hechos históricamente relevantes para Rusia es, entre otras cosas, el latente conflicto sobre la identidad rusa/soviética y el continuo proceso de construcción y reconstrucción de los imaginarios de los ciudadanos rusos. La memoria es frágil y selectiva y la utilización interesada de la historia es una herramienta de la que se han servido todos los gobiernos (y de la que el ruso ha hecho un uso torpemente evidente) con el fin de infiltrar determinados valores o ideas en el imaginario de la ciudadanía. En cualquier caso, quizá sería útil no olvidar que buena parte de lo que son ahora los ciudadanos de la Federación Rusa se lo deben a que una vez dejaron de ser rusos por un tiempo para convertirse en soviéticos allá por 1917, y a que probablemente tengan más vínculos con Lenin que con Nicolás II, aunque este sería un debate que daría para 150.000.000 páginas.

Resumiendo, hace más de 10 años que no es festivo el día en que los bolcheviques entraron en el Palacio de Invierno y se hicieron con el poder. Durante años se festejó este histórico suceso, luego se le cambió de nombre para seguir celebrándolo, para finalmente olvidarlo y conmemorar el día de la “concordia y la reconciliación”, primero, y de la “unidad popular”, después. Tal vez los rusos sólo buscan un festivo para noviembre que agrade a todos y nosotros estamos sacando las cosas de quicio… Sin embargo, parece que la unidad, la reconciliación y la concordia son temas que atenazan al Gobierno ruso, que con sus discursos no hace sino atentar, precisamente, contra tales ideales.

En un intento por evitar conflictos venideros, nosotros proponemos que el día 7 de noviembre se celebre el “Día de Rasputin”, que caía igual de mal a los bolcheviques y a muchos nobles del final de la dinastía de los Románov, que tiene una fantástica canción, barba de hípster y que, además, dicen, tenía muchas admiradoras.

–NOTAS–

1) Hasta 1992, esta celebración suponía dos días de vacaciones: 7 y 8 de noviembre. A partir de 1993, se quedaría sólo en uno.

2) El desfile, además de celebrar la Revolución, tenía otros objetivos propagandísticos. Unos meses antes, Alemania había iniciado la invasión de la URSS. Moscú estaba siendo acosada por las tropas nazis desde principios de octubre y la población comenzaba a temer una pronta caída y posterior abandono de la capital rusa a manos de los invasores germanos. Para contrarrestar el bajo estado de ánimo y la falta de confianza en la victoria de la población, Stalin decidió, tras consultar con el mariscal Gueorgui Zhúkov, que se celebrase la parada como todos los años desde 1918, en una demostración de valentía y desafío hacia el enemigo. El acontecimiento buscaba el enardecimiento del ánimo de la población y los soldados, y supuso también una despedida comunal de los combatientes que partieron hacia al frente, además una muestra del “poderío” armamentístico del Ejército Rojo.

3)En realidad fue Mijaíl Lomonósov en el siglo XVIII, fundador de la Universidad Estatal de Moscú, quien recuperó por primera vez a estas figuras. Catalina la Grande encargó a Lomonósov que reuniera una serie de cuadros para decorar su palacio. Con este fin, el fundador de la Universidad Estatal Rusa elaboró una lista de temas históricos que habrían de tratar los pintores que quisieran que sus cuadros se colgaran en palacio. Entre esos temas se incluía la liberación de Moscú.

4) A estos cuatro acontecimientos les siguen, por orden de importancia según esta en encuesta, la desintegración de la URSS, recordada por un 61%; la batalla de Borodinó de 1812, con un 51%; la batalla de Kulikovo de 1380 entre tártaros y mongoles contra rusos en el Don – liderada por el príncipe Dmitri Dónskoi, que también menciona Stalin en el discurso de 1941- con un 51%; la abolición de la servidumbre en 1861, citada por un 43% de los encuestados; el nacimiento del poeta Aleksandr Pushkin, con un 37%; y la fundación de Moscú, referida por un 30%. La masacre de la escuela de Beslán ocupa el puesto 12 y es citado como acontecimiento importante en la historia de Rusia por un 26% de los encuestados. Reseñable es la no aparición en este listado de la Primera Guerra Mundial o de la Guerra Civil, pero sí la revuelta campesina de Pugachov, la fundación de la Universidad de Moscú o la reforma agraria de Stolypin.

5) La periodista Nieves Concostrina habla de los procesos de identificación y de las numerosas pruebas de ADN a las que han sido sometidos los restos de estos descendientes y del resto de la familia Románov en el programa “Hoy por Hoy” de RNE.

Anuncios