Adrián Tarín :::: Xavier Colás es el hombre de El Mundo en Rusia y en el antiguo espacio soviético. Testigo de los últimos acontecimientos en Ucrania desde Maidán hasta el conflicto en el este, en Observatorio Eurasia hablamos con el corresponsal de la actualidad en la región.

Recientemente han visto la luz dos informes acerca del ataque al vuelo de Malaysia Airlines MH17, uno holandés y presentado como arbitrio internacional, y otro elaborado desde Rusia. Al parecer, en algunos casos presentan conclusiones diferentes. Aun así, la mayoría de los medios de comunicación han concedido mayor credibilidad al primero de los informes, y coinciden mayoritariamente en afirmar en que Rusia (o los “pro-rusos” del este) es responsable del incidente. ¿Qué es lo que exactamente expone el informe?

Lo más importante del informe es que establece que fue un misil Buk, de fabricación rusa, el que derribó el avión. Y lo hace con pruebas concluyentes. Como los medios llevamos meses diciendo que se trata de un misil Buk, parece que el informe aporta poca cosa. Pero conviene recordar que desde Moscú se había jugado con diversas teorías para condenar a Ucrania: el intento de magnicidio (los ucranianos disparando contra lo que creen que es el avión del presidente Putin) y la conspiración (un caza derribando el avión para culpar a los separatistas). Todo eso era mentira, pero por alguna razón se dijo.

Desde el lado ruso se indica que el hecho de que el misil empleado (BUK) sea de construcción rusa no significa que el ataque haya sido realizado desde Novorrosia, ya que Kíev también podría tenerlos. Del mismo modo, en RT se rescató una información anterior que incluía el testimonio de uno de los fabricantes de misiles BUK en Rusia, indicando que éste dejó de ser fabricado en Rusia en 1999. En añadidura, los medios rusos titulan que el informe demuestra que fue lanzado desde áreas controladas por Kíev. ¿Cómo contesta el informe holandés a estas cuestiones?

El informe holandés establece un área muy amplia y no dice quién disparó. Habrá una investigación criminal y en 2016 una conclusión. La participación de Rusia en la guerra ucraniana ha sido opaca desde el principio. Y con falsedades desde el minuto uno, como cuando desplegó sus soldados en Crimea vistiéndolos con uniforme sin bandera. Después admitió que eran suyos. Rusia no puede reconocer que los separatistas tiraron el misil, y esto ya es de por si elocuente: admitirlo sería admitir que subvencionan esa guerra.

En última instancia, ¿nos encontramos en la misma posición que antes de la publicación de los informes? Las acusaciones siguen siendo cruzadas y las posiciones anteriores salen reforzadas. Más aún cuando no se plantea la asunción forzada de responsabilidades…

El bando separatista ha estado dirigido por mandos rusos, cercanos a los servicios de inteligencia. Igual que los Buk, eran militares que Rusia “ya no usaba” dentro de su ejército, pero sin embargo sí les valían para una guerra híbrida, con mercenarios locales (de Ucrania) y recursos estatales (de Rusia). Las personas tienen nombre, familia y domicilio. Los misiles no. No creo que la investigación criminal dé con unos culpables. Pero hallará indicios en el lado separatista, que era el interesado en disparar al cielo. Y en el lado ucraniano no hallará gran cosa, porque su tarea fue atacar las ciudades y las vías de comunicación (con gran coste de vidas de civiles, como acertadamente se ha criticado)

En un tweet afirmas que “ojalá en el 11-M el Gobierno hubiese mostrado el tacto y la diligencia que las autoridades holandesas han tenido con los familiares” del accidente de avión. ¿A qué te refieres exactamente?

En el caso holandés las víctimas fueron informadas antes que nadie y los holandeses pusieron en marcha una investigación independiente. Holanda es un país que ama las leyes, que cree en la investigación. En España se hizo política desde el primer momento con la autoría, con el consiguiente dolor y desazón en todos los sectores de víctimas.

En otro orden de cosas, se conoció también que el gobierno ucraniano había identificado a personas vinculadas a Svoboda como partícipes de los actos criminales cometidos el fatídico “jueves negro”, en febrero de 2014. Para algunos resulta extraña esta acusación, ya que muchos de los asesinados aquel día pertenecían al partido, y se habla de una posible represalia contra Svoboda por el asesinato el pasado agosto de cuatro policías que custodiaban la Duma tras el lanzamiento de un objeto explosivo, y que es atribuido a la formación nacionalista.

Yo estaba en la plaza aquel día y lo único que puedo decir es que fue un trabajo de francotiradores. Esos chicos que vi muertos no llevaban chaleco antibalas, y tenían casi todos un agujero de bala en la cabeza, en el cuello y en algún caso en el hombro. Era un trabajo fino hecho para matar, no era la policía defendiéndose. No me sorprendería que fuese alguien desde el lado de los que protestaban; o incluso desde el del gobierno, intentando radicalizar la situación.

Svoboda es un partido extremista castigado por los votantes. Fue útil durante el Maidan pero ahora el gobierno quiere librarse de ellos. Ésta puede ser una manera pero, como a todos los nacionalistas, cualquier acoso les vendrá bien.

¿Tiene la impresión de que, como ha sucedido en otras ocasiones y contextos, el actual gobierno ucraniano ha alimentado a la extrema derecha –por ejemplo durante el Maidán y durante el gobierno de transición- para alcanzar el poder político y que ahora puede estar pagando las consecuencias?

Durante el Maidán cooperó con un partido de extrema derecha, pero las elecciones pusieron a todos en su sitio. Ahora paga las consecuencias de haber disuelto cuerpos policiales y haber dado la espalda a una parte del país, que confiaba en Yanukovich. Los camorristas de Pravy Sektor han aprovechado el momento en la calle, pero políticamente les ha ido fatal. El estado ucraniano es débil a la hora de imponerse y de eso se benefician prorrusos y nacionalistas.

Otro asunto de actualidad es la intervención militar rusa en Siria. En los últimos días, tanto el Frente Al-Nusra como el Daesh han realizado un llamamiento a la yihad contra Rusia, animando a los musulmanes a atentar dentro de las fronteras de la Federación. ¿Pueden los bombardeos reactivar la insurgencia en el Cáucaso Norte?

Pueden reactivarla y en Moscú se notan más medidas de seguridad en sitios como el metro. El terrorismo es muy cobarde, y puede dar una sorpresa a cualquier gobierno. Pero tengo bastante confianza en la capacidad de Putin de neutralizar a los terroristas y mantenerlos lejos de las ciudades. Otro asunto son ciertos territorios donde el Kremlin no tiene los resortes necesarios para podar antes de que crezca o tiene medios ilegales que se pueden volver en su contra.

¿Hasta qué punto es realidad y hasta qué punto es discurso la imagen que ofrece la Rusia actual de combatiente contra el terrorismo internacional?

Es en buena medida una imagen falsa. Rusia está protegiendo a Asad por algunas razones buenas y otras malas: teme un caos como el de Irak si cae el gobierno, pero sobre todo no quiere perder un aliado en la zona ni sus bases junto a la costa. Y además, quiere demostrar a EEUU que no es el dueño del mundo. Ya se lo enseñó en Ucrania y ahora, más lejos de casa, Putin lo ha vuelto a hacer.

En diferentes sectores ideológicos pero unidos por su crítica a la política exterior estadounidense, Putin podría estar consiguiendo situar a Rusia a la vanguardia de las relaciones internacionales y solapando, contra todo pronóstico, a Estados Unidos como director de la política internacional mundial. ¿Qué opinión le merecen estos análisis?

Sin duda es cierto. Rusia está siendo y será un actor principal en la política mundial. Es una potencia regional, no mundial, pero su región es clave. Rusia debe ser tenida en cuenta, el problema es que en algunos casos Moscú está copiando lo peor de EEUU. Además, como su democracia es de tan mala calidad, el escrutinio del gobierno es nulo y eso convierte la política exterior y de defensa en un peligro potencial.

Para finalizar, ¿cree que entre los medios de comunicación españoles existe una “rusofobia” cultural o una tendencia hacia la crítica a Putin más influida por su imagen como enemigo de occidente que por condiciones objetivas de su política?

Sí. Existe una cierta fascinación y al mismo tiempo un rechazo de origen a muchas decisiones y realidades de Rusia. Hay varias causas, pero una de ellas es que se exige mucho a Rusia, pues se le considera un estado Occidental, que ha enterrado la dictadura del comunismo y que comparte unas raíces comunes con Europa por la influencia cristiana y algunas ideas políticas. La verdad es que no ha enterrado nada y que no es totalmente occidental, pero nada de lo anterior es falso.

La casta, la corrupción y la opresión política que hay en Rusia no tienen justificación. Entre los occidentales que tratan de defender a Putin rutinariamente en todas sus facetas hay con mucha frecuencia gente que apoya al gobierno ruso minusvalorando al país que lo padece: se trata de gente que piensa que en Cuba, China o Irán se vive bien, que los rusos tienen más libertad de la que necesitan, que Rusia “es como es y no puede cambiar” o que hace falta mano dura para controlar estas tierras. Son punto de vista que con frecuencia no admiten dentro de su país, donde el umbral de dolor es otro. En realidad la potencialidad de cambio en Rusia, como hemos visto en los últimos 20 años, es muy alta. Es un país culto y en buena medida desarrollado, con desequilibrios y e impulsos autoritarios como los tuvo España durante la II República. España salió de esa situación al cabo de los años y Rusia también saldrá. El ansia de libertad y de mejorar de la gente puede más que cualquier sistema, pero la biología corre en contra nuestra porque las élites retrasan el cambio todo lo que pueden, y desde abajo las cosas parece que se mueven muy despacio.

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