Adrián Tarín :::: Ricardo Marquina Montañana tiene el honor de haber realizado uno de los documentales más completos sobre el actual conflicto ucraniano, con la única intención de discutir, fuera de trincheras, los acontecimientos más polémicos. De forma coral, diferentes periodistas analizan el Maidan, la constitución del nuevo poder político en el país, la anexión de Crimea, el referéndum en el Este o la guerra, entre otros asuntos. Ucrania: el año del caos (2015), es un recomendable manual para derribar mitos, pero que difícilmente veremos en televisión. En Observatorio Eurasia charlamos con su autor.

En este “año del caos”, ¿algo de lo que ha sucedido ha sido legal o legítimo?

Básicamente todo comienza por una toma violenta del espacio público, de edificios públicos y de instituciones por manifestantes contrarios a Yanukovich, algo que ningún país de los que apoyaron dichas protestas habría aceptado en su territorio. La resolución violenta y la toma del poder fue claramente ilegal si nos atenemos a la constitución ucraniana. El gobierno surgido de Maidan llega al poder de una forma no legítima, con muchísimas lagunas legales, por más que se argumente que el factor decisivo fue la huida del presidente a Rusia. Había un acuerdo entre el gobierno y la oposición apoyado por Europa que quedó en papel mojado en 48 horas.

La anexión de Crimea también fue ilegal. No se puede hacer un referéndum en una semana y con un ejército extranjero desplegado por el territorio. Pese al abrumador apoyo de la población a la unión con Rusia, formalmente el referéndum fue una farsa.

En Dombás el referéndum realizado en los territorios controlados por los separatistas no puede tener valor jurídico. No lo convocaron las autoridades legítimas, no había censos, no había seguridad jurídica de ningún tipo.

Entrada ya la guerra, las ilegalidades criminales del ejército ucraniano han sido muchas. Detenciones extrajudiciales, asesinatos, bombardeo indiscriminado de zonas civiles… Evidentemente el lado “pro ruso” ha cometido sus atrocidades, pero no juegan a presentarse como un país democrático donde impera la ley y la justicia.

Revisando el documental ucraniano Maïdan, una cinta sin “voz en off” que recoge diferentes momentos de la acampada en la plaza, da la impresión de que, aunque en sus inicios las manifestaciones fuesen más heterogéneas, siempre hubo una presencia permanente y extendida del conservadurismo. En cada plano aparecen banderas nacionales o nacionalistas, o se escuchan rezos o himnos patrios. ¿Fue Maidan, entonces, una contrarrevolución?

 No fue ni una contrarevolución ni una revolución. Las revoluciones cambian todo, en Ucrania no ha cambiado nada. Por mi experiencia, Maidan fue un movimiento liberal (en el sentido amplio de la palabra) que fue mutando a una revuelta armada nacionalista según se enconaban las posiciones.

Si consideramos Maidan conservador y contrarevolucionario, también lo es lo sucedido en Crimea y Dombas, donde no faltan estandartes con Cristos y banderas del Imperio ruso. Ni en Ucrania ni en Dombás hay “izquierda” alguna, es una lucha entre dos nacionalismos agresivos, conservadores y excluyentes

Por qué, a tu juicio, no se ha generado una postura férrea en Occidente ante la falta de asunción de responsabilidades por la matanza de Odesa, el derribo del avión de Malasya Airlines o los ataques a civiles del Este con proyectiles ucranianos?

Estos tres puntos son muy diferentes entre sí:

1-Odesa: El no pronunciamiento, o escaso en el mejor de los casos, es una vergüenza intolerable para Europa y EEUU. Se trata de la mayor matanza de civiles en suelo europeo desde las guerras balcánicas. Fue un crimen horrible contra simpatizantes de Rusia cometido por los que Europa señalaba como “luchadores por la libertad”. Aquella matanza destapó, para muchos, el carácter real de los grupos ultras ucranianos.

2-MH17: Es muy complicado saber qué pasó. La lógica dice que fueron los “pro rusos”. Ya habían derribado varios aviones y poseían ese tipo de armamento. ¿Podría haber sido Ucrania? Sí. La investigación está en curso, no se si sabremos la verdad.

 3-Bombardeo sobre civiles: Los gobiernos europeos no han pedido explicaciones, no al menos públicamente, del castigo constante, durante meses, a los que las fuerzas ucranianas han sometido a la población. No hay duda alguna que el ejército ucraniano ha matado muchos civiles de manera injustificable. Así que no hay excusa para no criticar a Kíev por ello y a los países que la apoyan.

Dicho esto, los rebeldes han matado muchos civiles y han arrasado zonas civiles, y tampoco Rusia los ha criticado. Es más, en Occidente puedes encontrar medios que cuentan los desmanes ucranianos. En todos los medios con los que trabajo he dejado muy claro la culpabilidad de  Kíev, y me consta que muchos compañeros también. En cambio, en Rusia, donde vivo ya hace 8 años, no hay ni rastro de los abusos de los rebeldes. Todo lo malo que sucede en Ucrania es única y exclusivamente culpa de Poroshenko y Obama, y eso no es así. Es una guerra, no hay buenos, son todos unos canallas.

¿Qué sucede en España para que los movimientos antifascistas apoyen Novorrosya mientras que sus pares rusos denuncian una campaña imperialista del Kremlin en Ucrania?

No solo movimientos antifascistas, también fascistas. La propaganda rusa ha funcionado de manera asombrosa, ha unido a antifascistas y a fascistas en una sola causa. Así encontramos en batallones de extranjeros a fervientes comunistas con falangistas, independentistas catalanes junto con nazis españoles, gente de Le Pen junto con bolivarianos. El factor unificador es la “lucha contra el imperio”, contra EEUU.

De todos modos insisto en la idea de que no hay izquierda en Ucrania. Los “pro rusos” son ultraderechistas, ultraconservadores, muchos de ellos imperialistas rusos, monárquicos, antiinmigración, antihomosexuales, violentamente retrógrados. Los antifascistas rusos saben muy bien quiénes son los que luchan por Novorrosya, por eso se desmarcaron hace tiempo.

¿Cómo calificarías la cobertura general del conflicto en Ucrania? ¿Por qué los medios de comunicación privados apuestan, por ejemplo, por formatos como En tierra hostil para explicar la situación, en lugar de por productos como el tuyo?

Formatos como En tierra hostil son para el público que son, es decir, cuentan una historia trepidante sin mayor fondo. Hay que decir que, aunque a mi me pareció muy pobre, el documental iba acompañado de una segunda parte que sí entraba en materia, mucho más lenta y que entraba en detalles del conflicto.

Mi documental no estaba pensado para televisión. De hecho, no estaba pensado para fuese emitido en ningún lugar. Hice el documental que me hubiese gustado ver de no haber estado yo allí. Desde el principio, desde que asomó la idea de hacer algo de largo formato, estaba convencido de que sería algo alejado de los cánones de la televisión.

En Ucrania: el año del caos se discuten los diferentes acontecimientos que han sucedido en el país desde que comenzaron las manifestaciones del Maidan. No obstante, ya existen otras películas que tratan de hacer algo similar, como la ya comentada Maidan o Maidan Generation. ¿Qué aporta de nuevo tu documental y por qué crees que es necesario?

No creo que mi documental sea necesario para nadie. Sólo traté de exponer, primero en español y luego subtitulándolo a otros idiomas,  un conflicto con mil matices, matices que se pierden en el trabajo periodístico diario, donde apenas contamos con un minuto para explicar temas de gran complejidad y que cuestan miles de vidas. Supongo que si era necesario para alguien, era para mí.

Me alegra mucho ver que salen más documentales al respecto, independientes o no, pero que aportan puntos de vista diferentes, nuevas imágenes, testimonios. Quien esté interesado en este conflicto puede acudir a estos documentales y, tras verlos, tener más herramientas con los que forjar su criterio. Mi documental es uno más.

En la cinta, los relatos son contados a través de multitud de voces. Sin embargo, ¿cuál ha sido el criterio para seleccionar a los periodistas que intervienen? ¿Por qué no se conocen, en la cinta, las coberturas ucranianas y rusas? Igualmente, algunos periodistas independientes, como Alberto Sicilia y Oleg Yasinsky, se encuentran ausentes.

 Por partes. El criterio era el siguiente: Periodistas o reporteros, o gente que estuviese allí trabajando como yo (que no soy periodista) y que hubiese vivido varias partes del conflicto, que conociese personalmente y que pudiese aportar conocimiento. Quería tener a “Marsupia” en mi documental, hablamos y él estaba de acuerdo. Por desgracia, su agenda y la mía, bastante trepidantes últimamente, lo impidieron.

Intenté tener también a reporteros de RT en mi documental. Pese a que Russia Today es una máquina propagandística, valoro mucho a sus reporteros. Hacen un gran trabajo, se esfuerzan en presentar información verídica, contrastada. Tuve la suerte de convivir con varios de ellos en diferentes momentos y merecen mi admiración, aunque luego su trabajo se diluya en la masa propagandística del canal. Por desgracia, la directora de RT en español vetó explícitamente cualquier colaboración con mi documental.

También contacté con Graham Philips, conocido activista de la información “pro rusa”. Pero no contestó a mis peticiones de participar en el documental. Pese a su evidente posicionamiento, el testimonio de Philips es valioso. Lástima que no quisiera compartirlo.

Aunque la tónica general de los comentarios que ha suscitado Ucrania: el año del caos ha sido favorable, algunos espectadores te acusan de reproducir el mensaje estadounidense por no enfatizar las supuestas complicidades entre Kíev y Occidente o la presencia de Blackwater en Maidan. Otros, sin embargo, creen que persigues el interés opuesto, por definir como ilegítima la toma del poder ucraniano tras las protestas o abordar los ataques militares contra civiles del Este por parte de Kíev.  Como periodista, ¿crees que debes sentirte orgulloso de recibir ataques de ambos bandos?

No me gustan las teorías conspirativas, las veo intencionadas y parciales. Por eso no se habla de ello. Si más adelante se confirman, que no se preocupen, que admitiré públicamente mi error.

Esta es una guerra sucia. A parte de los muertos, está la guerra informativa, y es un distintivo de nuestros días que mucha gente acude a los materiales informativos no a informarse, sino a ratificar su prejuicio. Yo animo a todos aquellos que critican trabajos como el mío a que elaboren sus propios materiales, a que aporten algo más, a que no se queden en la crítica y el insulto. La tecnología permite poder hacer materiales audiovisuales de manera muy accesible.

Creo que me he mantenido en una posición bastante equilibrada. Me limito a mostrar lo que veo con mi cámara, ni más ni menos. Mi documental no es benévolo con Ucrania, ni con los separatistas, ni con Rusia. Evidentemente, siempre habrá quien quiera no información, sino propaganda. Por desgracia tienen mucho para elegir. Y sí, me siento orgulloso de que me lluevan tortas por ambos lados. ¡Algo habré hecho bien!

Como sabes, en temas tan delicados como el conflicto de ucrania, siempre surgen sospechas sobre quién está detrás de la información producida. ¿Has contado con algún tipo de ayuda o financiación para realizar el documental?

No, desde un principio quise hacer el documental más honesto que pudiese. Por ello, decidí que sería de libre acceso, nadie pagaría por verlo (está en mi canal  de Youtube)y nadie pagaría por hacerlo, no habría más que mi esfuerzo y mi dinero. Así, todos los aciertos y los errores del documental son sólo míos. Un trabajo como este, si se hace por dinero o fama, va directo a la ruta de festivales, y si se hace por propaganda, va directamente a la televisión o cuenta al menos con un equipo de producción y un apoyo en las redes sociales. Mi documental sólo pretende aportar algo a quien tenga interés. Que se vea, se comente y circule es el mejor pago.

Para finalizar, ¿Qué perspectiva de futuro hay para la región? ¿Hay esperanzas para los pueblos de Ucrania?

Por la deriva de estos últimos meses me da la impresión de que se va a intentar articular algún mecanismo para que Dombás sea Ucrania, con una soberanía diferenciada. La otra opción es la unión con Rusia, que parece cada día más y más lejana. Por otro lado, Dombás es grande y poblado, no puede ser como Abjasia u Osetia. Aún así, el dolor causado es muy grande. A nivel emocional Ucrania ha perdido Dombás

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