Adrián Tarín :::: Oleg Yasinsky es pesimista en cuanto al futuro de Ucrania y Rusia. Cada vez que ofrece su opinión sobre el desastroso devenir de la región, añade un conciliador “aunque espero equivocarme”. Ucraniano de nacimiento y residente en Chile, este periodista independiente, que ha colaborado con medios alternativos como Rebelion.org o Diagonal, teme que los auspiciantes de las “revoluciones de colores” (en otras y generales palabras, Occidente) acaben imponiéndose en Rusia. Una Rusia cuyo gobierno, según Yasinsky, es “vulnerable como el de la Ucrania de ayer” y se apoya en la “oligarquía doméstica y en la amplia y corrupta burocracia estatal”. En Observatorio Eurasia conversamos con Oleg Yasinsky sobre Ucrania y sobre una Rusia cuyo pueblo está aún “muy lejos del poder”: “este es el verdadero peligro”, sentencia.

Desde hace dos años, Ucrania vive un periodo convulso iniciado, según la mayor parte de los analistas políticos, por la negativa de Víktor Yanukóvich a firmar los acuerdos de Asociación y Libre Comercio con la UE. No obstante, este suceso parece más la erupción que el origen del conflicto. ¿Cuál fue, a su juicio, el caldo de cultivo que desencadenó las manifestaciones de Maidán? ¿En qué situación política, de crisis latente, se encontraba Ucrania antes de noviembre de 2013?

Desde la declaración de independencia en 1991, Ucrania fue dirigida por gobiernos corruptos que se dedicaron a saquear los recursos económicos generados durante el periodo soviético, combinándolo con un discurso anticomunista y cada vez más nacionalista, así como prometiendo políticas y no cumpliéndolas. El nivel de vida en Ucrania caía de un gobierno a otro.
En este contexto, el ex-presidente Yanukóvich llevó al poder a su clan familiar, y su lucha por controlar también el poder económico llegó a ser una amenaza para los otros grupos oligárquicos nacionales, que durante gobiernos anteriores habían coexistido perfectamente con el gobierno. Yanukóvich claramente sobreestimó su capacidad de control, violó todas las reglas del juego y logró generar un amplio descontento no solo entre los ricos sino también dentro de la clase media y los pequeños empresarios, al desarrollar cada vez más altos niveles de corrupción en todos los poderes del Estado. Aparte de eso, el presidente Yanukóvich, durante su campaña de reelección, quería competir con la ultraderecha ya que, ingenuamente, creía que con un discurso antifascista iba a tener su reelección asegurada; por eso, su gobierno permitió la propaganda ultraderechista. Al final, la ultraderecha resultó ser más hábil y aprovechando el descontento general por las políticas antisociales del gobierno de Yanukóvich encabezó todas las protestas pacificas y no tan pacificas. Lo de la firma de los tratados de Asociación y Libre Comercio con la UE fue una excusa y una trampa a la vez… El resto de la historia se conoce.

En España, al calor de nuevos movimientos sociales como el 15M, las manifestaciones del Maidán fueron acogidas con simpatía. Tanto las élites –algo que puede comprobarse realizando un análisis de la cobertura de prensa de los principales medios españoles- como algunos activistas, envidiaron el arrojo con el que los ucranianos se enfrentaban a unas autoridades imaginadas como corruptas. ¿Qué hay de cierto y de erróneo en este marco conceptual que sitúa al Maidán como una lucha por la liberación de un pueblo sometido a la corrupción endémica del gobierno “pro-ruso” de Yanukóvich?

Inicialmente, sin duda, fue una lucha ciudadana contra la corrupción del gobierno. Una lucha genuina, ingenua y profesionalmente utilizada por los grupos económicos interesados en retomar su poder amenazado por el clan de Yanukóvich. Tampoco se podría decir que Yanukóvich era tan “pro-ruso” como lo pintan los medios: su imagen “pro-rusa” se debe más que nada a su origen, en la región de Donbass, donde prácticamente nadie habla ucraniano y todos hablan ruso; a su mayor cercanía a los grandes capitales rusos; y a la falta del componente nacionalista ucraniano en su discurso. En realidad, trataba de moverse entre Rusia y la UE para sacar el máximo provecho de ambas. Por otra parte, en Ucrania y en general en las repúblicas de la antigua URSS, siempre existió una percepción idealizada e ingenua de “Europa”, bastante comprensible desde el desastre económico y social generalizado tras la caída del modelo socialista.

Igualmente, otros sectores de la izquierda llamaron la atención de la infiltración, cuando no del origen, de elementos de extrema derecha en la médula del Maidán. Aunque hay quien ha señalado que se han sobrevalorado a estos agentes, ataques violentos como los de la Casa de los Sindicatos en Odessa (2014) o contra el Parlamento de Kíev (2015), parecen demostrar la peligrosidad de partidos como Svoboda o el Pravy Sektor. Del mismo modo, durante el Maidán era muy común observar banderas de la Organización de Nacionalistas Ucranianos, así como oír por los altavoces del campamento continuos rezos cristianos. ¿Qué papel ha jugado el conservadurismo y la extrema derecha en el Maidán?

Simplemente capitalizaron y encabezaron toda la protesta social, confirmando la antigua frase -no me acuerdo de quién- de que “en cada fascismo hay una revolución frustrada”. Después de la desaparición de la URSS, los medios “democráticos” instauraron en todas sus repúblicas, no solo en Ucrania, un discurso extremadamente anticomunista, “pro-libre mercado”, muy parecido a los discursos ideológicos de las dictaduras latinoamericanas de los 70. El pueblo, históricamente excluido de la participación política desde del modelo stalinista del socialismo soviético, cayo en esta trampa como una presa fácil. Como las ideas de izquierda en el país fueron prácticamente destruidas por los medios, el único espacio de participación política existía solo a la derecha del centro, y la ultraderecha resultó ser la fuerza más activa, ideologizada y organizada. El tradicional Partido Comunista de Ucrania fue profundamente oportunista y llego a ser parte del gobierno corrupto de Yanukóvich, desprestigiando aun más el discurso de la izquierda.

Parece, también, evidente que organizaciones transnacionales occidentales, como la OTAN o la UE, apoyaron activamente las manifestaciones del Maidán, sin importar que elementos de la extrema derecha estuviesen a la vanguardia de la resistencia violenta. Aunque sería injusto vincular orgánicamente al actual presidente Petró Poroshenko con el fascismo ucraniano, no sería extraño afirmar que está en el poder gracias al apoyo de Occidente, a la inestabilidad causada, al menos en parte, por la extrema derecha, y al voto popular de las elecciones de 2014. Pero, ¿qué riesgos corre Poroshenko y la UE por haber dado alas durante meses al ultranacionalismo? Algunas consecuencias las hemos visto recientemente tras el ataque con explosivos al Parlamento de Kíev.

Puedo equivocarme, pero me da la impresión que Occidente, y sobre todo el Departamento de Estado de los EEUU, está desilusionado con el actual gobierno de Kiev por su total incapacidad de controlar la situación en el país. Tal vez ellos buscaban un Pinochet ucraniano. Pero estamos frente a un gobierno extremadamente débil, improvisador y muy poco coherente en sus proyecciones políticas. Hay un claro conflicto entre diferentes grupos de fascistas y neoliberales, que ayer fueron la vanguardia del golpe cívico en Ucrania. Este conflicto claramente tiende a agudizarse. Creo que ni a la UE, ni mucho menos a Rusia, les conviene un caos armado en el corazón de Europa y en sus fronteras. Pero para el gobierno de Kiev esta guerra es un gran negocio, y a la vez una perfecta excusa para justificar una dramática caída del nivel de vida en el país. El día en que termine la guerra este gobierno perderá su principal sustento mediático.

Aunque sectores de la izquierda europea llamaron la atención, con acierto, sobre la posible “contrarrevolución” conservadora en Ucrania, parece que olvidaron su sentido crítico al entregarse, casi sin resistencia, al mensaje oportunistamente antifascista de Vladímir Putin. ¿Están siendo utilizados militantes honestos de izquierdas por la tensión geoestratégica entre Rusia y Occidente? ¿Hasta qué punto la idea del “antiimperialismo norteamericano” está sobrepasando la conciencia de clase propia de las luchas de la izquierda antifascista tradicional? No parece haber un proyecto socialista o, al menos, alternativo al capitalismo en Novorósia.

Tengo las mismas dudas y preguntas. La izquierda rusa, igual que la ucraniana y por las mismas razones, es extremadamente débil. El discurso antifascista de la antigua URSS no necesariamente coincide con el pensamiento de izquierda. El ultranacionalismo ucraniano despertó varios tipos y varias organizaciones del chovinismo ruso, que actúan desde la misma lógica y que también participaron en la guerra de Donbass. La principal diferencia es que el proyecto de Novorósia, si es que es un proyecto, no es anticomunista, como el de Kiev, o en el peor de los casos, no es tan anticomunista. El gobierno de Novorósia es tan legitimo, y a la vez tan ilegitimo, como el de Kiev, y sin ser de izquierda es claramente mucho más inclusivo y orientado hacia lo social. También, en cuanto a crímenes de guerra contra civiles, el ejército ucraniano y las fuerzas paramilitartes que lo apoyan, superan -por ahora- muchísimo a los combatientes de Donbass. Donbass, en esta situación, es una parte atacada que responde como puede.

Se ha documentado ampliamente la presencia de paramilitares chechenos combatiendo junto al bando de Kíev, y de homólogos rusos combatiendo junto al bando del Este. ¿Cuál es la verdadera batalla en Ucrania?

Creo que la verdadera batalla es entre Occidente y Rusia, en la que Ucrania ha sido convertida por sus élites económicas y sus aliados norteamericanos en un tablero de ajedrez donde se disputan los intereses geopolíticos de unos grandes y experimentados depredadores capitalistas, como los países de la OTAN, y otro novato y más débil, como es Rusia. Sin tener simpatías hacia el gobierno de Putin, siento que Rusia es la parte provocada y agredida, y la reacción y la participación de Rusia con armamentos, instructores y voluntarios en esta guerra es absolutamente lógica e inevitable. La participación de los chechenos en ambos lados de este absurdo, no es más que un reflejo de la locura neoliberal que desataron en los territorios de la antigua URSS decenas de guerras medievales con armamento moderno. Creo que ninguno de estos bandos armados representa la voluntad o intereses verdaderos del pueblo checheno.

En Observatorio Eurasia tuvimos la oportunidad de debatir con el anarcosindicato ucraniano Unión de Trabajadores Autónomos (AWU) sobre la situación en la región, y aunque, lógicamente, se distanciaban del ultranacionalismo, sí se percibía en el grupo cierta simpatía con el proyecto nacional ucraniano frente al proyecto nacional “pro-ruso”. ¿Existen en Ucrania organizaciones de trabajadores, partidos o movimientos sociales que rehuyan de la trampa nacionalista a la hora de valorar el conflicto?

La postura de algunos grupos anarquistas ucranianos que terminaron apoyando al gobierno ultraderechista de Kiev es una pena y una vergüenza. Es otra muestra de la gran inmadurez de la izquierda ucraniana y de la gran desorientación política general de nuestros ciudadanos. Hay otros pequeños grupos de izquierda que apoyan al gobierno de Putin, un gobierno capitalista  y oligárquico que persigue y encarcela a los activistas de la izquierda rusa. Es una realidad difícil, donde hay que estar todo el tiempo entre los fuegos cruzados y siendo acusado de todo por las derechas rivales. Por el momento, no conozco ningún partido o movimiento ucraniano de izquierda con una postura totalmente lúcida o equilibrada, pero se están llevando a cabo intentos para construirlo. Como no creo en los partidos, prefiero hablar de un movimiento. Tengo varios amigos y compañeros que entienden la gravedad del problema y trabajan para resolverlo desde dentro y desde fuera de Ucrania. Varios de ellos, están en la clandestinidad.

¿Qué escenario se dibuja en Ucrania tras los acuerdos de Minsk y la aprobación de las enmiendas constitucionales para dotar de mayor autonomía al Este de Ucrania?

Me parece que es un circo político que no se piensa cumplir, ya que el gobierno ucraniano no busca la paz. Siempre aparecerán excusas para violar el alto al fuego. Me gustaría equivocarme.

¿Cuál es la situación política, económica, social y étnica en la actual Crimea? ¿En qué ha cambiado la vida de los crimeos desde su anexión a Rusia?

Desde que sucedió opiné, y sigo pensando lo mismo, que la anexión de Crimea a Rusia fue una clara violación del derecho internacional. De este modo, Rusia le quitó el monopolio a Occidente de despreciar los derechos de los países más débiles, y regaló el mejor argumento a la ultraderecha nacionalista antirrusa ucraniana. Por otra parte, la mayoría de los crimeos, espantados por la locura nacionalista del gobierno de Kiev, realmente apoyó este acto ilegítimo del gobierno de Moscú. Además, y para mi es lo más importante, con la anexión de Crimea por Rusia, estoy seguro que se salvaron miles de vidas humanas. O tal vez mucho más, porque Crimea resistiría a este gobierno. Y con el ejemplo de Donbass sabemos qué hace el gobierno de Kiev con las regiones que resisten. Creo que con esta injusta e ilegal medida se evitó un mal mayor, sin embargo sé que desde ambos lados casi nadie estará de acuerdo con una formula así. Los crimeos que conozco están ahora preocupados, pero bastante más tranquilos que hace un año y medio. Sienten que se salvaron. Estoy hablando no solo de los crimeos de la etnia rusa, sino de todas las nacionalidades, incluyendo a los ucranianos; la península siempre fue multinacional y en general con una convivencia muy cercana y harmoniosa de diferentes pueblos y culturas. Y sigue siéndolo.

Para finalizar, ¿cuál sería, para usted, la agenda a seguir para resolver el conflicto pacíficamente?

La construcción de una izquierda amplia, inclusiva, critica… y una organización transversal de toda la sociedad civil ucraniana: de los trabajadores, estudiantes, empresarios, todos los que ahora son victimas de la mayor estafa en la historia del país, algo que seguramente tomará años. Todavía estamos claramente superados por la velocidad y la bestialidad de los acontecimientos.
Aun así, no creo que alguien tenga una agenda muy clara. Coincidimos con muchos en que hay que hacer lo posible para hacer caer a este gobierno lo antes posible. Ojalá de una manera lo menos violenta posible. Porque este gobierno es el sinónimo y la garantía de la guerra y de la violencia. Necesitamos también mucha solidaridad con el pueblo ucraniano, sobre todo en los países del occidente que irresponsablemente apoyan al gobierno. La sociedad civil de estos países debe recordar a sus gobernantes que son cómplices directos de miles de muertos en Ucrania.

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