Marta Ter y Ryskeldi Satke (investigador) :::: El auge del Estado Islámico (IS) en Siria e Iraq, y su impacto en la región circundante de Eurasia, ha suscitado preocupaciones en Rusia y en las repúblicas de Asia Central por el posible alcance de su influencia. De los 20.000 extranjeros reclutados que combaten en Iraq y Siria en las filas del IS y de otros grupos extremistas, se cree que cerca de 2.000 son rusos y aproximadamente 1.500 de Asia Central.

Durante décadas, el Cáucaso Norte ruso ha sido una región propensa a la inestabilidad y a la violencia. Tras el colapso de la Unión Soviética, el Kremlin libró dos guerras en Chechenia contra una nación rebelde -de alrededor de un millón de habitantes- que había luchado para independizarse de Rusia durante dos siglos. Después de la última campaña militar rusa en los 2000s, la inestabilidad de Chechenia se expandió al resto de las repúblicas que conforman el Cáucaso Norte.

El conflicto, que empezó siendo un movimiento nacionalista secular en los 1990s y que inicialmente estuvo localizado en Chechenia, se transformó en una insurgencia yihadista. Hoy en día, los combatientes del autoproclamado Emirato del Cáucaso luchan en el Cáucaso Norte con el objetivo de establecer un Estado pancaucásico gobernado por la sharia. Asimismo, se ha reportado que, anteriormente, insurgentes centroasiáticos mantuvieron contactos con los norcaucásicos, y en algunas ocasiones tomaron parte de las operaciones de guerra de guerrillas contra el ejército ruso. En los 1990s, el infame comandante checheno Shamil Basayev mantuvo estrechos lazos con la Oposición Tajika Unida (UTO), y entre 1995 y 1999, cientos de combatientes centroasiáticos y norcaucásicos entrenaron juntos en el campo de entrenamiento checheno dirigido por Shamil Basayev y su compañero, el yihadista saudí Ibn al-Khattab.

En los 2000s, el influyente extremista ruso Said Buryatsky viajó frecuentemente desde el Cáucaso Norte a Kazajstán. Sus panfletos propagandísticos fueron distribuidos entre sus seguidores kazajos y, a partir de 2008, docenas de jóvenes se dirigieron al Cáucaso Norte para unirse al Emirato del Cáucaso.

En el último año, parece que la dinámica de la insurgencia regional en Rusia ha disminuido tras la escalada del conflicto en Siria, donde cientos de combatientes del Cáucaso Norte se han trasladado para unirse al IS o a facciones próximas a la rama de Al-Qaeda en la zona, el Frente Al-Nusrah.

Según diversos informes, los primeros voluntarios norcaucásicos llegaron a Siria hace tres años. Una tendencia similar se ha observado con los guerrilleros centroasiáticos, que comenzaron a acudir a Siria en 2012. Desde el principio, estos combatientes estuvieron activos en unidades autónomas dispersas por el sur de Siria, a lo largo de la frontera turca. Pronto, la mayoría de estos grupos fueron ncorporados a la conocida como Brigada Muhajireen, cercana al Frente Al-Nusrah y que empleaba el ruso como lingua franca. No obstante, cuando los combates desembocaron en una guerra abierta en Siria e Iraq, muchos de los combatientes “rusohablantes” del Cáucaso Norte y de Asia Central lucharon junto al IS y se dispersaron en otros grupos, principalmente vinculados al Frente Al-Nusrah.

Se piensa que los reclutas viajaron a Siria a través de Turquía, que es vista como una puerta de entrada fácil a la zona de conflicto gracias al régimen de visado favorable que mantiene con Rusia y las repúblicas de Asia Central. No obstante, y aunque sigue siendo un tema debatido si los centroasiáticos fueron reclutados por las redes yihadistas en sus lugares de origen o en el extranjero, se sabe que millones de trabajadores uzbekos, kirguises y tajikos buscan empleos temporales en Rusia. La mayoría de los migrantes centroasiáticos se encuentran a menudo en un ambiente estresante, se enfrentan a duras condiciones asociadas a la discriminación, al abuso y a la extorsión por parte de la policía rusa. Por otra parte, la intolerancia racial en Rusia empuja a estos migrantes hacia la búsqueda de lazos más estrechos con las comunidades no-eslavas, que poseen un bagaje cultural similar y comparten la misma religión.

Esencialmente, los migrantes uzbekos, tajikos y kirguises están expuestos a las doctrinas fundamentalistas tras ser introducidos en las comunidades y grupos de orientación yihadista (incluidos los salafistas) de las ciudades rusas, que predican una versión radical del Islam. En algunos casos, acudir a las mezquitas en Rusia puede generar sospechas entre las agencias de seguridad de sus países de origen, una vez han regresado.

Evidentemente, las autoridades rusas creen que Moscú se ha convertido en zona de reclutamiento para grupos extremistas prohibidos fuera de Cáucaso Norte. Y, en meses recientes, los oficiales centroasiáticos han confirmado también que sus compatriotas ahora en Siria fueron reclutados en las grandes ciudades rusas. Un vídeo reciente de de un alto mando de la policía especial tajika, el comandante Gulmurod Khalimov, anunciando su enrolamiento en el IS, ha generado consternación en su país. En las imágenes, Khalimov aseguró que el “califato” debía de extenderse hasta Tajikistán. Igualmente, el ex-miembro del servicio secreto tajiko hizo hincapié en las en las difíciles condiciones de los trabajadores en Rusia, y llamó a los migrantes centroasiáticos a unirse al IS: “Haced la yihad, venid al Estado Islámico. Es más fácil aquí (Siria) que allí (Rusia)”.

En otro orden de cosas, Internet y las redes sociales, donde fácilmente puede accederse a la propaganda del IS, han sido herramientas útiles para el reclutamiento en las mencionadas regiones de la antigua Unión Soviética. Los migrantes de Asia Central son el grupo social más susceptible de ser reclutados online debido a múltiples factores, entre los que se encuentran la separación de sus familias, y la exclusión y la marginalización en las ciudades rusas. Estos factores proporcionan oportunidades a los reclutadores del IS. En este sentido, las redes sociales rusas más populares, como Odnoklassniki o Vkontakte se han convertido en tierra fértil para los grupos radicales.

El ala propagandista del IS, al-Hayat, produce atractivos contenidos y disemina material de reclutamiento potencialmente efectivo para los radicales que siguen la guerra en Siria a través de las redes sociales. Las fuentes digitales del IS proporcionan a los outsiders una mirada hacia el interior de la organización, y alaban a los jóvenes extranjeros que se enrolan y viven en el “califato”, representándolos como héroes. La campaña de difusión del IS está incidiendo más entre las generaciones jóvenes, y los potenciales reclutas tienden a creer que también pueden ser un actor protagonista de la yihad global. En su esfuerzo por reclutar combatientes de Rusia y del espacio de la antigua Unión Soviética, el IS ha lanzado recientemente un canal de propaganda en ruso llamado Furat Media.

En última instancia, no está claro si el flujo de reclutamiento de Rusia y Asia Central decaerá pronto. En la región del Cáucaso Norte ruso, el Emirato del Cáucaso ha perdido mucho apoyo entre su militancia, debido a las deserciones hacia el IS. Cada vez más altos cargos del Emirato del Cáucaso están abandonando la organización y uniéndose al IS. Por otra parte, algunos predicadores islámicos de renombre en la región han viajado a Siria, animando a sus seguidores a unirse a grupos extremistas en Oriente Medio.

El pasado mes de junio, los emires de las cuatro principales regiones que conforman el Emirato del Cáucaso juraron lealtad al líder del IS Al Bagdadi. El IS aceptó de inmediato el juramento y nombró a un militante local, Abu Mohammad al-Qadari como el nuevo emir del Cáucaso, al mismo tiempo que establecía una nueva vilayat (provincia) del Estado Islámico en el Cáucaso (Wilayat Kavkaz).

A pesar de los esfuerzos del Kremlin para intentar evitar el creciente flujo de sus ciudadanos hacia Siria, éste se ha convertido en un motivo de gran preocupación para la seguridad interna de Rusia, especialmente cuando los yihadistas regresen a su país. El Kremlin deberá hacer frente a la amenaza terrorista en un momento de confrontación entre Putin y Occidente, y la crisis en curso en Ucrania.

Puede consultarse el artículo original, en inglés, en Asia Times.

 

 

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