Ana Sánchez Resalt :::: Ya lo dijo Viacheslav Molotov, Comisario del Pueblo para Asuntos Exteriores, en su intervención en la radio el 22 de junio de 1941 –publicada en primera página de todos los periódicos soviéticos ese mismo día-: “Nuestra causa es justa. El enemigo será destruido. La Victoria será nuestra”. Tras casi 4 años de intensas batallas, con más de 25 millones de víctimas soviéticas, la “causa justa” llegaba a su fin tal y como había anticipado Molotov: con la victoria inclinada del lado soviético.

El 20 de abril de 1945, el Ejército Rojo entraba en Berlín en la que sería la última gran batalla en suelo europeo de la Segunda Guerra Mundial. Adolf Hitler, ante la inminente derrota, se suicidaba el 30 de abril, dos días antes de que los soldados soviéticos apuntillaran definitivamente a los nazis en la capital alemana.

La primera capitulación alemana se firmó el 7 de mayo de 1945 bajo los siguientes términos:

  1. Nosotros, los abajo firmantes, actuando bajo la autoridad del Alto Mando alemán, por la presente presentamos nuestra capitulación incondicional al Comandante Supremo, a la Fuerza Expedicionaria Aliada y, al mismo tiempo, al Alto Mando soviético y todas las fuerzas terrestres, navales y aéreas que hasta la fecha estaban bajo control alemán.
  2. El Alto Mando alemán dará de inmediato órdenes a todas las fuerzas armadas alemanas terrestres, navales y aéreas y a todas las fuerzas bajo control alemán para que cesen sus operaciones activas a las 23.01 horas, hora de Europa Central, del 8 de mayo, y que permanezcan en las posiciones ocupadas en ese momento. Ningún navío, embarcación o avión podrá ser saboteado, ni se habrá de provocar ningún daño en sus cascos, maquinaria o equipamiento.
  3. El Alto Mando alemán transmitirá de inmediato a los comandantes pertinentes y se asegurará del cumplimiento de cualquier orden futura expedida por el Supremo Comandante, la Fuerza Expedicionaria Aliada y el Alto Mando soviético.
  4. Este acto de capitulación militar se realiza sin prejuicio de uno posterior y será sustituido por cualquier instrumento general de rendición impuesto por, o por parte de las Naciones Unidas y aplicable a ALEMANIA y a las fuerzas armadas alemanas en su totalidad.
  5. En caso de que el Alto Mando alemán o cualquiera de las fuerzas bajo su control fracase en actuar de acuerdo con esta Acta de Capitulación, el Comandante Supremo, la Fuerza Expedicionaria Aliada y el Alto Mando Soviético tomarán las acciones punitivas o de otro tipo que consideren oportunas.

Firmado en Rheims (Francia), a las 02.41 horas del 7 de mayo de 1945.

Acta de Capitulación alemana
Acta de Capitulación alemana

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La guerra en suelo europeo había acabado y los soviéticos y su líder, Stalin, se proclamaron claros vencedores y salvadores de Europa y, por extensión, del mundo.

La prensa soviética, instrumento vertebral de la propaganda bolchevique desde antes de la Revolución, tuvo un papel fundamental en el posicionamiento favorable de la población hacia la guerra, en la defensa de esa “causa justa” que la población y el ejército de la URSS perseguirían incansablemente durante su Gran Guerra Patriótica.

Las convulsas décadas que siguieron a la Revolución de Octubre tuvieron su reflejo en el desarrollo de una prensa que se dirigía (educando y definiendo) a una sociedad que estaba en permanente pie de guerra: la lucha contra los elementos burgueses pre y postrevolucionaria,  la lucha contra los blancos de la Guerra Civil, la lucha contra los kulaks y los elementos contrarrevolucionarios o antibolcheviques de la NEP, la batalla por la industrialización del país que se inauguraría con el Primer Plan Quinquenal en 1928… En este permanente Estado “militarizado”, dos serían, bajo nuestro punto de vista, las características principales  que definirían a la prensa de la primera mitad del siglo XX en la Unión Soviética: su carácter educativo y de movilizador de masas. La prensa debía explicar qué sucedía y por qué sucedía en cada momento, qué había que hacer y por qué; y la audiencia había de entender que siempre –siempre- el Gobierno actuaba en el nombre del pueblo y en su beneficio, que la visión del Partido era la visión del pueblo, y que su lucha y su fin eran, pues, los mismos (y siempre justos).

Pravda, 10 de mayo de 1945. Discurso de Stalin al pueblo
Pravda, 10 de mayo de 1945. Discurso de Stalin al pueblo

La Gran Guerra Patriótica fue la expresión más gráfica de la “lucha continua” del pueblo soviético contra las adversidades, contra sus enemigos creados, reales y ficticios, y la prensa lo reflejó con toda la crudeza o toda la prudencia (en forma de silencios) que fueran oportunas en cada momento. La más devastadora y cruenta batalla de la historia de la humanidad llegaba a territorio soviético, pero los medios del país llevaban años entrenando sus discursos  impregnados de una fuerte retórica militar: los trabajadores habían sido “soldados del socialismo”, los koljoz o las fábricas eran los “campos de batalla”, etc. Ahora, los trabajadores eran soldados del Ejército Rojo , y las fábricas, literalmente, campos de batalla. La lucha era real, la sangre era real, el sufrimiento era real… y realmente compartido. El enemigo era claro y único: el asesino y sanguinario nazi; la motivación era grande y nacionalmente compartida: la defensa de la Patria (Patria que significaba familia, casa, amigos, pueblo…); el objetivo era común y preciso: la Victoria. Y la prensa supo sacar partido de toda esa “realidad” y de esa certeza en los motivos y objetivos de la guerra.

Krásnaya Zvezdá, 9 de mayo de 1945
Krásnaya Zvezdá, 9 de mayo de 1945

Durante la Segunda Guerra Mundial, los periódicos militares proliferaron en la URSS, con Krásnaya Zvezdá, órgano del Comisariado del Pueblo para la Defensa, a la cabeza. Había periódicos y boletines del Ejército Rojo, la Flota Militar o las fuerzas aéreas soviéticas[1], pero también de divisiones, brigadas o dedicadas a grupos concretos (transportes mecanizados, tanquistas, defensa antiaérea). Los periódicos del frente se publicaban en los idiomas de las repúblicas para alcanzar a todos los soldados o a los participantes (militares o civiles) de una batalla determinada en un frente concreto. Grandes hombres de la literatura soviética fueron transmutados (voluntaria o involuntariamente) en vehementes corresponsales de guerra[2]: Ilya Ehrenburg, Vasily Grossman, Konstantín Simonov, Alekséi Tolstoi, Alekséi Surkov. A través de ellos –la mayoría de los citados en Krasnaya Zvezdá– los soldados del frente y la población en la retaguardia se hacían conscientes de lo que compartían, de lo que perdían y de lo que ganaban, y de lo importante de su labor. No se trataba de informar de forma precisa y (moderadamente) aséptica de los hechos acaecidos en el frente, de los avances o derrotas (hecho obviamente imposible en este caso), sino de narrar los heroicos actos de “nuestros soldados”, de contar su abnegación y valentía en la lucha, de cómo vivían o sobrevivían a la guerra, de cómo recordaban su hogar y a su gente.

Los órganos de prensa central (Pravda, Izvestiya, Komsomolskaya Pravda, principalmente) fueron los encargados de marcar la línea principal de todos los medios soviéticos, basada, sobre todo, en la apelación a los sentimientos más básicos (amor, odio) y en el llamamiento a la acción en defensa de la Patria. Esta línea, también atendida por las publicaciones militares y definida por el Partido, sería primordial en la movilización de los ciudadanos soviéticos (civiles y soldados), únicos y verdaderos vencedores de la Gran Guerra Patriótica.

Pravda,  9 de mayo de 1945
Pravda, 9 de mayo de 1945

“Y han callado los cañones el 8 de mayo de 1945. La Alemania hitleriana ha sido puesta de rodillas. La guerra ha acabado. ¡Victoria!

(…)

Los generales alemanes se levantan y se van de la sala, de la historia. Todos los que asisten a esta histórica sesión se felicitan alegremente por la Victoria. La guerra ha acabado. ¡Victoria! Hoy la humanidad puede respirar libremente. Hoy los cañones ya no disparan”. Pravda, 9 de mayo de 1945[3]

— NOTAS —

[1] El órgano central de la Flota militar era Krasnaya Flota, y el de las Fuerzas Aéreas Stalininskii Sokol (El halcón de Stalin).

[2] En los primeros años de guerra se emitieron barios decretos sobre cómo había de ser el trabajo de la prensa y los corresponsales durante la guerra: “Sobre la movilización de grupos de periodistas en la prensa de guerra”, “Sobre el trabajo de los corresponsales en el frente”, etc.

[3] Del reportaje “Los cañones ya no disparan más”, publicado en Pravda el 9 de mayo de 1945 sobre la segunda capitulación alemana del 8 de mayo. El texto está escrito por B. Gorbatov y M. Merzhanov y un extracto del mismo se puede leer aquí (en ruso). El artículo narra la firma de la segunda Acta de Capitulación alemana, firmada el 8 de mayo en Berlín, y en la que participaron el mariscal Georgy Zhúkov por parte del Alto Mando Soviético, Sir Arthur W. Tedder, por parte de la Fuerza Expedicionaria Aliada, el general Carl Spaatz, por la parte estadounidense, y el Mariscal de Campo Wilhelm Keitel, el general von Friedeburg y el coronel-general Stumpff como representantes de las fuerzas armadas alemanas.

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