Aida Gadzhieva ::: Boletín “Caucasus News”, nº 48 (abril 2015) ::: Hace tres años, en un pueblo de Daguestán, fue asesinada Mariam Magomedov, de 22 años. Su madre, Malika Magomedov, considera que su hija fue víctima de los llamados “crímenes de honor”. El principal sospechoso del crimen, Kasum Magomedov, es el tío de la chica (hermano del padre de Mariam).

Malika Magomedov asegura que Kasum estranguló a su hija porque consideraba su comportamiento reprobable y, de esta manera, quería limpiar “una mancha” en la familia.

Ya que los “asesinatos de honor” no son, desgraciadamente, un hecho anecdótico en Daguestán, la corresponsal Aida Gadzhieva de la revista Slova Zhenshiny habló con Malika Magomedov de la tragedia que afectó a su familia.

“Mariam se casó en 2007. Y no tuvo suerte. Ella no quería casarse con aquel hombre, pero los familiares así lo habían acordado. Tenemos parientes comunes con la familia del marido. Se casó y vivió con él un año y dos meses. Ella tenía 18 años y él era 13 años mayor. Él tenía tuberculosis y era un hombre muy celoso. No la dejaba salir de casa casi nunca, ni siquiera la dejaba venir a verme en el mercado, donde yo trabajaba.

Mariam Magomedov
Mariam Magomedov

Yo, por mi parte, me divorcié de mi marido hace 18 años. Él se fue a Magnitogorsk donde se casó con una mujer rusa y tuvieron una hija. Ahora está en la cárcel por asesinato. Desde que se fue, el padre de Mariam no mantuvo contacto con nuestras hijas. Yo sola he criado a las dos niñas. Me fui a casa mi hermana en Moscú y empecé a trabajar. Tenía que ganar dinero para pagar la dote de las hijas y construir un hogar.

Mariam fue muy buena alumna en la escuela, sacaba excelentes en todo, y le hubiera gustado seguir estudiando. Pero su marido decía que estudiar no le hacía ninguna falta, ya que él podría mantenerla. Pero él no trabajaba, así que yo les enviaba dinero regularmente desde Moscú.

Un día Mariam recibió una llamada. El marido estaba en la habitación contigua y enseguida entró para preguntar quién era. Ella le dijo que no lo sabía. Él cogió el auricular pero el interlocutor colgó. El marido le montó un escándalo a Mariam, y pronto se separaron. Los parientes querían arreglar el matrimonio, pero ella no quiso. Y yo estuve de acuerdo con ella. Sobre todo teniendo en cuenta que no tenían hijos.

Cuando se separaron, Mariam vino a vivir conmigo a Moscú. Llegó en agosto de 2008 y comenzó a estudiar en la Facultad de Económicas, por las noches. El primer curso se lo sacó con sobresalientes. Por las mañanas trabajaba de encargada en una tienda. Vivíamos bien, alquilábamos un piso, estábamos contentas.

En verano de 2010, nos invitaron a una boda en Daguestán. Un sobrino se casaba el 1 de agosto en Nechaevk, nuestro pueblo. Todo fue bien, nos divertimos, bailamos… El día 5, otro familiar se casó también, y mis hijas y yo los ayudamos en los preparativos. Mariam estaba pintando el portal de uno de los parientes cuando la llamó una amiga de su antigua escuela. Quedaron en encontrarse para organizar con otros exalumnos un viaje a la playa al día siguiente. Querían alquilar un taxi colectivo y aprovechar el trayecto para visitar a una compañera que vivía en la capital, Majachkalá, y que había dado a luz recientemente.

Mientras estaba con las amigas y los chicos en el patio de la escuela, pasaron en coche mi primo Kasum Magomedov y mi sobrino Jiram Xamkhalov. Kasum es el hermano de mi marido, es decir, el tío de Mariam. Cuando la vio, paró el coche y envió a Jiram a buscarla. Ella se acercó. Entonces le dijeron que subiera al coche. Ella les hizo caso (eran su tío y su primo). Después de eso, desapareció.

Esa noche estuve hasta las dos de la madrugada esperando a que llegara Mariam. La llamaba pero no cogía el teléfono.

Al día siguiente me llamó su compañera de clase y me preguntó por qué Mariam no estaba con el grupo de chicas esperando el taxi para ir a la playa. No le dije que no había venido a dormir en casa. Le dije que no la dejaba ir. Durante varios días sólo yo, mi hermana y mi cuñada sabíamos que Mariam había desaparecido. No estaba segura que estuviera con alguien, o incluso pensé que tal vez había ido a la playa con sus amigas por su cuenta, pensando que yo no la habría dejado ir.

Pero entonces su amiga volvió de la playa y me llamó, preguntándome por Mariam y diciéndome por qué no la había dejado ir con ellos. Entonces me cayó el alma a los pies. Enseguida lo entendí: mi hija no estaba viva. Nunca había sucedido antes que no me llamara durante un día entero…

Entonces le dije la verdad, que Mariam llevaba desaparecida unos días. Ella me explicó que la última vez que la había visto fue cuando Kasum y Jiram se la llevaron.

Fui a casa de Jiram. Me contó que Kasum la había llevado hasta un cruce y que salieron todos y se separaron, cada uno en una dirección diferente. Mariam se fue a terminar de pintar el portal de casa de los parientes y Kasum fue a trabajar. Me extrañó que la acompañaran hasta el cruce en coche, cuando a pie no hay más de veinte pasos.

Al día siguiente hubo otra boda. Fui con mi hija mayor. Todos me preguntaban: “¿Qué te pasa, Malika, no estás de buen humor?” Para que la gente no sospechara, yo simulaba que no pasaba nada. Al final no pude aguantar más, salí y, ante mi cuñada, le dije lo que había pasado y me eché a llorar. Enseguida llamó a sus hermanos, entre ellos Kasum. Vino totalmente borracho, apenas se tenía en pie.

«¿Qué ha pasado?» – «Mariam ha desaparecido». Se levantó abruptamente, se puso histérico: «¿Cómo que ha desaparecido?, ¿Dónde puede estar? Desgraciada, ¡como la encuentre!» – «Una compañera de clase dijo que la hiciste subir a tu coche y te la llevaste» – «Con Jiram la dejamos en la esquina».

Llamó a Jiram, y salió de casa… Después pidió que no dijéramos nada a nadie, dijo, “yo la encontraré, descubriré con quien hablaba por teléfono antes de que desapareciera”. Se fue a las oficinas de la compañía de teléfono Beeline a pedir una relación de llamadas, pero ese día era festivo. Y a mí me dijo: «Ve a la boda, no dejes que la gente sospeche nada raro».

En la boda toda la familia preguntó dónde estaba Mariam. Yo respondía que no se encontraba bien. Estaba muy angustiada. Kasum llegó por la noche y le pedí que me explicara dónde había ido. Kasum me dijo: he ido a todas partes, he hablado con todo el mundo, he preguntado quién la había llamado. Nadie sabe nada.

Había preguntado a sus compañeros de clase. Entre ellos ya había rumores que Mariam había desaparecido. Y la familia aún no sabía nada. Yo estaba muy angustiada.

Todavía no había dicho nada a mis hermanos. Al sexto día, se lo conté a mi hermano Magomed. Empezó a buscarla también, pero aparte de Kasum. Entonces vino Murtuz, mi otro hermano de Moscú.

Pasé diez días sentada en un sillón en casa de mi cuñada, incapaz de comer o de dormir. Sólo tomaba pastillas, temblaba todo el día. Murtuz y Asilder, el hermano de Kasum, denunciaron lo ocurrido a la policía. Kasum les acompañó en coche, pero no entró a la comisaría.

Cuando mi hermano Murtuz se quedó a solas con Jiram, le dijo: “Tú has sido la última persona que la vio. Cuéntame exactamente qué pasó”. Entonces Murtuz me explicó que Jiram se puso nervioso y que no fue capaz de mirarle a la cara. En esos momentos fue cuando empezamos a sospechar de ellos.

En el pueblo hay dos cementerios. En uno de ellos mi hermano Murtuz encontró un lugar cubierto con heno donde se apreciaba tierra fresca removida. Parecía una tumba reciente. Pero resulta que no habían enterrado a nadie en el cementerio la última semana. Desde el mismo cementerio Murtuz llamó a Kasum y le dijo: “He encontrado algo sospechoso. Si tienes algo que explicarme, dilo ahora o después será demasiado tarde”.

Esto sucedió catorce días tras la desaparición de Mariam. Después de este hallazgo, Murtuz volvió a hablar con Jiram, y éste finalmente reconoció que en el cruce, él salió del coche solo, y Kasum se llevó a Mariam a algún sitio.

Aquella misma noche, los parientes de Kasum fueron a buscar a Murtuz. Lo llevaron a casa de Asilder, el hermano de Kasum. Allí estaba el padre de Kasum, sus hermanos y todos los hombres de la familia, esperando a Murtuz. Le dijeron: “Teníamos una mancha, y la limpiamos”. Murtuz se inquietó: “¿Qué mancha? ¿Qué habéis hecho con ella?”. “Kasum la mató”.

Le dijeron: aquí todos somos parientes, mantengamos el asunto en secreto y enterremos a la chica sin que nadie lo sepa.

Mi hermano Murtuz no estuvo de acuerdo. “Responderéis por este crimen”, dijo, y se marchó.

A las 5 de la mañana mis hermanos vinieron a casa. Al ver que tenían los ojos húmedos, lo entendí todo y me desmayé.

Los primeros que vinieron a dar el pésame fueron gente muy cercana a Kasum: su padre y su hermano Asilder. Pero él no lo hizo. Mi hermana mayor se arrojó contra ellos, pero la echaron.

Las mujeres de la familia de Kasum se reunieron en casa de su madre y después vinieron a la nuestra, para darnos el pésame. Condenaron a Kasum, y dijeron: “¡Cómo fue capaz de levantar la mano contra Mariam! Malika, te apoyamos. Haz lo que quieras con él, como si quieres matarle, o meterle en prisión: te apoyaremos”.

Una semana más tarde, mi hermana habló con Asilder: “¿Por qué Kasum mató a Mariam? Supongo que a ti te lo dijo… ¿Quizá alguien la vio paseando con un chico, o cogiéndose de la mano?”. “¿Y qué te crees, que teníamos que esperar a que eso ocurriera?”, le espetó Asilder.

Jiram dijo que Kasum le avisó la noche del asesinato para que le ayudara a enterrar a la chica, pero que se negó a ir. Sólo prometió no explicar nada de todo aquello. Esto consta en las actas del primer interrogatorio, pero después, ante el tribunal se retractó. Creo que Kasum no pudo cavar solo el agujero, debieron de ayudarle alguno de sus sobrinos.

Entonces, con mis hermanos tuvimos que desenterrar a Mariam con las manos, para evitar tocar su cuerpo con las palas, porque estaba a poca profundidad. Su cuerpo yacía doblado…

Detuvieron a Kasum y la investigación se alargó un año, después lo dejaron en libertad y cerraron el caso. No podía ver cómo se paseaba por el pueblo, como bailaba en las bodas.  Escribí a todo el mundo: a Putin, a Medvédev, a Yuri Chaika (el fiscal general de la Federación Rusa) a Alexander Bastrikin (jefe del Comité de Investigación de la Federación Rusa)…

Fui a Moscú a pedir audiencia, pero no lo conseguí. Un investigador me dijo: no te calles, quéjate o cerrarán el caso; escribe a todos los lugares que puedas. Nadie hizo caso de mis demandas a Majachkalá. Pero cuando empecé a enviar mis quejas a Moscú, al Presidente, el asunto se movió, y se transfirió de Kiziliurt al departamento de investigaciones de Majachkalá. Volvieron a encarcelar a Kasum.

Pedí que el juicio fuera en la capital, en Majachkalá, pero nadie me escuchó, y acabó celebrándose en el pueblo, en Nechaevk. Tengo la copia de todo el juicio. Fui a todas las sesiones, y pensaba que lo condenarían. En una ocasión, cuando me llamaron a declarar, le dije: “Tu hermano nos dejó, nunca vino a vernos, ni siquiera nos llamaba. Y tú, ¿alguna vez te preocupaste de qué comían tus sobrinas, de qué ropa llevaban, te acordaste de felicitarles el cumpleaños ni que fuera una sola vez, las ayudaste en algo? No. Nunca. Entonces, ¿por qué  decidiste que podías disponer de su vida?” No me contestó, ni siquiera me miró.

El procedimiento se alargó ocho meses, el fiscal pidió 12 años de prisión. Pero el juez lo absolvió. Cuando leí el protocolo del juicio me quedé estupefacta: lo habían cambiado todo, lo habían tergiversado todo.

Kasum no es tan rico como para comprar el juez, pero le apoya una familia poderosa: su tío trabaja en la Administración, conoce a todo el mundo, tiene contactos, es amigo del presidente del tribunal, se pusieron de acuerdo con el juez y con la policía.

Pero yo no estoy dispuesta a dejarlo correr, no permitiré que cierren el caso. Ya estoy preparando la documentación necesaria para llevarlo al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Quiero saber por qué mataron a mi hija, sólo quiero saber esto. Nada más. Intentaron reconciliarse conmigo, pero yo no quise. No quiero hacer las paces.

En nuestro pueblo, Nechaevk, ésta es la cuarta vez que sucede un hecho similar. Pero soy la única que lo he denunciado públicamente. Los otros no fueron a la policía, las chicas desaparecieron y aquí se acabó el asunto.

En el pueblo había un chico de una familia rica que se paseaba por la escuela con una pistola, con chulería. Presumía que todas las chicas de Nechaevk  se habían acostado con él. Y por esta razón mataron a dos chicas, a quienes habían visto con él. Después, a este chico también lo mataron, seguramente algún familiar de las chicas. Mientras estaba con una pandilla de amigos, fueron a buscarlo unos enmascarados y lo asesinaron, a él y a tres de sus amigos.

Todos pensaron que yo también callaría. Cuando vinieron a darme el pésame, una mujer me dijo: «Tú al menos sabes dónde está enterrada tu hija, puedes irla a ver al cementerio. Yo no sé dónde enterraron a la mía. Sé que están implicados mi marido y su hermano. Me quise divorciar de él, pero no me dio permiso. Y ahora el hermano de mi marido viene de visita y yo tengo que servirle la comida, al asesino de mi hija. Ahora te tienes que calmar» —Así me habló.

Ahora ya me he rehecho un poco. Mis hermanos y hermanas me ayudan, está claro. Pero hace tres años que no puedo dormir, no puedo parar de pensar cómo sucedió todo esto, qué sintió mi hija…

Aida Gadzhieva, para la revista Slova Zhenshiny

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