Tras la primera parte de la entrevista al hispanista ucraniano Oleksandr Pronkevych, en Observatorio Eurasia publicamos su continuación, en la que el profesor analiza el actual conflicto entre Rusia y Ucrania y la propaganda de ambos bandos.

 

¿Cómo es posible, y a través de qué mecanismos, que el nuevo tradicionalismo ruso, esencialmente conservador, haya conectado con la izquierda española? Existe la sensación de que Putin es un extraño aliado del antiimperialismo, y que provoca simpatías entre grupos políticos vinculados al socialismo en España.

Puedo suponer una explicación de este fenómeno. Ante todo, uno de los elementos del “putinismo” como doctrina ideológica es el de un estalinismo renovado. Mucha gente un Rusia apoya a su presidente porque satisface sus nostalgias por la Unión Soviética en su época de grandeza más plena, es decir, en la época de Stalin. Además, se posiciona como el único oponente posible de EE.UU. y sus aliados. Ha restaurado el estado “eficaz”. De hecho, los comunistas rusos se solidarizan con su política exterior. ¿No coinciden estos “logros” de Putin con los programas de algunos grupos de la izquierda?

Tampoco puedo explicarme por qué la izquierda española no puede o no quiere ver que Putin y sus oligarcas son nuevos imperialistas que explotan de una manera brutal a los trabajadores rusos. Como hemos visto, la ideología de Putin se inscribe bien en los paradigmas comunista, fascista y ortodoxo, que a primera vista pueden pasar por incompatibles. Se ajusta a todas las ideologías que justifican un poder fuerte centralizado, sirviendo bien para legitimar su régimen ante los ojos de sus compatriotas e intelectuales de la derecha, y de la izquierda en el Oeste.

Algo similar ocurre con la televisión Russia Today; ésta es interpretada por la izquierda española como una emisora independiente y veraz, en lugar de como un órgano de propaganda ruso. ¿A qué puede deberse?

Los propagandistas de Putin han estudiado bien los gustos de los públicos en el Oeste y saben satisfacer sus expectativas. La televisión rusa para el extranjero ha aprendido cómo presentarse a sí misma y ser la voz de las fuerzas del Bien en lucha contra “el fascismo norteamericano”. Es lo que quiere ver la izquierda española, y la televisión rusa le ofrece esta imagen. Al mismo tiempo, en España es bastante difícil conseguir información de lo que pasa en el Donbas o en otras zonas de Ucrania. Estuve en Salamanca cuando los terroristas se apoderaron del edificio de la administración regional de Luhank. Los artículos en “El País” que salieron el 7 de abril fueron escritos por periodistas españoles que estaban en Simferópol o en Moscú, pero no en Kiev. No tienen acceso directo a la realidad ucraniana y siempre trabajan con información filtrada. Creo que, de una u otra manera, están influidos por el punto de vista “pro-ruso”.

¿Qué elementos de resistencia al pasado soviético existen en Ucrania?

La resistencia al pasado es un factor muy serio y que provocó el conflicto. Ucrania es un país heterogéneo desde el punto de vista cultural, lingüístico y religioso. El territorio está dividido en la zona occidental, que hasta el 1939 formó parte de los imperios europeos, y la zona central y oriental, que pertenecían al Imperio Ruso y la URSS. Una parte del país se identifica con Europa y otra con Rusia o la URSS. De ahí es de dónde sale la resistencia a la occidentalización y el “apoyo” al “mundo ruso”. Yo definiría este tipo de la resistencia como reacción natural, porque los ideales “pro-rusos” (pro-soviéticos) son productos de vida conservados en la memoria individual y colectiva. Es imposible borrarlos en un momento.

Pero hay otro nivel de la resistencia que yo llamaría la colaboración con los invasores. El conflicto en el Donbas se hizo posible debido al sabotaje y la traición de diputados de diferentes niveles, de representantes del poder local, de la policía, de empresarios. Este grupo es culpable en buena parte de lo que pasa en el país. En su conducta no son “idealistas”, porque no les importan tanto las cuestiones de la fe, cultura o lengua, sino sus negocios particulares o nuevas oportunidades de ganar mucho dinero ilegítimo, aprovechándose de sus cargos administrativos. Con celeridad vertiginosa se hicieron creyentes del “mundo ruso”, y con la ayuda de Rusia canalizaron temores, fobias, experiencias traumáticas de las masas del Este contra Kiev. Ellos (con apoyo del régimen de Putin) armaron a los terroristas e “invitaron” a las tropas rusas. De este modo, “la reacción natural” fue manipulada para construir la guerra en el Este de Ucrania.

Usted realiza paralelismos muy interesantes entre las figuras de Don Quijote y Sancho Panza, y las formas de interpretar el nacionalismo ucraniano. ¿A qué se refiere concretamente?

Es un tema amplio que mis colegas y yo hemos estudiado en nuestro nuevo libro que acaba de salir: “El telón rasgado: el Quijote como puente cultural con el mundo soviético y postsoviético“. Aquí me limito a la explicación breve de la idea general. Para nosotros, Don Quijote es un arquetipo cultural que da forma a prácticas ideológicas, políticas, artísticas, vitales, etcétera. Cada país transforma este modelo ajustándolo a las peculiaridades de su historia o, más exactamente, al destino que desean. Los Quijotes rusos y ucranianos son reencarnaciones del mito idealista-heroico creado por los románticos alemanes que interpretaron al personaje cervantino como un ser noble, que anda a contracorriente; que, en muchos casos, es débil pero siempre actúa con buenas intenciones. Las diferencias entre el quijotismo ruso y el ucraniano se explican por las relaciones históricas entre estos países: Rusia es un Imperio que quiere colonizar a Ucrania; Ucrania tiene que defenderse y, a pesar de ser más débil, emprende la lucha. La historia de Don Quijote como símbolo de la resistencia contra el imperialismo, soñador pero con poco sentido práctico en sus rasgos generales, se inscribe bien en la historia del nacionalismo ucraniano. Sus teóricos y prácticos del siglo XX, tales como D. Dontsov, V. Lypynskiy, M. Jvyliovyi, Y. Sherej, Ye. Sverstiuk, etcétera, crearon sus propios mitos quijotescos. Las imágenes del Caballero de la Triste Figura y su escudero se encuentran en muchísimas obras literarias ucranianas, y se reconocen en las biografías de muchos ucranianos. En la guerra actual en el Donbas, el mito de Don Quijote renace otra vez. ¿Por qué no podemos comparar las tropas de los terroristas y los soldados rusos con la realidad cruel y cínica que ataca a Dulcinea-Ucrania? Otra vez Don Quijote ucraniano anda a cuerpo descubierto contra el gigante bien armado. Así es la triste realidad histórica ucraniana, que en cada nueva etapa produce nuevos Don Quijotes.

En el mito nacionalista ucraniano de Don Quijote y Sancho Panza hay aspectos tanto positivos como negativos. Los rasgos positivos son el heroísmo, la abnegación, la fuerza de voluntad, la resistencia… aspectos que encarna el personaje cervantino y que demuestran los ucranianos. Pero Don Quijote no sabe vencer porque le faltan capacidades organizadoras, disciplina, talento estratégico. Es el símbolo de la debilidad de las élites ucranianas que se comportan como Sancho Panza y no como Don Quijote. Dontsov hizo de Sancho Panza un anti-héroe que simboliza la decadencia de la clase gobernante de Ucrania. Los representantes de esta clase siempre buscan ventajas, beneficios, dinero, y por esto siempre están listos para pactar con las fuerzas antiucranianas. La historia más reciente de Ucrania, incluso la del Maidán y del conflicto en el Donbas, otra vez ha confirmado que esta lectura de la imagen de Sancho Panza sigue siendo actual.

¿Cuál cree que es el mito fundacional de la nación ucraniana? ¿A qué bases ideológicas, sociales y culturales responde?

Es la pregunta más difícil porque, según mi opinión, el problema de Ucrania es que no existe un mito fundacional de la nación ucraniana que sea reconocido en toda la nación. Esto significa que la nación ucraniana, como una comunidad inventada de la que habló B. Andersen, tampoco existe. Entiendo bien que mi respuesta no va a gustar a nadie pero así veo la situación en Ucrania.

Hay grupos de población bastante grandes que han creado sus propios mitos. La gente que vive en el Oeste de Ucrania quiere identificarse con Europa y reinterpreta la historia y la cultura ucraniana como parte de la narrativa europea. La gente en el Este y en Crimea siguen viviendo en la Unión Soviética o tienen ganas de regresar a la URSS idealizada. Hay muchos ucranianos que se identifican con valores tradicionales del siglo XIX. Hay nativistas que llaman a regresar a la época precristiana y a restaurar los valores de la sociedad pagana. De esta manera, tenemos un conjunto de narrativas que llevan a distintas direcciones. Hay muchos matices entre lo blanco y lo negro, y hay zonas grises donde crecen mitos desconocidos.

Estas peculiaridades culturales, estas búsquedas constantes de la propia identidad, que España entiende mejor que ningún otro país en Europa, son la fuerza y la debilidad de Ucrania. La fuerza, porque es variedad, diálogo, libertad; la debilidad, porque es falta de coordinación, de centralización. El señor Putin, con sus “hijos”, se aprovecha de esta debilidad, pero nos ayuda a ser nosotros como nación. El mito fundador nacional está forjándose ante nuestros ojos. ¿Cuál será este mito? ¡Veremos bastante rápido en qué se encarna o Ucrania dejará de existir!

¿Qué representa el Holodomor hoy en la relación entre Ucrania y Rusia?

Los ucranianos insisten en el hecho de que el Holodomor fue organizado por el partido comunista de la URSS para destruir la nación ucraniana. Es el acontecimiento histórico providencial que determina todo el destino de Ucrania. Por esto el Holodomor se ha hecho el elemento central de la religión cívica ucraniana: el que rechaza que el Holodomor fue un acto antiucraniano rechaza a Ucrania como nación. Los rusos reconocen el Holodomor, pero lo interpretan como parte de otros Holodomors que tuvieron lugar espontáneamente en 1932-33 en distintas zonas de la URSS: en Rusia, en Ucrania, en Kazajia, etcétera. Es un crimen contra toda la población, contra los campesinos, pero no tiene matiz nacionalista, como genocidio de un pueblo concreto. Las dos interpretaciones que he citado son parte de dos narrativas globales yuxtapuestas: el nuevo mito fundador que se forja en Ucrania y el proyecto neo-imperialista ruso. En breves palabras, es el tema del combate histórico y cultural.

Una figura muy admirada y respetada entre el anarquismo español, que durante nuestra guerra civil sufrió la represión de partidos marxistas vinculados a la Unión Soviética, es el ucraniano Nestor Makhnó, quien también combatió contra los “rojos” y los “blancos”. ¿Qué puede decirnos de Makhnó y su influencia en el movimiento libertario español?

Es un tema muy complejo y muy bien estudiado. A los que leen ruso, les puedo aconsejar los libros del historiador Aleksandr V. Shubin. En sus estudios, compara el anarquismo español y ucraniano, y llega a la conclusión de que en ambos países los anarquistas elaboraron un modelo de modernización más humana y más efectiva que la modernización comunista, fascista o capitalista. También puedo aconsejar una buena película documental con subtítulos castellanos: Nestor Makhnó, un campesino ucraniano, que presenta la biografía de este hombre destacado en el contexto de su época y su ambiente natural –la ciudad de Guliai-Pole.

No quiero relatar los hechos de su biografía que cada persona puede encontrar en la red. Quisiera comentar que la propaganda soviética demonizaba a Nestor Makhnó, pintándolo como un hombre cruel y loco. Así fueron las primeras imágenes de él en las películas que vi en mi niñez. En realidad, fue uno de los reformadores más grandes del siglo XX, con ideas originales y productivas. Tuve que emplear mucho tiempo y esfuerzo para romper los estereotipos acerca de él impuestos por la cultura popular soviética. Hoy, Nestor Makhnó, para mí, es un individuo típicamente ucraniano. Muchos ucranianos son como él: prefieren la autogestión a las instrucciones desde arriba, se hacen voluntarios, creen en la solidaridad horizontal y aspiran a que el Estado sirva a sus ciudadanos.

Nestor Makhnó dejó una huella muy profunda en el movimiento libertario español. A fines de los años 1920 y a principios de los años 1930 participaba en los debates acerca de la teoría del anarquismo en España. En su carta a sus compañeros Carbó y Pestaña, fechada el 29 de abril de 1931, el revolucionario ucraniano llama a sus camaradas a que hagan todo los posible para apresurar el proceso revolucionario en la España de la Segunda República mediante “la agrupación de las fuerzas anarquistas”, a través del proyecto de “instaurar, en su momento, órganos de autogestión económica y social, así como fuerzas armadas para la defensa de las conquistas sociales revolucionarias”. Traicionado por los bolcheviques durante la guerra civil rusa, previno contra la unión con ellos: “Imagino que los bolcheviques españoles serán buenos imitadores de sus colegas rusos. Seguirán los pasos del jesuita Lenin o incluso los de Stalin, no dudando en establecer su monopolio sobre todos los resortes de la revolución, de cara a establecer el poder de su partido sobre el territorio, los efectos de lo cual nos son familiares por el vergonzoso ejemplo de Rusia: el silenciamiento de todas las tendencias revolucionarias y el fin de la independencia de las organizaciones de los trabajadores”. Como señala Aleksandr Shubin, Nestor Makhnó predijo los acontecimientos de la guerra civil española, respecto a que los bolcheviques darían una puñalada por la espalda de sus aliados anarquistas, de la misma manera que lo hace Putin con Ucrania. Los anarquistas españoles ofrecieron a Nestor Makhnó dirigir una insurrección en el norte de la península, pero él rechazó la oferta. Durante la guerra civil española una de las brigadas anarco-sindicalistas llevaba el nombre de Nestor Makhnó en la lucha contra Franco.

Y para finalizar, en el actual conflicto que acontece en Ucrania, más allá de las figuras simplificadas en la Europa occidental de “pro-rusos” y “pro-europeos”; ¿Qué otras posturas políticas adquieren hoy fuerza en el panorama político ucraniano?

Para la Ucrania de hoy el problema más urgente es su propio Estado. Hay muchos voluntarios que entregan sus vidas por el país. Somos testigos de la movilización increíble de las energías, pero la conducta de los diputados, ministros, oficiales, etcétera, casi no cambia o cambia muy lentamente. Son los mismos burócratas que viven en su propio mundo a los que la guerra no les toca: ellos siguen recogiendo sobornos, controlan la situación económica con métodos tan ineficaces que el país siempre está al borde del colapso, etcétera. La vida de cada individuo para ellos no tiene ningún precio, nunca lo ha tenido. Las decisiones de estos dignatarios en los frentes llevan a desastres y pérdidas inútiles. Puedo nombrar muchos otros ejemplos de la impotencia del poder ucraniano. En muchos casos tengo la sensación de que el Estado es más peligroso que los terroristas y las tropas rusas; o que estamos llevando dos guerras a la vez: una, la de Ucrania contra los terroristas y las tropas rusas en el Donbas, y la otra, la de la sociedad ucraniana contra el Estado ucraniano. La sociedad cívica se ha despertado pero no ha aprendido a controlar el sistema estatal ucraniano, que sigue reproduciendo los métodos inhumanos de resolver problemas: en vez de proteger a los ucranianos, les roba lo último que tienen. Es el camino al tercer Maidán. Es lo que espera Putin. De tal modo, la postura política más importante de hoy es hacer funcionar al Estado ucraniano de un modo más o menos adecuado.

Anuncios