Marta Ter :::: En las operaciones antiterroristas en Rusia, a menudo la población civil es la principal víctima. Lo han podido constatar recientemente los habitantes de Vremenny, un pueblo situado en las montañas del Cáucaso, donde una de estas operaciones acabó perturbando la vida a todos ellos.

En esta región de Rusia, el Cáucaso norte, actúa un grupo yihadista cuyo objetivo es establecer en la zona un estado independiente basado en la sharia. La población civil se ve a menudo atrapada entre el terrorismo yihadista y la represión de las fuerzas de seguridad que, como denuncian diversas oenegés, acaba repercutiendo en los civiles.

Todo comenzó el 18 de octubre del 2014. El pueblo fue rodeado con tanques, y militares rusos anunciaron a los vecinos que registrarían todas las casas y que tenían que abandonar el pueblo de inmediato. Detuvieron a cuatro hombres, tres de ellos fueron liberados pero uno de ellos está desaparecido.

«Nos marchamos deprisa, sin tiempo de coger ropa ni nada; pensábamos que volveríamos pronto, pero al final pasamos más de dos meses fuera de casa sin que el Gobierno nos diera ninguna explicación ni ninguna ayuda ni información sobre lo que sucedía», explicó una mujer del pueblo. La mayor parte de los residentes de Vremenny se fueron a vivir a casa de parientes o amigos que, hasta hoy, les han proporcionado techo, ropa y comida.

Finalmente, el 26 de noviembre, los militares se fueron y los vecinos decidieron volver a ocupar su casa, pero para muchos, la casa había

desaparecido. El pueblo no parecía el mismo que habían dejado atrás hacía dos meses y medio. Al menos 16 casas habían sido arrasadas por completo, y otras 40 estaban semidestruidas. En el interior de los hogares no quedaba casi de nada: los ordenadores y casi todos los electrodomésticos habían desaparecido, mientras que otros objetos de valor los hallaron destrozados por las calles, o lanzados al río. Los coches de los habitantes del pueblo estaban desvalijados. E incluso los árboles frutales, fuente de ingresos principal de algunas familias, habían sido arrancados de raíz.

Pillaje oficial

Los edificios públicos también habían sufrido el pillaje de las fuerzas de seguridad: los ordenadores de la escuela habían desaparecido, al igual que las medicinas y el instrumental médico del hospital. Tienen pruebas de que algunos objetos fueron revendidos por los militares en las localidades vecinas.

La gente de Vremenny no entiende el porqué de tanta devastación: «comprendemos que durante una operación antiterrorista se produzcan desperfectos, pero aquí ha habido una destrucción gratuita y expresa de nuestras propiedades», se queja Aminat.

Los afectados han presentado quejas a diferentes instituciones pero no han conseguido nada. La única consecuencia ha sido recibir llamadas de agentes de los servicios de seguridad rusos que los amenazan para que dejen de denunciar lo ocurrido. El abogado que representaba a los habitantes de Vremenny fue atacado a principios de febrero por cinco hombres en el exterior de los juzgados y tuvo que ser hospitalizado por la paliza recibida. A día de hoy, ninguno de los asaltantes ha sido detenido

Con operaciones como esta, la lucha antiterrorista solo consigue radicalizar a la población. Tal y como explicó Aminat: «Nuestros hijos no se sienten ciudadanos rusos, aquí nadie respeta nuestros derechos. La única explicación es que no quieren que el bosque se vacíe de combatientes».

Fuente: El Periódico.
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