Desde Observatorio Eurasia presentamos la primera parte de la entrevista a Oleksandr Pronkevych, hispanista ucraniano y director del Instituto de Filología de la Universidad Estatal Petro Mohyla del Mar Negro. En esta entrega, el profesor analiza el papel que juegan los mitos de la Guerra Civil Española y “La Gran Guerra Patriótica” (II Guerra Mundial) en el actual conflicto que enfrenta al gobierno de Kíev con las milicias “pro-rusas” del Este.

Algunos de los acontecimientos que suceden en el actual conflicto ucraniano remiten -acertádamente o no- a la Guerra Civil Española. En este contexto, activistas españoles, enarbolando la bandera de la II República y aludiendo a las Brigadas Internacionales, acuden al Este de Ucrania a combatir junto a las milicias. ¿Qué importancia tiene el imaginario antifascista en la situación bélica de Ucrania?

La retórica antifascista se usa de una manera muy activa tanto en Ucrania como en el Donbas y en Rusia, pero en cada caso el concepto “fascista” se entiende de un modo distinto. En la Ucrania que lucha por la integridad de su territorio es un sinónimo del putinismo, que se basa en la ideología del “mundo ruso”, en la doctrina que consiste en un estalinismo renovado, imperialista y nacionalista, así como en los postulados tradicionalistas de la iglesia ortodoxa del Patriarcado de Moscú. Es una ideología totalitaria, a la que la palabra “fascismo” conviene perfectamente.

Para la propaganda rusa y los ideólogos del Donbas y Luhansk el fascismo ucraniano es el nacionalismo o el patriotismo. De esta manera, todos los ucranianos son banderivtsi, culpables de la colaboración con Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. Como ha indicado E. Smith, la identificación del nacionalismo con fascismo u otro tipo de ideología es un error y, en el caso de la propaganda rusa, además se trata de una manipulación de significados.

Otro aspecto semántico del concepto “fascista” usado por los “pro-rusos” es “el fascismo norteamericano”. En este contexto, se recurre al golpe de estado en Chile en 1973. Desde el principio del conflicto, en las “Repúblicas Populares de Dontesk y Luhansk” se llama “junta” al gobierno de Kíev. No estoy seguro de si mucha gente asociará “la junta de Kiev” a “la junta de Pinochet”. Igualmente, de vez en cuando se encuentran referencias al fascismo en el contexto de la guerra civil española: el lema “No pasarán” se pueden oír en los dos campos del conflicto.

Veo por lo menos tres razones que explican la participación en la guerra de los españoles que enarbolan la bandera de la Segunda República en el Donbas: 1) es el “agradecimiento” a la URSS por la ayuda en el pasado, 2) la identificación del ejército y los voluntarios ucranianos “con el fascismo norteamericano”, el imperialismo “enemigo” de la izquierda española y 3) la ignorancia enorme de los españoles de lo que pasa en realidad en Ucrania.

Sobre el imaginario antifascista hay que constatar también que en la estilística de presentar imágenes, consignas, anuncios, etcétera, por parte de la propaganda pro-rusa y pro-ucraniana se notan diferencias esenciales. En Rusia y en el Donbas el imaginario “antifascista” es siempre brutal, muy cruel, muy manipulativo desde el punto de vista visual. Su objetivo es destruir al enemigo desde el punto de vista emocional, canalizar las energías negativas contra el oponente –Ucrania en general– y realizar el proceso de enervamiento de la conciencia colectiva no solamente en el Donbas sino en Rusia. El estilo de la propagada es agresivo y a la vez primitivo. La idea principal es convertir a los terroristas del Donbas y a los rusos (que oficialmente están ausentes en la zona del conflicto) en caballeros de la lucha contra el “fascismo ucraniano” (contra los banderivstsi). Para convertir en “fascista” a cada ucraniano y presentar al ejercito como castigadores, la propaganda rusa exagera crímenes contra civiles, inventa historias sobre su crueldad inhumana, imitando escenas de películas bélicas. En la pantallas de televisión aparecen chicos crucificados, mujeres embarazadas violadas, casas quemadas o destruidas por bombardeos, testimonios de barbaridades de los “ukros” (una palabra menospreciativa que se usa para llamar al ejército ucraniano), etcétera.

Los medios ucranianos no tratan a sus públicos de un modo tan cínico. Los crímenes de los “fascistas rusos” se demuestran con menos naturalismo. Se dice más del fascismo del régimen político en Rusia en general y se subraya que Putin tiene la culpa de todo porque es un Hitler actual: “Putler” (Putin+Hitler). Actuando de una manera más humana la propaganda ucraniana deja más espacio para la conciencia crítica.

Algo parecido sucede también entre el nacionalismo ucraniano de derechas y las ideas de Primo de Rivera, que parece que a día de hoy siguen funcionando en el país. ¿Qué puede contarnos de ello?

Sí, las ideas de Primo de Rivera hoy siguen funcionando en Ucrania pero no tienen mucha difusión. Esta tradición surgió en el nacionalismo ucraniano de los años 1920-30, cuando la nación moderna se formaba en un contexto colonial: una parte del país pertenecía a Polonia, y la otra a la URSS, bajo el nombre de República Socialista Soviética de Ucrania. En aquella época los intelectuales veían en las doctrinas de Mussolini o de la Falange un instrumento efectivo en la lucha contra el colonialismo soviético y polaco. Dmytro Dontsov, uno de los padres del nacionalismo ucraniano integral, conocía las ideas del mismo José Antonio Primo de Rivera, o las de Unamuno y Ortega y Gasset interpretadas desde el punto de vista falangista. En los años treinta los ucranianos de Galicia y otras zonas occidentales participaron en la guerra civil española en el bando nacional, porque odiaban al comunismo y pensaban que el franquismo era una variante del nacionalismo militante que los ucranianos debían imitar. La Independencia ucraniana renovó las simpatías por las personalidades y las teorías de José Antonio Primo de Rivera y Franco, cuyos nombres figuran en los listados de precursores de la idea ucraniana actual en páginas web de algunos grupos nacionalistas como “Tryzub” o “Nasha Varta”.

Otra cosa es que estos grupos estén presentes en las tropas que luchan en el Este y en la vida política ucraniana; si lo están son una minoría. La mayoría del ejercito ucraniano regular y de los voluntarios no sabe nada de José Antonio ni de fascismo de cualquier tipo. Muchos, ni siquiera son nacionalistas. Son ciudadanos que defienden sus casas contra la destrucción completa que amenazan los terroristas de Donetsk y Luhansk. Aunque se puede encontrar la huella de las ideas de la Falange en la conciencia de la derecha ucraniana, no debemos exagerar este hecho como factor que define la motivación de los ucranianos para ir a la guerra contra los bandidos del Donbas, los esbirros de Putin y el ejército ruso encubierto que les apoya.

Sin embargo, Falange Española de las JONS ha emitido un comunicado criticando que el Maidán fuera tomado por “grupos extremistas apoyados, organizados, entrenados y armados por el entremado de las organizaciones de países de la OTAN”, insinuando que el nacionalismo ucraniano es cercano a los postulados económicos de Estados Unidos y de la Unión Europea, contrarios al fascismo internacional. ¿Hay algo de cierto en la complicidad entre partidos como Svoboda y la OTAN?

El documento que cita usted repite los argumentos de la propaganda de Putin contra el Maidán y justifica la invasión rusa. Falange Española de las JONS ve la solución al conflicto en “el abandono del poder ocupado ilegalmente por las bandas golpistas pro-OTAN. De no hacerlo, se hará inevitable la intervención militar de la Federación de Rusia en defensa de sus intereses nacionales y de las minorías rusas en Ucrania”. Según mi opinión, el comunicado ignora las verdaderas razones de la insurrección popular contra el régimen de Yanukóvich y confirma el hecho de que las ideologías de Falange Española de las JONS y del putinismo son hermanas.

Svoboda ha asimilado algunos tropos retóricos de la Falange y del franquismo. Por ejemplo, el concepto de la Guerra Civil Española como nueva Reconquista u otra cruzada contra el comunismo y la URSS. Desde esta postura no ha de extrañar que Svoboda vea en la OTAN un recurso para liberarse de Rusia y para convertir Ucrania en un país europeo. Además, cada día está creciendo el porcentaje de los ucranianos de prácticamente todas corrientes ideológicas que quieren que Ucrania entre en la OTAN. Esto ocurre por razones totalmente prácticas: el país no tiene un ejército lo suficientemente fuerte como para defenderse de los terroristas en el Este, apoyados por la Federación Rusa, y busca a unos aliados potentes en los que apoyarse.

Según pudimos saber, en las últimas elecciones los ucranianos residentes en Madrid votaron mayoritariamente a Svoboda. ¿Por qué cree que la extrema derecha tiene tanto éxito entre los emigrantes ucranianos tras el Maidán?

Esto pasó en España porque está lejos de Ucrania. Además, los ucranianos en España votan a Svoboda porque entre ellos hay un alto porcentaje de la zona occidental, donde Svoboda tiene más electorado que en otras partes del país. Pero en estos momentos, en Ucrania, Svoboda no tiene mucho apoyo. En las últimas elecciones parlamentarias de 2014, Svoboda obtuvo el 4.7 % de los votos, y no pudo entrar en el parlamento. En las elecciones de 2012 mucha gente votó a Svoboda porque vio en este partido un factor de resistencia. La gente votó contra el Partido de las Regiones, pero cuando el régimen de Yanukóvich fue derrumbado, Svoboda perdió casi toda su influencia. Ahora en Ucrania es un partido casi minoritario porque su extremismo y provincianismo político no convence a los ucranianos.

¿Qué importancia tiene el imaginario de la II Guerra Mundial en el discurso de Vladímir Putin?

Es el recurso retórico muy frecuente. Putin hace todo lo posible para convencer a sus compatriotas de que ellos son los únicos herederos de la Victoria sobre el fascismo. En Rusia se usa mucho el concepto de “La Gran Guerra Patriótica”. Es la guerra de la URSS contra Alemania entre 1941 y 1945. La tendencia de reemplazar “La II Guerra Mundial” por “La Gran Guerra Patriótica” surgió en la URSS como instrumento ideológico de glorificación de las victorias del Partido Comunista y el pueblo soviético unido, independientemente de las naciones. Putin y sus ideólogos siguen practicando esta distinción de conceptos tratando de convertir “La Gran Guerra Patriótica” en el acontecimiento histórico identificador de los estados satélites de Rusia, para intentar recuperar el Imperio, que sería una síntesis de todo lo mejor del viejo Imperio Ruso destruido los bolcheviques y de una URSS nostálgicamente idealizada. Sin “La Gran Guerra Patriótica” sería imposible la nueva identidad rusa imperial. Por esto la celebración de la victoria en “La Gran Guerra Patriótica” se ha hecho un culto de la religión cívica de la Rusia actual.

Es de donde crecen las fuerzas del espíritu del pueblo ruso que debe oponerse al mundo occidental que le pretende humillar. Estos son los puntos de partida principales de Putin cuando desarrolla el discurso de “La Gran Guerra Patria” en la dimensión geopolítica global, por oposición a la Alemania de Merkel que lidera la Unión Europea. Si hablamos de la situación en Ucrania, podemos ver cómo este modelo mesiánico funciona a nivel más o menos local. Para responder esta pregunta cito el artículo de Iván Kurilla “El lenguaje histórico del poder en el año 2014”. El autor indica que Vladímir Putin describe la situación en Ucrania con el vocabulario de “La Gran Guerra Patriótica”: los soldados ucranianos son castigadores (“каратели”) o los nazis y los terroristas del Donbas son milicianos populares (“ополченцы”). De tal modo, el conflicto en Ucrania está integrado en un discurso histórico-militar. Es un episodio más de la guerra que durante muchos años Rusia estuvo llevando contra el fascismo. Otros episodios son la Guerra Civil Española, el apoyo del pueblo chileno en la lucha contra Pinochet… ahora es la guerra contra “el fascismo ucraniano”.

¿Y en Ucrania? ¿Es utilizado también este discurso? ¿En qué sentido? ¿Cual es la memoria histórica de la Gran Guerra Patriótica en Ucrania?

El discurso de “La Gran Guerra Patriótica” también tiene raíces profundas en Ucrania. Es parte inseparable de la memoria soviética común. Por esto, representantes de la ideología pro-soviética y pro-rusa dentro de Ucrania siempre están preocupados por proteger esta memoria contra influencias destructivas del mundo globalizado. Los políticos de la orientación ucraniana también tienen que tomar en cuenta esta memoria para no traumatizar a la gente que se identifica con Ucrania pero sigue creyendo en la mitología histórica soviética. Es curioso que en los discursos políticos de ambas partes del conflicto se observan situaciones en las que los mismos símbolos que se remontan a “La Gran Guerra Patriótica” se usan para establecer la hegemonía de ideologías opuestas. Por ejemplo, algunos políticos en Ucrania aún llaman al conflicto en el Este “La Guerra Patriótica ucraniana”, que a mí personalmente me parece un poco -retóricamente- arriesgado.

Al mismo tiempo la Ucrania actual trata de reemplazar el discurso de “La Gran Guerra Patriótica” por el discurso de la II Guerra Mundial. Esto ocurre debido a la situación histórica contradictoria del país. El problema es que la Segunda Guerra Mundial en Ucrania coincidió con la guerra de liberación llevada a cabo por nacionalistas ucranianos que luchaban contra Stalin y Hitler. De hecho, muchos veteranos de aquella guerra y ciudadanos del país que viven en la parte occidental rechazan el concepto de “La Gran Guerra Patriótica” porque lo consideran el símbolo de la ocupación soviética. En estos momentos, los historiadores, políticos e intelectuales de Ucrania buscan métodos para reconciliar estas dos narrativas históricas yuxtapuestas, pero no han tenido gran éxito. El discurso de la II Guerra Mundial no está unificado, y refleja el conflicto de las narrativas históricas y el conflicto identitario que existe dentro de la misma sociedad ucraniana.

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