Adrián Tarín :::: El pasado 20 de diciembre, el que fuera emir de la provincia (vilayat) del Daguestán, Rustam Asilderov (también conocido como Abu Muhammad al-Qadri), publicó un vídeo en Youtube en el que comunicaba su juramento de adhesión (bay’ah), junto a otros cargos destacados de la región, a Abu Bakr al-Baghdadi, líder y califa del Estado Islámico (IS). Desde que en septiembre del año pasado el  IS amenazó personalmente al presidente Vladimir Putin con “volver contra él” los aviones vendidos a su homólogo sirio Bashar al-Assad para “liberar Chechenia”, se han publicado algunas informaciones que vinculaban a musulmanes del Cáucaso Norte con la nueva organización panislamista. Algunas de ellas, como el papel destacado que juegan en el frente sirio e iraquí los chechenos Muslem al-Shishani y Omar al-Shishani, este último dado por muerto por el actual presidente “proruso” de Chechenia, Ramzán Kadírov, ya han sido comentadas en el Observatorio. Sin embargo, hasta hoy no se conocían deserciones en el aparato del Emirato del Cáucaso (EC) hacia el IS, y mucho menos de la magnitud de este último movimiento.

La reacción por parte del EC no se ha hecho esperar. La Corte Suprema del Tribunal de la Sharia del Daguestán, cuya figura más visible es el Emir Abu Usman, ha emitido un dictamen el que califica la nueva militancia de Asilderov como una traición a su juramento de lealtad al EC, así como de provocar la división entre los muyahidín y un posible baño de sangre. Por su parte, el Emir del EC, Ali Abu Muhammad, emitió otro vídeo una semana después del de Asilderov, en el que reproducía parte de las acusaciones realizada por el Tribunal de la Sharia daguestaní, y al que atribuye a falta de conocimientos coránicos su decisión -hay que recordar que Ali Abu Muhammad fue, también, juez islámico (qadi).

Esta confrontación pública resulta de interés, ya que, entre otras conclusiones, podemos señalar dos de gran importancia: (1) Que el atractivo del IS penetra, aún no sabemos con qué fuerza, en las filas de organizaciones ajenas y consolidadas como el EC; (2) Que si alguna vez hubo algún indicio de posible colaboración entre el IS y el EC para “liberar Chechenia”, se ha esfumado. Anteriormente ya expresé mis dudas, basándome en la experiencia histórica de desencuentros entre los dirigentes de la insurgencia chechena y Al-Qaeda, acerca de que pudiera haber una campaña conjunta de ataques entre IS y EC contra Rusia: la deserción de Asilderov y la cotundente y pronta condena de los organismos más importantes del Emirato (su dirigencia y los tribunales islámicos), refuerza este análisis.

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