Miguel Vázquez Liñán ::: Boletín “Caucasus News”, nº 45, noviembre 2014 :::: El próximo 15 de diciembre, el Tribunal Supremo de Rusia estudiará la petición del Ministerio de Justicia de ese país, en la que se solicita el cierre de la organización de memoria histórica y defensa de los derechos humanos “Memorial”.

Memorial es una organización dedicada a preservar la memoria histórica y, en especial, a la investigación y divulgación de la represión política durante los años de la Unión Soviética. Al mismo tiempo, se ha destacado por su labor en la defensa de los derechos humanos, especialmente en zonas de conflicto del antiguo espacio soviético como el Cáucaso Norte. El papel de Memorial, por ejemplo, en la denuncia documentada de las atrocidades cometidas en Chechenia en los últimos veinte años ha sido (y sigue siendo) de incalculable valor. Lo mismo ocurre con los informes de Memorial sobre las violaciones a los derechos humanos en Ucrania durante los últimos meses. Y han pagado caro por el contenido de sus análisis; con permanentes amenazas a sus investigadores, dificultades de todo tipo para realizar su trabajo y el asesinato de algunos de sus miembros, como el de Natalia Estemírova, en 2009.

Memorial nació al final de la Perestroika por iniciativa de un puñado de disidentes soviéticos, entre los que se encontraba Andrei Sájarov. Candidata en varias ocasiones al Nóbel de la Paz, la organización ha sido siempre incómoda para el Kremlin. Si la denuncia permanente de las violaciones a los derechos humanos en la Rusia de hoy no les ha granjeado el beneplácito de las autoridades rusas, su reivindicación de las víctimas de la represión soviética tampoco les han hecho más fáciles las relaciones con el poder.

Sede de Memorial en Moscú con la pintada "agente extranjero"
Sede de Memorial en Moscú con la pintada “agente extranjero”

“La verdad sobre el pasado, por el presente y el futuro” era uno de los eslóganes de los primeros años de vida de Memorial. Hoy, cuando el Kremlin propaga un pasado del que hay simplemente que sentirse orgulloso, sin lugar para el análisis ni la crítica, el trabajo memorialista de la organización no pasa desapercibido para las autoridades. Desde Memorial se ha denunciado recurrentemente esta relectura propagandística del pasado, se han puesto en marcha museos, exposiciones, archivos y un sinfín de publicaciones que la han convertido, con más de un cuarto de siglo a sus espaldas, en la Organización No Gubernamental rusa más conocida y de mayor prestigio, tanto dentro como fuera de Rusia.

Hace unos meses, Memorial tuvo que registrarse como “agente extranjero“, denominación de origen soviético rescatada por el gobierno ruso para aquellas organizaciones que reciben subvenciones desde más allá de las fronteras rusas. A nadie se le escapa que es ésta una forma de “marcar” a dichas asociaciones como una suerte de quinta columa que trabaja para los enemigos de Rusia (léase, Estados Unidos y la Unión Europea). Ahora, por un supuesto problema en los estatutos de la organización, el Ministerio de Justicia amenaza con cerrarla.

Es el momento de alzar la voz en favor de actores sociales como Memorial, tan necesarios para la ciudadanía rusa, hoy huérfana de voces críticas que lleguen sin censura a amplias capas de la población. Rusia necesita a Memorial; el Kremlin no debería poder salirse, una vez más, con la suya.

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