Miguel Vázquez Liñán ::: Especial “Caucasus News” X Aniversario Observatorio Eurasia :::: En los últimos años se ha ido configurando una corriente de opinión que ve la política exterior del gobierno ruso como una “alternativa” a la agresividad de la diplomacia estadounidense y de la Unión Europea. No obstante, una mirada atenta a las acciones del Kremlin más allá de sus fronteras nos invita a pensar que no existe tal alternativa. De hecho, el “atractivo” que para algunos parece tener el papel del gobierno de Putin en las relaciones internacionales actuales se explica, entiendo yo, mejor por el deseo que muchos tienen de que alguien “plante cara” a Washington, que por el propio contenido de las políticas de Moscú.

La lectura de los documentos editados por los tradicionalistas de Rusia Unida (el partido que sostiene al gobierno ruso) nos ofrece una mezcla poco novedosa de ideas imperiales, que incluyen la convicción de que Rusia tiene una misión histórica “excepcional” que cumplir en el mundo, planteamientos políticos y morales profundamente conservadores (con la Iglesia Ortodoxa Rusa jugando un papel esencial en el control social) y actitudes autoritarias que glorifican la toma vertical de decisiones como algo “intrínsecamente ruso”.

Estas tres características de la propuesta formulada por las élites rusas (explicitadas en el proyecto de “ideología nacional” redactado por Rusia Unida) confluyen en un discurso histórico confeccionado ad hoc para justificar las políticas del presente. El uso político de la Historia, con la Segunda Guerra Mundial como gran mito nacional es central, a día de hoy, para comprender el argumentario propagandístico que, por ejemplo, se ha desplegado en los medios de comunicación rusos para apoyar la intervención en Ucrania. Y es que el discurso en el que se materializan estas ideas fluye, además, por un sistema de medios de comunicación muy concentrado empresarialmente, que no deja lugar a la disidencia.

Vladímir Putin en la ceremonia de investidura de 2012
Vladímir Putin en la ceremonia de investidura de 2012

Las consecuencias políticas de esta narrativa son muchas y, en mi opinión, políticamente desastrosas. Describiré brevemente sólo una de ellas que tiene que ver con la insistente glorificación del autoritarismo, a través de un discurso histórico que explícitamente describe las políticas autoritarias del pasado como garantes de la “paz social”, mientras que aquellos momentos en los que se produjeron movilizaciones sociales (siempre instigadas por Occidente) y cierta apertura política resultan ser, según esta argumentación, de caos, destrucción y pérdida de valores y tradiciones nacionales. Esta forma de mirar al pasado es distribuida de forma masiva, no sólo a través de los manuales escolares, sino del cine, programas televisivos, celebraciones de fiestas nacionales, etc. Repitámoslo; en la Rusia actual hay muy pocas opciones, por la configuración del sistema mediático, de que haya un discurso alternativo, lo que convierte el mensaje del Kremlin en el único capaz de “moldear” el imaginario político de la mayoría de los ciudadanos rusos, desprovistos de medios de comunicación con impacto social real para difundir visiones alternativas.

Digámoslo de otro modo: si me siento orgullosamente heredero de prácticas autoritarias, será más fácil que las tolere en el presente. Así, los proyectos políticos que proponen mayores niveles de “participación política” son tachados, por los propagandistas del Kremlin, de extraños, siempre influidos maquiavélicamente por un Occidente convertido en el enemigo.

La política exterior de EEUU y la Unión Europea ha sido tan desastrosa durante tanto tiempo, que no es de extrañar que tenga legiones de detractores, entre los que me cuento. No obstante, quizás la salida ideal (no hay salida ideal) no sea aplicar literalmente la máxima de “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”: nos podemos encontrar con compañeros de viaje iguales o peores que los que decimos combatir.

Este artículo es un resumen de la ponencia realizada por Miguel Vázquez Liñán para las Jornadas del X Aniversario del Observatorio Eurasia, celebradas en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla el 9.10.2014.
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