Antonia Ceballos Cuadrado ::: Especial “Caucasus News” X Aniversario Observatorio Eurasia :::: 8.961 personas desaparecieron durante la dictadura argentina (1976-1983) según los datos del Informe Nunca Más (1) de la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (2)). La Argentina de 1976 tenía aproximadamente 23 millones de personas, lo que significa que uno de cada 2.500 argentinos desaparecieron a manos de agentes estatales. En Chechenia, el horror aún no ha sido cuantificado de manera fiable, pero aceptando la cifra de 5.000 desaparecidos sólo entre 2000 y 2008 y teniendo en cuenta que en 1999 la población rondaba el millón de personas; al menos uno de cada 200 chechenos habría desaparecido durante la segunda guerra chechena. Tantas víctimas no deberían caer en el olvido.

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de desaparición forzada? El delito de desaparición forzada ha sido definido en diversos textos internacionales: Declaración sobre la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas (1992), Convención Interamericana sobre desaparición forzada de personas (1994), Estatuto de Roma que establece un Tribunal Penal Internacional(adoptado el 17 de julio de 1998 y en vigor desde 2002) y la Convención Internacional para la protección de todas las personas contra desapariciones forzadas (2007). La lectura de la definición de Desaparición Forzada en dichos textos nos permite advertir los siguientes elementos comunes en el concepto de desaparición forzada:

1. La privación de libertad.
2. La intervención para ello de agentes del Estado o personas que cuentan con su aquiescencia o apoyo.
3. La falta de información y/o negativa a admitir la privación de libertad.
4. La indefensión jurídica del desaparecido.

Estas cuatro características principales definen un crimen que entra dentro de una “modalidad particularmente grave y compleja de violación de los derechos humanos” (3) que se caracteriza por:

– Ser usado como herramienta política.
– Ser un crimen imprescriptible al tratarse de un crimen continuado que no finaliza hasta que no aparece el desaparecido.
– Producirse en un contexto de violación masiva y generalizada de los derechos humanos.
– Ser un delito complejo, múltiple y acumulativo que atenta contra numerosos derechos, especialmente del núcleo duro (el derecho a la vida, el derecho a no sufrir torturas ni tratos inhumanos o degradantes, la prohibición de la esclavitud o la servidumbre y el principio de legalidad penal) y que se perfecciona con la falta de información sobre el desaparecido que lo deja en una situación de indefensión jurídica. Para que haya desaparición forzada siempre tiene que darse la privación de libertad y la falta de información.
– Convertir a los familiares y a la sociedad en víctimas al vulnerar el derecho a la verdad.
– Ser responsabilidad del Estado.
– Ser un crimen muy difícil de probar.

Tal y como ya hemos dicho, al menos uno de cada 200 chechenos ha desaparecido. Esta cifra nos da la dimensión del horror. Un horror masivo, sistemático y grave, si nos permitimos robarle estos adjetivos a Marco DIVAC (4). Masivo porque comprende un gran número tanto de violaciones como de víctimas (directas, indirectas y potenciales); sistemático porque hay “una persistencia en el tiempo de violaciones estructurales” y grave porque sus efectos son irreversibles. Son muchos los chechenos que después de su paso por los campos de filtración han quedado sordos, han perdido movilidad, les ha sido amputado algún miembro, etc. A ésos, a los que pueden contarlo, si el miedo les deja, hay que sumar todos los chechenos desaparecidos cuyos cuerpos pueblan los numerosos osarios y fosas comunes de la república.

A lo largo del conflicto, los autores materiales del crimen han ido cambiando. La primera guerra sirvió de macabro ensayo de lo que se viviría en la segunda. Durante el convulso período de entreguerras, el secuestro acabó convirtiéndose en una más de las formas por las que las florecientes mafias conseguían lucrativos negocios.

Pero es con la segunda guerra chechena cuando podemos hablar de violaciones masivas de los derechos humanos. Todos los chechenos varones son considerados peligrosos; a veces, también las mujeres, los niños y los ancianos lo son. Nadie está a salvo porque las detenciones no siguen ningún criterio pre-establecido. Las fuerzas del orden van enmascaradas y tapan con barro las matrículas de los coches. A menudo, la gente es introducida en el sistema de filtración y la negativa es la respuesta que con más frecuencia obtendrá la familia, a menos que tenga dinero para recobrar a su familiar o para sobornar a alguien que le pueda dar alguna pista. La ley, además, está de su parte. La Ley de supresión del terrorismo, de 1998, permite a los soldados, sin limitación, entrar en las casas que consideren oportuno y realizar registros y arrestos.

Familiares de desaparecidos con las fotos de sus allegados. Fuente: Human Rights Watch
Familiares de desaparecidos con las fotos de sus allegados. Fuente: Human Rights Watch

Cuando acabaron los ataques a gran escala sobre la población chechena, comenzaron las “zachitskas”, las limpiezas. El nombre oficial de estas limpiezas es “verificación del registro de ciudadanos en su lugar de residencia y cuando se desplazan en la república de Chechenia”. Fueron masivas desde el final de las operaciones a gran escala (marzo de 2000) hasta el comienzo de la “chechenización”, aunque su período más virulento fue entre 2001 y 2002 (de hecho, la transferencia del mando de la “operación antiterroristra” al FSB, en enero de 2001, no hizo sino agravar el problema).

Unos 4000 hombres rodeaban un pueblo con los vehículos blindados durante días, impidiendo cualquier entrada y salida (incluso a los enfermos o heridos). A menudo, incluso se prohibían los movimientos en el interior del pueblo. Había soldados por todas partes, con puestos de control cada 30, 20 o incluso 10 metros. Los militares entraban en las casas, pedían los papeles, cogían lo que les parecía, golpeaban a quien querían y detenían de manera arbitraria a cualquier hombre entre 15 y 60 años; especialmente, si no tenía con qué pagar su libertad. A veces, le daban apariencia de “legalidad” colocando armas en la casa o en las manos de sus víctimas para acusarlos de ser combatientes.

Desde octubre de 2002, para evitar la “vigilancia” de la fiscalía, las operaciones de limpieza se sustituyeron por operaciones dirigidas contra personas concretas (de las que habitualmente no existen pruebas de que sean combatientes) por grupos armados y enmascarados que actúan de noche, los llamados “escuadrones de la muerte” o “limpiadores del bosque” como se hacen llamar ellos mismos.

2003 supone un punto de inflexión en el conflicto checheno y en la práctica de la desaparición forzada. Ese año se dio por terminada la “operación militar” y comenzó la “chechenización” (creación de fuerzas del orden compuestas por chechenos). Muchas personas han desaparecido en los centros de detención ilegales de estos grupos armados, especialmente en los de los Kadirovtsy (la guardia personal del presidente). La tendencia es a acortar las detenciones y a amenazar con una segunda detención si se revela alguna información sobre quién realizó la detención o dónde se produjo. Mientras tanto, Ramzam Kadírov ha ido construyendo un sistema de poder personal muy fuerte, gracias en parte a su guardia personal, a sus modos poco claros de financiación y al Kremlin que ha hecho la vista gorda ante sus desmanes.

La impunidad es “la inexistencia, de hecho o de derecho, de responsabilidad penal por parte de los autores de violaciones, así como de responsabilidad civil, administrativa o disciplinaria, porque escapan a toda investigación con miras a su inculpación, detención, procesamiento y, en caso de ser reconocidos culpables, condena a penas apropiadas, incluso a la indemnización del daño causado a sus víctimas” (5). En Chechenia, ésta es la palabra que mejor define lo que ocurre. Diversas circunstancias la favorecen:

1. Dificultad de establecer quiénes son los culpables. La mayoría de las acciones son llevadas a cabo por unidades mixtas en las que es difícil identificar quién es responsable. El artículo 208 del Código penal ruso permite suspender una investigación si no se identifica al culpable. Este artículo, utilizado sistemáticamente por la fiscalía, se ha convertido en una herramienta de la impunidad. Por ejemplo, en el caso de las desapariciones forzadas, 3 de cada 4casos se archivan por este motivo.
2. Dificultad de la prueba. Es muy difícil reunir pruebas materiales, especialmente cuando faltan médicos forenses independientes y los que existen tienen miedo.
3. La duplicidad de fiscalías (militar y civil) complica sobremanera el acceso a la justicia.
4. Miedo a denunciar y falta de fe en la justicia.

Y es que, como escribió Anna Politkovskaya en su libro Terror en Chechenia, “es muy fácil iniciar una guerra y casi imposible suprimir luego todos los monstruos que ha generado”.

— NOTAS —

[1]Disponible en <http://www.desaparecidos.org/nuncamas/web/investig/articulo/nuncamas/nmas0001.htm&gt; [Fecha de consulta: 16 de julio de 2013]

[2]La CONADEP es una organización argentina creada en 1983 por el presidente Raúl Alfonsín para investigar las desapariciones ocurridas durante los años de la dictadura militar, 1976-1983.

[3]FERNÁNDEZ, E. “Nuevos retos para el Tribunal Europeo de Derechos Humanos: la jurisprudencia sobre desapariciones forzosas”, en Persona y Derecho, 2009, 61, p.196

[4]DIVAC OBERG, M.M. “Le suivi par le Conseil de l’Europe du conflit en Tchétchénie”. Annuaire française du droit international, 2004, vol. 50, p. 762

[5]E/CN.4/Sub.2/1997/20/Rev.1, de 2 de octubre de 1997: Comisión de Derechos Humanos. Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorías 49º período de sesiones. Tema 9 del programa. Informe final revisado acerca de la cuestión de la impunidad de los autores de violaciones de los derechos humanos (derechos civiles y políticos) preparado por el Sr. L. Joinet de conformidad con la resolución 1996/119 de la Subcomisión.

Este artículo es un resumen de la ponencia realizada por Antonia Ceballos Cuadrado en las Jornadas X Aniversario del Observatorio Eurasia, celebradas en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla el 9.10.2014
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