Adrián Tarín :::: Retomando la pregunta realizada por el profesor Miguel Vázquez Liñán en su artículo Ucrania y la ‘lucha contra el fascismo’, en el que se interrogaba por la postura de los militantes antifascistas rusos ante el conflicto con Kíev, considero oportuno señalar que parte del movimiento ya se ha posicionado al respecto. Por su parte, el Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR) ha decidido colaborar sin reservas con el bando institucional -e instituido- del Este, coherentemente con la línea que tradicionalmente ha seguido ante las cuestiones nacionales y de Estado, entendidas siempre con vestigios imperiales superiores al análisis de clase. Como decimos, el PCFR posee un nutrido historial de alineamiento con el poder cada vez que el proyecto nacionalista ruso entra en disputa, como ocurrió durante la Segunda Guerra de Chechenia. Esta posición superficial obvia toda una tradición socialista y antibelicista que entiende las guerras modernas como juegos de intereses entre élites políticas y económicas que perpetúan la dominación sobre la clase trabajadora.

No obstante, en una muestra más de que en el seno de la izquierda política la estrategia institucional se haya distanciada de los movimientos sociales extraparlamentarios, varios colectivos antifascistas rusos han firmado un manifiesto denunciando la instrumentalización del antifascismo llevado a cabo por la propaganda oficial, así como denunciando la política fascista de Kíev. En él, afirman que condenan a “quienes desde la escena antifascista apoyan a los regímenes pro-rusos del este de Ucrania, creados artificialmente para desestabilizar la situación en la región”, acusando a sus nuevas administraciones de estar patrocinadas por las oligarquías local y rusa, al tiempo que utilizan a la población civil para sus “juegos políticos sucios”.  Igualmente, aclaran no “tener nada que ver con quienes proporcionan apoyo financiero o moral a las fuerzas armadas”, a quienes califican de “anti-pueblo”, “pro-fascistas” y “pro-oligárquicas”, así como reconocen que han provocado “un desastre humanitario y económico” sin tener “ninguna duda de que los líderes políticos y militares que desencadenaron el conflicto actuaron en base a sus propios fines egoístas y no en beneficio del pueblo de Ucrania”.

Subsiste bajo esta percepción un dilema moral complejo. Si bien entienden, tal y como también hemos analizado en el Observatorio Eurasia, que el actual gobierno de Kíev está tomado por una oligarquía de corte fascista, por otro lado se resisten a alinearse con una milicia instigada y participada de otros poderes militares y económicos ajenos a los intereses de la clase trabajadora, a pesar de que entre esta milicia también haya antifascistas honestos.

Llegados a este punto, en esta ocasión seré yo quien lance una pregunta esperando que algún lector/a o colaborador/a recoja el testigo. ¿Cómo debe de actuar el movimiento antifascista ucraniano, y mundial, en este conflicto? ¿Cómo se vence a un gobierno formado por reconocidos sectores de la ultraderecha que han amparado el asesinato de sindicalistas en Odessa? Una discusión que recuerda y mucho al debate que tuvieron que afrontar las milicias populares en la guerra civil española cuando hubieron de integrarse en el ejército regular republicano auspiciado por la Unión Soviética.

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