Adrián Tarín :::: Cuadernos rusos (2014; Salamandra) es más que una elegía a Anna Politkosvaya. Es un catálogo del horror, un argumentario de la “democradura” rusa. Igor nos muestra una sucesión de atrocidades, vinculadas mayoritariamente a la Segunda Guerra de Chechenia, y conectadas a través de relatos que recuerdan a Anna, como artículos de Novaya Gazeta o una entrevista con Galia Ackerman, su traductora al francés.

Es una lectura incómoda. Torturas, desapariciones, violaciones y asesinatos se suceden a través de las páginas de esta imprescindible novela gráfica. Los trazos oscuros e irregulares de Igort ambientan el torbellino de brutalidad que esconde cada página. Esta enciclopedia de la muerte que, en parte, es Cuadernos rusos, te remueve del sofá. No hay postura confortable para leer -y ver- cómo las Fuerzas Especiales rusas sierran con un alambre la dentadura de un checheno de 15 años o el encuentro de una madre con el cadáver decapitado de su hijo cuya cabeza ha sido mutilada y destrozada, en una viñeta inolvidable que se funde con el Guernica de Picasso, símbolo de la maldad humana.

guernica

Igort, en esta ocasión, retrata la Rusia de Putin como una suerte de Estado criminal a raíz del asesinato de Politkovskaya. Su investigación sobre el caso desemboca en una obra coral, en la que multitud de voces se suman para denunciar la impunidad de los inimaginables actos de violencia que componen la historia del Cáucaso Norte. Las guerras de Chechenia –en especial el secuestro del teatro Dubrovka y la escuela de Beslán o las operaciones de limpieza en Grozni y otras ciudades chechenas-, los conflictos decimonónicos o las deportaciones de los años 30 completan una novela gráfica que combina la plumilla –cuyos garabatos desdibujan los rostros y sombras de los ejecutores, atribuyéndoles un aura todavía más siniestra- con la acuarela.

Este comic periodístico y documental, que en cierta medida recuerda a lo mejor de Sacco, pretende rescatar de la memoria social una “guerra olvidada” que todavía hoy, con otras morfologías y dinámicas, continúa. Cuadernos rusos supone un azote para la conciencia colectiva. El golpe al cerrar su pesada tapa acartonada sume al lector en un meditativo e impotente silencio; uno se pregunta si frente a sus ojos ha pasado un genocidio y si hizo todo lo posible para evitarlo.

Igort (2014). Cuadernos rusos. La guerra olvidada del Cáucaso. Barcelona: Salamandra Graphic.
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