Yegor Skovoroda (Open Democracy) ::: Boletín “Caucasus News”, nº 40, mayo 2014 :::: Tres casos recientes llevados ante la justicia en Chechenia sugieren que la tortura es utilizada de manera rutinaria para persuadir a la gente para que confiese cargos falsificados.

En la capital chechena de Grozny, en la esquina de la Ulitsa Mira (en ruso significa “Calle de la Paz”) y la Avenida de Vladímir Putin, un hombre está comprado objetos de oro, y en sus carteles se lee un tentador “¡Oro, dame oro!”. La cúpula dorada de la cercana mezquita brilla con el sol de la tarde, y toda la ciudad – muy nueva y muy limpia- parece que acaba de ser sacada de su caja de regalo. Por la noche las torres del Hotel Grozny-City y del complejo de negocios se iluminan con todos los colores del arcoíris, tintinean en la oscuridad, y la multicolorida leyenda “¡¡¡CHECHENIA!!!” recorre de arriba abajo uno de los rascacielos.

El Tribunal Supremo checheno es un edificio soso tras una verja coronada con una alambrada de púas. Enfrente está el restaurante “Moscú”, con una señal en la parte de afuera con la forma del muro del Kremlin: el Kremlin vigila la justicia chechena.

Según un abogado local, el examen de los testigos en un tribunal checheno funciona más o menos así: los detectives forman una fila a lo largo del muro del tribunal, y mientras el testigo camina hacia la sala, ve las caras de todos los hombres que lo han torturado. Cuando llega a la sala, es prácticamente incapaz de hablar. El abogado recuerda un caso en el que “el acusado sólo balbuceaba y apenas podía levantar sus brazos; lo lanzaron contra el banquillo de los acusados y eso fue todo”. Fue enviado de vuelta a prisión preventiva.

Del caso de Ruslan Kutáev, ya hablamos en un número anterior de Caucasus News.

Absuelto por error

“Por lo menos ahora no le están golpeando”, dice la hermana de Alvi Abdurajmanov, Madina. Alvi fue arrestado en marzo de 2012 y acusado de allanamiento de morada y robo en una casa en Grozny, y dos meses después le dijo a su hermana que lo habían torturado durante su detención. Abdurajmanov no había tenido ningún enfrentamiento previo con las autoridades; el decorador de 25 años fue testigo involuntario en un tiroteo entre jóvenes después de una alcohólica boda, y la policía decidió arrestarlo también y colgarle el anterior crimen a él. El 25 de febrero de este año un jurado en el Tribunal Supremo de Chechenia quitó los cargos y liberó a Alvi y su compañero acusado, Magomed Akayev, y su hermana lo envió inmediatamente con sus familiares al pueblo.

“Más tarde, ese mismo día, la policía apareció en nuestro casa preguntando por él, diciendo que la absolución y la liberación habían sido un error”, dice Madina. Y las noticias de la noche reproducían la declaración hecha por Ramzán Kadírov, que estaba furioso por el veredicto del jurado. “Les cogieron y confesaron, y luego esta panda va y lo declaran no culpable. ¿De qué va todo esto?”, se preguntaba Kadírov, asegurando que algunos miembros del jurado habían sido sobornado y otros intimidados, y proponiendo que el juicio con jurado se abandonara en Chechenia.

Al día siguiente, los familiares de Alvi lo llevaron a la policía, a pesar de que nadie había anulado el veredicto, y desapareció de su vista. Unos días después fue visto por miembros de la familia de Magomed Akayev cuando estos fueron llamados al Departamento de Investigación Criminal; Akayev también se estaba enfrentando a un re-arrestro después de la absolución “por error”. La policía les dijo que Madina podía “ir y ver” a su hermano. “Estaba realmente deprimido, por supuesto”, me dijo, “y dijo que no debería dar parte a nadie y que nadie podía hacer nada para ayudarnos ahora”.

Cuando Madina, a pesar de todo, presentó una queja formal sobre la detención ilegal de su hermano, un investigador la llamó y le dijo que Alvi estaba sentado con él en ese momento y que nadie lo estaba deteniendo. Madina le pidió que no dejase que se fuera su hermano hasta que ella fuera a recogerlo, pero cuando llegó no estaba en ningún sitio: “El investigador me dijo que Alvi se había ido un poco antes, diciendo que nadie lo estaba reteniendo a la fuerza y que estaba con amigos”.

A finales de marzo, después de este incidente, los detectives llevaron a la comisaría a la mujer de Alvi y a sus hijos a verlo, pero no a sus amigos. “Dijo que lo habían tenido allí, que estaba muy cansado y no sabía por qué había sido detenido”, cuenta su mujer Zhanita. Su familia no lo ha visto desde entonces, y no hay informe oficial sobre su arresto.

El abogado Timirlan Ajmadov cree, sin embargo, que Abdurajmanov permanecerá detenido por la policía hasta que el Tribunal Supremo ruso falle sobre el recurso contra su absolución. Desde que fuera absuelto en febrero, Abdurajmanov lleva ya dos meses en una celda de la policía.

Alvi Edígov, ante el Tribunal Supremo de Chechenia. Fuente: Open Democracy
Alvi Edígov, ante el Tribunal Supremo de Chechenia. Fuente: Open Democracy

Descargas eléctricas y huelgas de hambre

“El jefe de policía de Kurchaloy hacía presión con su dedo así, y mandaba una descarga eléctrica a través de él”, dice la madre de Suleiman Egídov. Cuando llegamos a la sesión del Tribunal Supremo para el caso de Egídov se cumplía el 18º día de su huelga de hambre y tuvo que ser llevado al banquillo de los acusados en una camilla. Apenas podía girar su cara sin afeitar para mirar a su madre, y sus manos estaban dobladas sobre su hundida barriga, bajo el arco de sus costillas. Junto al banquillo de los acusados permanecía de pie un guardia con un fusil.

Egídov giró sus manos hacia arriba mostrando las cicatrices amarillas en el lugar en el que le colocaron las almohadillas que iban adheridas a los electrodos. La acusación aseguraba que esas cicatrices no tenían que ver con la tortura, sino que eran el resultado de la explosión de una bombilla en sus manos; un testigo experto, sin embargo, encontró esta afirmación poco convincente.

En 2005, Egídov sirvió en una Unidad de Fuerzas Especiales en Grozny, pero recientemente ha vivido en Suecia. El tres de agosto de 2012, en una de sus visitas a casa, fue arrestado una noche por los Servicios de Seguridad mientras visitaba a unos familiares. “Llamaron a todo el vecindario; había montones de coches”, dijo su madre Zina Umarova. “Inmediatamente le golpearon con la culata de un rifle y estuvieron a punto de dispararle en una pierna, pero él dijo que se iría con ellos tranquilamente, así que lo lanzaron al maletero de un coche y se lo llevaron a Kurchaloy”.

El medio hermano de Suleiman, Saijan, estaba ya tendido en el suelo de uno de los coches. Lo habían cogido antes, antes de que hubiera conducido a Suleiman a Grozny desde el aeropuerto: “Me pararon y me pidieron el pasaporte. Inmediatamente me preguntaron que dónde estaba mi hermano. Le dije que lo acababa de dejar y que no tenía ni idea de dónde había ido”.

La policía insistió a Saijan para que llamara a su hermano y descubriera cuál era su paradero, pero Suleiman acaba de llegar a Chechenia y no había tenido tiempo de comprar una tarjeta sim para el móvil; había prometido llamar desde su nuevo número tan pronto como lo tuviera. Finalmente llamó a las 11 para decir que estaba en la casa de su madre, donde fue arrestado una hora después. Según la policía, habían recibido la información de que Egídov era un sicario reclutado en Suecia por un agente del Emirato del Cáucaso.

En el tribunal, Suleiman Egídov describió cómo había sido llevado a la estación de policía de Kurchaloy, donde, en primer lugar, había sido golpeado, y luego le habían envuelto con un alambre de aluminio los dedos, que luego le fueron sumetidos a descargas eléctricas para forzarlo a admitir el asesinato de un oficial de policía en Grozny en febrero de 2012. “¿Saben cómo se siente una corriente de 220 voltios?”, preguntó Egídov en el tribunal, “Hubiera confesado cualquier crimen que quisieran. Soy humano y no puedo soportar una tortura así”.

Por la mañana había accedido a firmar una confesión, después de que su hermano Saijan, que había pasado toda la noche doblado entre los asientos del coche, fuera liberado. Suleiman fue llevado a alguna base en la falda de las montañas del Cáucaso, para permitir que las marcas que le habían dejado tras la tortura se curaran: “Tenía cortes y abscesos en mis dedos y la carne empezaba a pudrirse y apestar tanto que los mismos policías no podían soportar estar en la misma habitación”.

Oficialmente, Egídov fue detenido el 12 de septiembre de 2012 (más de un mes después de su arresto real) e inmediatamente firmó una confesión. Algún tiempo después se le acusó de dos cargos: de asesinato de un agente de la autoridad y tráfico de armas.

El Tribunal Supremo checheno empezó el examen del caso en mayo de 2013. Egídov confesó los cargos y se mantuvo en silencio acerca de su rapto y tortura, confiando en las promesas de la policía de que la condena sería corta y una pronta libertad condicional. Según sus propias palabras “Decidí que era mejor pasar cinco o siete años en la cárcel que soportar más tortura”. El juicio siguió su curso con un reloj hasta que en su declaración final él decidió retractarse de su confesión y revelar con todo detalle cómo fue obtenida.

El abogado de Egídov me dijo lo que pasó a continuación: “Al principio el juez simplemente se quedó ahí sentado, aparentemente indiferente, pero su cara se puso seria y su expresión cambió conforme escuchaba la nueva evidencia. Cuando Egídov terminó, hubo unos minutos de silencio, y luego el juez dijo “Este no es un alegato final, es una evidencia importante. El tribunal reabre la investigación del caso”.

El caso continúa

El juez habló de nuevo con los expertos y convocó a los agentes de los servicios de seguridad acusados por Edígov de haberlo torturado para extraerle una confesión falsa. Uno de ellos era un viejo conocido de Edígov, un hombre conocido como Islam a quien había conocido en una mezquita , y con quien había mantenido contacto entre 2007-9, antes de su partida a Suecia. Según Edigov, Islam siempre estaba intentando reclutar jóvenes para grupos insurgentes separatistas: “A menudo nos mostraba vídeos en internet y nos decía que teníamos que participar en la yihad”.

Sin embargo, aquellos a los que convenció para “ir al bosque” nunca llegaron a luchar: “Él los reclutaba, los enviaba a unirse a los insurgentes, e inmediatamente organizaba su “liquidación” por las fuerzas de seguridad. Cuando me fui a Europa, incluso me llamó por teléfono y me pidió que volviera y me uniera a los separatistas”. Entre las pruebas presentadas durante el juicio consta una foto de Islam rodeado de hombres jóvenes, tomada en la mezquita. La mayoría de ellos se unieron a la insurgencia y fueron asesinados. Islam sigue vivo y sigue trabajando para las Fuerzas Especiales.

Jamzat Edilgeriyev, el jefe de la policía de Kurchaloy, dijo al tribunal que él conocía a Islam, cuyo verdadero nombre era Timur Isayev. Islam había trabajado con la policía como “freelance”: “Su Señoría, déjenme decirles que este hombre, se diga lo que se diga sobre él, ¡ha conseguido más resultados que las cuatro comisarías de policía de Grozny juntas!”

Edilgeriyev, levantándose en el tribunal, aseguró que: “Gracias a él evitamos un intento de asesinato contra nuestro Presidente.” Y Edilgeriyev durante el interrogatorio deliberadamente dejó caer el hecho de que “el caso de Edígov  estaba siendo seguido de cerca por el propio Ramzán Kadírov: “Yo le he estado informando directamente”.

Durante todo este tiempo el juez Vajid Abubakarov fue sometido a una gran presión, y el 31 de octubre de 2013, como él mismo admitió más adelante: “El Ministro del Interior adjunto checheno, Apti Alautdinov apeló al jefe de gobierno para, en pocas palabras, “ejercer presión sobre el tribunal y poner orden en el juicio””.

Al día siguiente, el 1 de noviembre, el juez Vajid Abubakarov escribió una nota de dimisión calificándose como no apto para continuar presidiendo el Tribunal, con el argumento de que un hombre presentándose como el ministro del Interior checheno Ruslan Alkhamov le había llamado por teléfono y le había dicho que: “Le había llegado como un hecho cierto que el acusado Suleiman Edigov era culpable de los cargos que se le imputaban y me advirtió de no dictar el veredicto de inocente”.

Abubakarov también escribió que en el curso de la investigación, el tribunal tuvo acceso a varios documentos que confirmaban las alegaciones del demandante acerca de su detención y tortura, y que “la llamada de Aljamov y sus advertencias […] se pueden explicar por el hecho de que el tribunal posee suficientes pruebas para enjuiciar a agentes de policía por delitos graves”. Después de esta presión oficial, el juez escribía en su dimisión, cualquier veredicto que dictara sobre Edigov sería peligroso: un veredicto de culpabilidad sería resultado de la intimidación, mientras que un veredicto absolutorio sería visto como un acto de desafío .

Un nuevo juez

Después de la dimisión de Abubakarov, se encargó del caso el juez German Aleksandrov quien, de acuerdo con la familia y el abogado de Edígov , se negó a aceptar ninguna prueba de la defensa. El 14 de marzo Edígov comenzó una huelga de hambre en señal de protesta. En ese momento, el tribunal había concluido su examen de las pruebas. La familia y el abogado intentaron disuadir a Edígov: “Le dije que no hiciera la huelga de hambre”, dijo su hermano Saijan. “No obtendrás ninguna compasión de ellos, somos los únicos que estamos de tu lado” le dije. “Sólo te harás la vida más difícil y si te condenan, necesitarás todas tus fuerzas”.

Egídov finalmente suspendió su huelga de hambre el 31 de marzo, y el 7 de abril, el juez Aleksandrov anunció en el tribunal que, tras una denuncia de la defensa a la Comisión Investigadora de la Federación Rusa, había decidido cancelar su negativa a abrir una causa penal contra los agentes de la ley que supuestamente participaron en el secuestro y la tortura de Edigov. Así que el caso continúa…

Después de que sacaran a Edígov de la sala del tribunal en camilla (por su extrema debilidad), salimos del Palacio de Justicia. Un guardia con una ametralladora nos abrió amablemente la pesada puerta de hierro y, una vez más, nos encontramos frente al restaurante ‘ Moscú ‘, con sus fortificaciones tan familiares – el Kremlin sigue manteniendo un ojo vigilante sobre la justicia de Chechenia.

ACTUALIZACIÓN. Finalmente, el 23 de mayo de 2014, el juez German Aleksandrov condenó a Edígov a 14 años y medio de prisión en una colonia penitenciaria de alta seguridad.

Este artículo fue originalmente publicado en Open Democracy.

 

 

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