Jaume Vinyas (Extramurs) ::: Boletín “Caucasus News”, nº39, abril 2014 :::: La anexión de Crimea por parte de la Federación Rusa ha situado a la península del Mar Negro en el centro de la atención mediática internacional. Hace escasamente dos meses, no obstante, las preocupaciones de Vladímir Putin estaban centradas en la región del Cáucaso Norte, la más inestable del país. Los atentados de Volgogrado y la inminencia de los Juegos de Sochi encendieron las alarmas del Kremlin, pero ahora la zona mantiene una calma aparente. En Cataluña, la Liga por los Derechos de los Pueblos mantiene, desde 2005, una campaña de sensibilización para informar de lo que sucede en Chechenia, una de las repúblicas que integran la región. Su coordinadora, Marta Ter, advierte que el Cáucaso seguirá dando quebraderos de cabeza a Moscú en los tiempos venideros.

¿Puede afectar la inestabilidad generada en Ucrania al Cáucaso Norte, una zona generalmente inestable?

No creo que afecte en el ámbito político, porque la gente en el Cáucaso Norte tiene muy asumido que no pueden cambiar sus gobiernos, y mucho menos el estatus de sus repúblicas. Si hoy en día, por ejemplo, permitiesen realizar un referéndum en Chechenia como ocurrió en Crimea, el resultado no reflejaría la realidad, porque no se haría en condiciones ni de transparencia electoral ni de seguridad para los votantes.

En las últimas elecciones presidenciales, en 2012, según el resultado oficial, el 99.76% de los chechenos votaron por Putin. La directora de un importante organismo de derechos humanos me aseguró que antes de empezar a votar ya había urnas llenas de votos. No es que manipularan el recuento, es que cambiaron las urnas.

¿Y no se teme un renacimiento del sentimiento independentista en la región a raíz de los últimos acontecimientos?

No, por lo que te acabo de comentar. Ahora no tienen margen de maniobra política. Y respecto a Crimea, los gobiernos de estas repúblicas del Cáucaso Norte (controlados desde Moscú) fueron los primeros en enviar ayuda humanitaria cuando en realidad, económicamente, están mucho peor. Los líderes de Chechenia, Daguestán, Ingushetia y Kabardino-Balkaria empezaron a enviar camiones, ¡y cuanto más grandes mejor! Todo para demostrar lealtad al Kremlin. También obligaron a sus funcionarios a dar una jornada de su sueldo para destinarlo a ayudar a Crimea. Obviamente, dijeron que era una ayuda voluntaria, pero nadie podía negarse.

Detención de un ciudadano checheno. Fuente: Open Democracy
Detención de un ciudadano checheno. Fuente: Open Democracy

O sea, que Putin lo tiene todo bajo control…

Todos los líderes de las repúblicas del Cáucaso Norte pertenecen a Rusia Unida, el partido de Putin. Han sido designados directamente desde Moscú. O sea, que sí, lo tiene todo controlado.

Lo único que puede afectar es que la insurgencia armada yihadista que ahora mismo opera en el Cáucaso Norte (el Emirato del Cáucaso) pueda penetrar entre los tártaros de Crimea. En Kavkazcenter.com, por ejemplo, la web oficial del Emirato del Cáucaso, se habla regularmente de los tártaros de Crimea. Los retratan como a los nuevos musulmanes que entrarán a formar parte de la Federación Rusa y que serán pisoteados por Moscú, tal y como ya pasó en época de Stalin.

Por otro lado, entre los tártaros de Crimea hay una minoría yihadista que está luchando en Siria. Y en Siria hay un batallón de chechenos muy activo, así que posiblemente ya se han establecido vínculos entre ellos. Por lo tanto, si Putin no actúa de manera inteligente, respetando los derechos de los tártaros, es probable que se cree un sentimiento de agravio y que este se canalice a través del terrorismo yihadista contra Moscú.

De momento, les ha garantizado los derechos lingüísticos

Sí, en su discurso habló de los tártaros, recordó su deportación con Stalin, y prometió la rehabilitación del pueblo tártaro y que habría tres lenguas oficiales en Crimea: el ruso, el ucraniano y el tártaro.

Las palabras están, pero esa gente no se fía. Los tártaros de Crimea fueron deportados en masa, igual que otras poblaciones del Cáucaso Norte, en 1944. Y sólo pudieron volver en 1989 a su tierra. Las cifras señalan que uno de cada tres tártaros murió durante la deportación y durante los primeros meses en el exilio. Esto es una brutalidad. Y es lógico que después de haber pasado, como pueblo, por una experiencia tan traumática, oigan hablar de volver a formar parte de Rusia y se les pongan los pelos de punta.

Ahora esperemos que Putin aplique políticas integradoras, que los rehabilite, y que el terrorismo no arraigue. Si no, aquí sí que veo una fuente de inestabilidad importante.

El mismo día que Putin firma la anexión de Crimea se da a conocer la muerte del líder del Emirato islámico, Doku Umàrov. ¿Cómo puede afectar el cambio de líder?

Ya hace meses que está muerto. Las primeras alarmas saltaron en enero, antes de los juegos de Sochi. Los servicios secretos chechenos interceptaron un USB de la insurgencia en que se hablaba de la muerte de Umárov y discutían sobre quién podría sustituirle. Ahora su muerte se ha hecho oficial, pero ya se sospechaba.

Desde entonces parece que no ha habido tantos atentados

Probablemente ya estaba muerto antes de los atentados de Volgogrado. Esto quiere decir que la cosa continúa igual. Si durante los últimos dos meses se han producido menos atentados, ha sido porque los servicios secretos rusos han hecho un muy buen trabajo convirtiendo toda aquella zona en un fortín, y controlando la insurgencia de  cerca. Tenían que hacerlo si querían tener unos Juegos Olímpicos seguros.

Pero me temo que cuando baje otra vez el nivel de seguridad probablemente los atentados vuelvan, con o sin Umárov. El Emirato del Cáucaso ya estaba muy atomizado. En realidad, actúa como un paraguas que agrupa diferentes jamaats armadas. Cada una funciona en su territorio de forma casi independiente, y es cuando hay un atentado importante fuera de la región que lo anunciaba el líder, hasta ahora Umárov.

¿Cómo se estructuran?

Los yihadistas han dividido la zona del Cáucaso Norte en 5 vilayats (vienen a ser provincias): Daguestán, Chechenia,  Ingushetia, una que engloba Kabardino-Balkaria y Karachai y una última en Adiguesia. En cada una de ellas opera una jamaat armada con su propio emir regional. Y, por encima de todas ellas, está el Emirato del Cáucaso con su propio Emir. Ahora mismo, la jamaat más potente es la de Daguestán. Posiblemente por eso el nuevo líder, Abú Mukhamad, es de Daguestán.

¿Daguestán es la república más peligrosa?

Sólo tienes que echar una ojeada a las cifras de víctimas mortales que provoca el conflicto en el Cáucaso Norte: casi la mitad son de allí.

¿Y Chechenia? Las noticias que llegan hablan de la construcción de la mezquita más grande de Europa, de avenidas, hoteles de lujo… ¿Es sesgada la información que nos llega?

Estuve en Chechenia hace un par de años y es cierto que se ha llevado a cabo una gran tarea de reconstrucción. Realmente, ahora, tienen buenas carreteras, alumbrado público, agua corriente… Incluso en pueblos de las montañas donde nunca habían tenido. En este sentido, se ha hecho un buen trabajo y toda la gente, incluso quienes están en contra de Kadírov, el presidente, lo reconocen.

Piensa que la capital, Grozni, la comparaban con Dresde al acabar la guerra por el nivel de destrucción. Y ahora es una ciudad nueva, casi no se perciben restos de la guerra, sobre todo en el centro. Tienes que recorrer barrios residenciales periféricos para encontrar casas abandonadas donde se observa el impacto de bombas.

Se han construido obras faraónicas: la mezquita más grande de Europa; un centro de ocio prácticamente vacío de clientela porque el bolsillo no está para demasiados divertimentos; un hipódromo y el estadio de fútbol del Terek, donde la selección de Brasil 2002 jugó un partido amenizado por Enrique Iglesias; y un business-center con rascacielos y un hotel de 5 estrellas que siempre está vacío y que la Fura dels Baus inauguró el 2011, junto con Hillary Swank y Steven Seagal, por el aniversario de Ramzan Kadírov.

¿Se vive bien allí, entonces?

Grozni es una ciudad extraña porque todo es muy nuevo y casi no ves a nadie por la calle. No es una ciudad normal. Hay hombres con kalashnikovs por todas partes, con diferentes bandas de colores. Unos son los hombres de Kadírov, otros del ministerio del Interior, del FSB… no sabes quién pertenece a qué organismo, pero sí ves muchos hombres uniformados con armas por la calle.

También hay mucha corrupción, por encima, incluso, de los estándares rusos, que ya son bastante altos. Si tú quieres trabajar como conductor de autobús, por empelo, primero tendrás que pagar dos meses de tu sueldo y entonces todo depende de tu jefe: si le interesa volver a cobrar pronto te echará y contratará a otro que le tendrá que pagar. Quien está al lado de quienes ostentan el poder, vive muy bien. Los que no tienen contactos, se arriesgan a no poder trabajar, a tener problemas con la policía, etc.

Entonces, ¿el pueblo todavía no ha levantado cabeza desde la guerra?

Moscú usa básicamente dos estrategias en el Cáucaso Norte. Una es mano dura. La otra, enviar mucho dinero. La mano dura, ¿qué consigue? Cuando se utiliza de forma indiscriminada (que ocurre a menudo), genera más radicalización y nuevos jóvenes se van a las montañas para unirse a la insurgencia. El dinero, ¿qué consigue? Que las élites sean totalmente corruptas, que tengan sus círculos de influencia y que estos sean riquísimos. Y sólo una parte ínfima del dinero público que sale de los presupuestos de Moscú realmente llega a la población.

¿Todo esto es responsabilidad del presidente, Ramzan Kadírov?

Él no deja de ser un títere de Moscú, como el resto de presidentes de las otras repúblicas del Cáucaso Norte. Pero es el único que tiene cuerpos de seguridad que se subordinan sólo a él, y no al Kremlin. En todas las repúblicas norcaucásicas, Moscú tiene agentes del Interior y del FSB que no son locales, sino enviados desde el centro. En Chechenia no. Kadírov tiene un ejército de 20.000 hombres armados que responden sólo a él.

¿Y cómo gobierna?

Es el responsable de una dictadura muy férrea. No permite ningún tipo de disidencia. Un ejemplo: el día del pueblo checheno se celebraba el 23 de febrero porque aquel día de 1944 empezó la deportación del pueblo checheno a Asia Central por orden de Stalin. Pero Kadírov decidió que la festividad se celebrase el 10 de mayo, coincidiendo con el día que asesinaron a su padre.

A mediados de febrero de este año, haciendo caso omiso de la decisión de Kadírov, en la Biblioteca de Grozny un filósofo checheno, Ruslan Kutaev, impartió una charla sobre la deportación. Dos días después lo encarcelaban, acusándolo falsamente de posesión de droga. ¡Y lo torturan dos ministros en persona!

¿Dos ministros?

Sí, así lo ha denunciado Kutaev a miembros de la ONG Comité contra la Tortura. Ahora mismo Amnistía Internacional se está haciendo eco de su caso. Kutaev explicó, exactamente, que no podía asegurar cuál de los dos ministros le estaba poniendo corriente eléctrica por el cuerpo porque iba perdiendo el sentido a ratos.

Denuncias como esta son bastante habituales. Un primo de Kadírov, Adam Delimjánov, ex vicepresidente de Chechenia y actualmente diputado de Rusia Unida en la Duma de Moscú, fue acusado formalmente por la policía de Dubai de matar insurgentes en su territorio en 2009. Y no pasó nada. La Interpol lo buscaba, pero ni tuvo que dimitir de su cargo de diputado. Son dinámicas muy graves que acentúan la impunidad de los poderosos.

Qué nivel…

Por no hablar de la megalomanía de Kadírov, que puede llegar a extremos ridículos. Hubo un año en que el inicio del Ramadán coincidía con el aniversario de su madre. Pues en Chechenia, ese año, el Ramadán empezó dos días después que en el resto del mundo musulmán.

¿En las otras repúblicas también hay personajes de este calibre?

El único político que disfruta de carta blanca en el Cáucaso Norte es Kadírov. Los otros no. Es más, poco antes de los juegos olímpicos de Sochi cambiaron a dos presidentes, el de Daguestán y el de Kabardino-Balkaria. Según Crisis Group y Memorial, parece que uno de los principales motivos por el que apartaron al presidente de Daguestán era porque intentaba dialogar con la insurgencia. Había abierto una oficina de rehabilitación para facilitar el paso de los insurgentes a la vida civil. Un programa que realmente había conseguido un pequeño descenso de la violencia.

El nuevo presidente, se supone que siguiendo las órdenes de quienes le acaban de colocar, ha cerrado estos programas y ha vuelto a instaurar la mano dura. Sobre todo con los salafistas. Todos, los pacíficos también. Últimamente se dedican a organizar redadas en las mezquitas no tradicionales. Se llevan a los asistentes a comisaría y después hay denuncias de abusos. Y de esta manera, algunos pacíficos se van radicalizando.

¿Crees que lo hacen conscientemente?

Gente de allá que conoce bien el tema asegura que a algunos altos mandos policiales y de los servicios secretos les interesa que continúe el conflicto porque sacan dinero con ello. Hace poco Novaya Gazeta, el diario donde escribía Anna Politkovskaya, la periodista asesinada, publicaba un artículo donde se describía cómo hay policías que se dedican a lavar el cerebro a jóvenes para que cojan las armas y se vayan al bosque. Y entonces, cuando estos policías tienen que buscar terroristas, ya saben donde encontrarlos. Y así, van ganando puntos y galones.

Entre la población civil ¿se han curado ya las heridas de la guerra?

Observé mucha diferencia entre los hombres y las mujeres. Las mujeres quieren olvidarse de la política y vivir en paz, aunque las heridas aún estén abiertas. Los hombres, en cambio, no quieren olvidar. Son conscientes de que ahora no pueden hacer nada pero el pensamiento general es que algún día volverán a tomar las armas, aunque sea la siguiente generación.

¿Ha empeorado la situación de las mujeres a raíz del auge islamista?

Los asesinatos de honor han aumentado en la zona. Sólo por la sospecha de infidelidad se puede matar a una mujer dentro de la familia. Se la entierra y nadie dice nada, muchas familias tienen casos así. Eventualmente, esto también afecta los hombres. Me hablaron del caso de un chico drogadicto. Iba por las casas pidiendo dinero hasta que la familia lo mató. Lo justifican diciendo que el chico un día podría matar a alguien de otro clan desencadenando el mecanismo de la venganza de sangre. Antes de arriesgarse, prefieren matarlo ellos mismos. Esto me lo contó alguien que hacía 10 años que vivía en los EE.UU. Y le parecía normal.

Esta entrevista apareció publicada originalmente en Extramut.cat
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