Adrián Tarín :::: Crimea vuelve a ser una región rusa. Desde que las protestas en Maidán, amparadas por las potencias occidentales, derrotasen al gobierno de Yanukóvich, en el este de Ucrania se están viviendo nuevos procesos de construcción nacional. No se descartan nuevas regiones que continúen la vía abierta por Crimea, pero hasta el momento sólo la península se ha arriesgado a dar el paso.

El desarrollo de este nuevo escenario presenta un caso paradigmático de colonialismo que Rusia ha ejercido con brillantez. El Kremlin controla ahora tres de las piezas fundamentales para tener éxito en una intervención de estas características, circunstancia que otras potencias imperiales, como Estados Unidos, no han poseído en algunos de sus últimos intentos de aumentar su espacio de control, como durante las guerras de Afganistán e Iraq. Como digo, estas tres piezas son: el favor del pueblo (ruso y crimeano), el control del monopolio de la violencia y la moneda.

Como ya advirtieran los comunistas Berkman y Gramsci, libertario el primero y marxista el segundo, la construcción del consenso es decisiva para el mantenimiento -o subversión- de los sistemas. Al margen de los resultados del referéndum, cuyas condiciones democráticas brillaron por su ausencia, resulta evidente que hay una mayoría poblacional en Crimea y en Rusia que apuesta por la anexión a la Federación. Así lo reflejan no sólo las composiciones parlamentarias, sino que se respira en las calles de Simferópol y Moscú. Igualmente, y desde el comienzo de la crisis, el ejército ruso, con o sin identificación, ha ido progresivamente tomando posiciones estratégicas en torno a las bases militares de Crimea, con algunas escaramuzas incluidas. Esto ha provocado que el ejército ucraniano se replegara y abandonara la zona poco a poco. Además de compartir imaginarios con gran parte de la población de Crimea, Rusia también controla el aparato represivo, dos de los pilares básicos del sistema.

No obstante, aún faltaba un elemento por manejar, más aún en las sociedades capitalistas: el dinero. Desde hoy, los crimeanos ya cobran su pensión en rublos, y ambas monedas (ucraniana y rusa) convivirán hasta el 1 de enero del año próximo. El rublo se convierte, entonces, en moneda oficial de la península, y la anterior moneda pasará a extinguirse. De esta manera, Rusia ha abordado este conflicto de forma ejemplarizante, y seguramente este proceso estará incluido en los siguientes manuales de ciencia política. Capital, imaginario y ejército son ya los ejes del control ruso en Crimea.

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