Miguel Vázquez Liñán :::: La entrada de las tropas en Budapest de 1956, así como la de Praga en 1968 o la de Afganistán en 1979 fueron precedidas de cartas en las que los partidos comunistas hermanos pedían a Moscú ayuda para evitar el caos. Hoy el gobierno de Crimea hace lo propio y suplica ayuda contra los fascistas ucranianos que amenazan la península… forma parte del ritual que precede a la tormenta. Si esta vez habrá o no tormenta, lo sabremos pronto.

Las masas contagiadas por la histeria patriótica que el “noticiero” del Canal 1 (entre otros) les administra en tres dosis diarias, repiten obedientes las palabras del presidente. Con lágrimas en los ojos afirman que sería una traición dejar a los hermanos de Crimea desvalidos y claro, la mejor protección es la anexión, tras un referéndum que sin duda cumplirá con todos los requisitos legales, ahora que el respeto a la legalidad se ha convertido en otro de los mantras de Vladímir el Grande. Mientras tanto, (y continuando con los rituales) las manifestaciones contra las acciones del Kremlin en Crimea, sin en los medios, se saldan con decenas de detenidos, cargas policiales, etc.

Por otro lado, da gusto ver a Rusia Unida al Partido Comunista, a Rusia Justa y al Partido Liberal Democrático tan unidos en el proyecto imperial. Por alguna razón esta ultraderecha no parece preocupar tanto como la de Maidán, tampoco los neonazis rusos, encantados de anexionarse a otra república “blanca” mientras se siguen ocupando de los centroasiáticos y caucasianos en Moscú.

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