Miguel Vázquez Liñán :::: La rueda de prensa que ofreció ayer del presidente ruso fue un compendio de los argumentos oficiales en los que la Federación Rusa sustenta su política exterior, y que deja ver a las claras cómo Vladímir Putin usa en su favor los desatinos diplomáticos de la Unión Europea y Estados Unidos.

Entre los argumentos destaca la crítica al doble rasero de Occidente a la hora de evaluar las crisis internacionales. No le falta razón, desde luego. Sería deseable, no obstante, que la respuesta a esos dobles raseros fuese una alternativa a la hipocresía occidental; es decir: “nosotros, en Rusia, actuamos de otra forma”. Sin embargo, la crítica a Occidente viene seguida de declaraciones que significan, más bien, lo contrario: “si ellos lo hacen, nosotros también”.

Putin afirmó con vehemencia que Crimea debe tener la posibilidad de decidir “en libertad” sobre su futuro, y parece (en su visión de las cosas, muy occidental, por cierto) que esa libertad debe ser garantizada por la ocupación militar… No siempre el presidente ruso ha mantenido la misma opinión; en los primeros años de su mandato tuvo la oportunidad de dar la palabra a los chechenos para decidir “en libertad” su futuro y se decidió por los bombardeos. Años más tarde, consideró que la mejor forma para proporcionar la libertad de elección era nombrar desde el Kremlin a los gobernadores regionales, anulando las elecciones. Ayer, por cierto, criticó que esto mismo se esté haciendo en Ucrania.

Quizás de esta crisis debería salir, también, una reflexión en Europa sobre por qué es tan fácil desmontar el discurso de sus gobernantes. Ojalá el resultado de esa reflexión no sea: “si Rusia lo hace, ¿por qué nosostros no?”.

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