Miguel Vázquez Liñán :::: No es extraño que el discurso y los actos políticos de Vladímir Putin hagan las delicias de los amantes de la realpolitik. Putin, tras 14 años en la presidencia (con permiso de Medvédev) ha aprendido a desenvolverse bien ante su público. Sabe seleccionar los argumentos y, aunque a veces se le va la mano con los posados veraniegos, dar imagen de político duro que habla sobre “lo que interesa a la gente” en términos “que la gente entiende”. Usa bien las debilidades de los demás y aprende de algunas experiencias pasadas. En Georgia entendió que ni EEUU ni la UE van a ayudar demasiado a sus aliados, si la cosa se pone fea de verdad. Ahora, en Ucrania, sigue jugueteando con los límites que supuestamente no se deben cruzar sabiendo que, si se cruzan, a veces no pasa nada.

Tras poner de relieve los dobles raseros de “occidente”, gusta en hacer la pregunta retórica: ¿Es eso democracia? El argumento implícito es… Si los héroes de la democracia se comportan así, cómo se atreven a criticar a los demás. Visto así, tiene toda la razón, pero sólo visto así. Los dobles raseros no deberían ser la justificación del “todo vale”, sobre todo cuando se trata de una invasión militar; además, el exceso de confianza en sí mismo (que le hace subestimar sus gigantescas limitaciones) y en la estupidez o cobardía ajenas puede llevar al presidente ruso a cometer errores importantes que acaben con su, según qué criterios, exitosa carrera política. No sólo él se maneja con soltura en el terreno de la política pragmática sin demasiados escrúpulos éticos (por desgracia, el problema estaría, en ese caso, localizado).Claro que, si entramos en el juego de plantear el conflicto en Ucrania en términos de “proeuropeos” y “prorusos”, toca a los primeros argumentar cuánto están dispuestos a hacer por sus aliados, y hacerlo en términos creíbles (y, a ser posible, basados en intenciones honestas). Si no es mucho, y además los argumentos no muy creíbles, es más que posible que Putin se vuelva a salir con la suya. El gobierno ruso, que ve la política en términos de tablero de ajedrez, ha movido ficha.  Ahora toca responder … o cambiar de tablero y sacar al rival del juego.

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