Miguel Vázquez Liñán :::: Los medios de comunicación rusos cercanos al Kremlin lo han repetido sin descanso durante las últimas semanas: los activistas de la plaza de Maidán han sido entrenados, financiados y adoctrinados por EEUU y la Unión Europea para desestabilizar el país. No hay nada en esa plaza de Kíev que se asemeje a la representación popular; se trata más bien de grupos fascistas que quieren convertir a Ucrania en un títere de Occidente y poner contra las cuerdas a la Federación Rusa. Así las cosas, Rusia no puede permanecer de brazos cruzados, ha de defender a los ciudadanos rusos que viven en Crimea y atender a la petición de ayuda del gobierno de la península.

Mientras tanto, Obama avisa a Putin de que sus acciones en Crimea pueden tener graves consecuencias, Moscú llama  a consultas a su embajador en Washington y Fox News vuelve a criticar la debilidad de un Obama incapaz de plantar cara a Rusia. Tanto Obama como Putin, por supuesto, repiten sin descanso que hay que dejar a los ucranianos que decidan su futuro por sí mismos (están tan de acuerdo, que podemos temernos lo peor…).

Nada nuevo bajo el sol; los argumentos de siempre para justificar lo de siempre. Los soldados rusos ya están en Ucrania y el Canal 1 de la televisión rusa se hace eco de manifestaciones en Moscú en las que puede oír ¡los fascistas no pasarán! (es necesaria una explicación: se refieren a los manifestantes de la plaza de Maidán y al nuevo gobierno de Kíev).

Había motivos para salir a la calle en Ucrania, había razones más que suficientes para estar indignado y llevar las propuestas alternativas a las plazas. Putin sabe que hay también razones en Rusia y tiene miedo al escenario ucraniano en casa. Los argumentos para desacreditar al que lo intente están preparados y ensayados (fascistas vendidos a Occidente, como en Ucrania); la maquinaria mediática engrasada desde hace tiempo para desacreditar cualquier manifestación opositora y los tribunales prestos a recibir órdenes por si las leyes “antidisidencia” dictadas ad hoc se prestaran a confusión.

El presidente ruso goza, además, del aplauso de parte de la izquierda internacional; esa que se queda exclusivamente con las críticas rituales a la administración estadounidense, sin preocuparse demasiado por el hecho de que Putin hace en el interior de su país, por partida doble, todo lo que critica del exterior.

Y sí, es más que probable que en las calles de Kíev no todo fuera espontáneo. Y sí, entre los opositores hubo de todo, también extrema derecha (¡pero no sólo extrema derecha!). Y no sería muy inteligente confiar en la buena voluntad de Bruselas o Washington en relación al futuro del país. El momento es complejo y el conflicto carece de asideros visibles; pero no está de más avisar a quienes estén preocupados por la expansión de la extrema derecha nacionalista en la región… Putin no es la solución, es el problema.

Anuncios