Natalia Boronat (periodista) :::: Svetlana Gannushkina (Moscú, 1942), matemática de formación, se dedica desde finales de los años 1980 a la defensa de los derechos humanos. La lucha constante contra la injusticia no le ha hecho perder la sonrisa ni el sentido del humor. Es presidenta de la organización Ayuda ciudadana y también forma parte de la organización de defensa de los derechos humanos Memorial. Ha sido nominada en varias ocasiones al Premio Nobel de la Paz por su tarea en la defensa de los derechos de los refugiados y de los inmigrantes.

Desde la Lliga dels Drets dels Pobles la invitaron a participar al acto “Juegos Olímpicos y Derechos Humanos en la Federación Rusa”, y unos días antes, hablaba con la periodista Natalia Boronat en Moscú del malestar creciente en Rusia en unos momentos en los que el Kremlin está haciendo todo lo posible para mejorar su imagen.

Aquí os ofrecemos la entrevista, que fue parcialmente publicada en la revista Presencia:

Svetlana Alekséyevna, ¿como podría definir la situación actual en Rusia?

La situación es bastante mala. La población se encuentra en un estado general de agitación y de tensión por muchos motivos. Me parece que actualmente el poder no gestiona bien el país. Prácticamente no hay poder legislativo porque depende totalmente del ejecutivo. Cualquier ley que se impulse desde la administración presidencial se aprueba, los diputados no las analizan seriamente. El poder judicial también está prácticamente destruido. Los jueces nos dicen directamente, en los juicios, que no pueden tomar decisiones que contradigan a los organismos estatales.

Svetlana Gannushkina
¿Podría poner algún ejemplo?

Hace poco tuvimos el caso de unos cristianos coptos de Egipto que decían que habían venido al país de sus hermanos de fe, a quienes las autoridades migratorias denegaron el estatus de refugiados. Parece ser que el caso conmovió a la jueza, y nos dijo abiertamente que habíamos ido al juzgado en vano porque ella no podía tomar ninguna decisión que contradijera a los organismos estatales. Dijo que era una cuestión política y que ella no podía hacer nada. Dijo que teníamos a Gannushkina (o sea, yo), para mover hilos en la política, y que no tenía ningún sentido que estuviéramos en el juzgado. Los abogados le contestaron que habíamos ido todos para que se hiciera justicia y para que se respetara la ley, a lo que ella contestó que “la justicia no es un concepto jurídico y la ley, qué es la ley, los servicios migratorios ya les han denegado el estatus de refugiados, yo lo confirmo y, aunque apeléis, la decisión ya está tomada”. Esto es la ley.

¿Y por esto la mayoría de sentencias en Rusia son condenatorias?

Esto lo argumentó muy bien el anterior presidente, Dmitri Medvédev. Dijo que entendía por qué los jueces no emitían sentencias absolutorias: si lo hicieran, se pondrían en contra de la investigación y de la fiscalía, instancias con quienes los jueces están vinculados profesionalmente, psicológicamente y corporativamente. El poder tiene su corporación y en lo alto está el poder ejecutivo. Pero así no puede existir el estado, porque no se puede gestionar un país tan grande y con tantos problemas como Rusia. Además, luchan contra los problemas, pero no los analizan y sólo saben tomar medidas represivas que en muchos casos son ineficaces.

Últimamente se aprueban con mucha rapidez leyes que ustedes califican de “represivas” pero ¿se hace algo para luchar contra la corrupción, por ejemplo, de los funcionarios?

En la práctica no. Todas estas leyes y medidas afectan a los más débiles. Por ejemplo, en el tema de políticas migratorias hay un apartado que permite a los ciudadanos de las repúblicas ex soviéticas conseguir la ciudadanía rusa si están registrados en alguna dirección de aquí. Una conocida mía registró en su casa a 500 personas. Pues en una reunión con el presidente Vladímir Putin, este me decía que no se creía que lo hubiera hecho sin cobrar nada. De acuerdo, en el mundo donde vive el presidente no es concebible hacer una cosa así sin recibir nada a cambio, pero de todas maneras, ¿por qué le preocupa esto y en cambio no le preocupan los miles de dólares en sobornos que aceptan sus funcionarios?

Una vez, durante la presidencia de Medvédev, usted me dijo que la diferencia principal entre él y Putin era que el primero todavía distinguía entre las categorías del bien y del mal. ¿Cómo valora estos dos años desde el regreso de Putin?

Sólo hay que ver las leyes represivas que se han aprobado y no sólo en materia migratoria. Hay claros ataques a la libertad de expresión, como que se vuelva a criminalizar la calumnia o la ley que restringe la participación en los mítines. Y la ley contra la financiación extranjera a las organizaciones no gubernamentales también es un escándalo. En la última reunión que mantuvimos con Putin, él dijo estar de acuerdo con la llegada de inmigrantes, pero sólo si estos eran de países eslavos o bien de países musulmanes pero que físicamente se asemejaran a los rusos.

¿Cómo es el trato con Putin de cerca?

Putin escucha, se muestra comprensivo e incluso reacciona. Bueno, de hecho sólo lo parece el escuchar, porque después hace lo que quiere.

Últimamente también se observa que las autoridades envían mensajes que van contra las minorías. ¿A qué lo atribuye?

Redirigen el descontento general con el poder hacia los grupos más débiles, los inmigrantes, las minorías sexuales. Siempre asocian los homosexuales con pedófilos, cosa que no tiene nada que ver. Todo esto lo hacen para que la sociedad se desahogue contra estos grupos y no contra el poder.

¿Y cree que esta es la explicación del aumento de la xenofobia y de los conflictos interétnicos que observamos últimamente?

La xenofobia aparece siempre cuando una población, ya sea humana o animal, está enfadada. Es un instinto animal para defenderse y para contrarrestarla están los valores morales y la cultura, para compensar los instintos animales. Pero ahora la xenofobia se fomenta desde arriba. Para luchar contra la xenofobia hay que buscar las causas que la provocan.

¿Y cuáles serían estas causas?

La sociedad no está satisfecha porque faltan mecanismos para defenderse. No se puede confiar en el sistema judicial y hay muchos casos fabricados. Un ejemplo, en el marco de la campaña de la lucha contra la droga: un caso habitual es cuando un drogadicto pide a algún joven de aspecto inocente, en una discoteca, que por favor le compre una dosis de droga porque a él ya no se la quieren vender, e insiste en que será su salvación. El joven con aspecto inocente cae en la trampa, compra la droga, la da a quien se la ha pedido, y a continuación este le detiene. Ya hay una persona más acusada de tráfico de drogas. No interesa detener a los que de verdad están implicados porque estos pagan sobornos y si los detuvieran se privarían de una fuente de ingresos y además, a veces las mismas fuerzas de seguridad son las que trafican con drogas. Y esto pasa en todas las esferas… hay un sentimiento de indefensión general y las personas canalizan este descontento hacia otro objeto.

¿Por qué más está descontenta la gente?

Por múltiples motivos: cualquier día se pueden inventar un pretexto para embargarles el piso, cuando acuden a los servicios sanitarios públicos siempre les hacen pagar algo, los medicamentos que necesita la gente mayor son increíblemente caros…

Además, crecimos a la Unión Soviética y todavía conservamos una especie de sentimiento de igualdad y las diferencias sociales y de ingresos son tan grandes que esto también provoca descontento, sobre todo cuando se ve que las ganancias no provienen del trabajo honrado. Noto que la gente anhela ser rica, pero de una manera enfermiza, esto no era tan exagerado durante los tiempos soviéticos. Por ejemplo, el hecho de que una mujer reniegue de sus derechos y se convierta en una esclava sexual para casarse con un millonario… Se ha dado marcha atrás en los logros de la Unión Soviética en el plan de la igualdad entre el hombre y la mujer.

Hemos educado a nuestros hijos del mismo modo que me educaron a mí. Hemos conservado los principios pero el mundo ha cambiado y mi hija y su marido finalmente tuvieron que marcharse de Rusia. Él es médico y no aguantaba más viendo lo que ocurría a su alrededor en Rusia. En los Estados Unidos se podrán realizar más en una sociedad donde, a diferencia de aquí, los médicos no trabajan con sobornos, son valorados y no tienen que pagar de su bolsillo a las enfermeras para que estas hagan su trabajo, ni esperan que los pacientes les paguen cuando les explican algo.

Cuando el Comité Olímpico Internacional decidió que los Juegos de Invierno del 2014 se celebrarían en Sochi, seguramente al Kremlin pensaba que la situación al Cáucaso se habría estabilizado, pero no ha sido así, tal como lo demuestran los últimos dos atentados en Volgogrado.

Deseo que no pase nada pero tengo mucho miedo de que haya algún exceso, hay mucho descontento en el Cáucaso. Todas las medidas antiterroristas que se adoptan son muy duras con la gente que no tiene ninguna relación con el terrorismo, pero no tienen ningún efecto sobre el terrorismo en sí. La lucha contra el terrorismo todavía provoca más terrorismo. No se puede luchar contra el terrorismo con el terror, se tiene que crear una ideología que le haga contrapeso.

¿Qué pasa en torno a los preparativos por los Juegos?

Para las obras olímpicas se ha utilizado mucha mano de obra extranjera y a muchos trabajadores los han expulsado del país sin pagarles nada. También se han registrado muchos crímenes y sabemos que ha habido muchos excesos de todo tipos. Pero oficialmente en Sochi todo va bien y no pasa nada.

¿Cree que la situación en el Cáucaso se agravará después de los Juegos?

Y no sólo en el Cáucaso. Creemos también que después de los Juegos empezará una nueva oleada de actuaciones contra las ONG, porque no hemos acabado los procesos judiciales que abrieron cuando nos empezaron a registrar como agentes extranjeros.

Usted sigue de cerca la situación en Chechenia. ¿Se ha pacificado realmente la república? ¿Qué cambios ha habido en los últimos años?

Se ha tranquilizado en el sentido que ahora los crímenes los cometen los propios chechenos y no las tropas rusas que antes estaban destinadas allí. Hay grandes diferencias: ahora no bombardean la ciudad, no la destrozan…no se puede comparar la situación actual con la época en la que había guerra. De todas maneras, la situación general es terrible.
Pasa un poco como en tiempos soviéticos, que se construían grandes fábricas, el canal Belomorkanal…y la vida de los ciudadanos queda en un segundo plano. Hay un miedo que yo defino como un miedo que se ha convertido en parte de la persona. Eso ocurre cuando la persona ya no lo nota, no se da cuenta del miedo, vive con este dragón en sus entrañas y aprende a estimarlo, es una cosa espantosa. Está claro que a no todos les gusta el presidente Ramzan Kadírov, pero quedan muy pocos que sean capaces de oponérsele.

Aparte del presidente Kadírov, ¿cuáles son las otras grandes lacras que encontramos en la Chechenia actual?

El otro gran problema es la corrupción que domina en todas partes e influye en todos los procesos. Todo se compra con dinero: los estudios, la medicina…Y después existe el fenómeno que denominan “regreso a las tradiciones” que, de hecho, son unas tradiciones que, según los expertos, nunca antes habían existido. Y las primeras que sufren esta regresión a la “tradición” son las mujeres, cuando las hacen casar por la fuerza, los asesinatos por honor…y en general la situación de la mujer como subordinada que se convierte en un principio general. Sólo hay que recordar las palabras de Kadírov: “la mujer es propiedad y el hombre es propietario”. ¿Qué más es puede decir? Hay mujeres que intentan luchar contra todo esto pero el fenómeno se va extendiendo y desgraciadamente no afecta sólo a Chechenia

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