Adrián Tarín :::: Maria Alyokhina y Nadezhda Tolokónnikova, dos de las Pussy Riot que fueron encarceladas en marzo de 2012, han sido expulsadas recientemente del colectivo libertario. Al parecer, el detonante que llevó al núcleo del grupo a excluir a las dos mediáticas activistas fue, precisamente, su sobreexposición pública desde que fueron amnistiadas. Garadja, Fara, Shaiba, Cat, Seraphima y Shumacher, pseudónimos de las integrantes de la banda punk que firman la misiva a través de la cual comunicaron la expulsión, argumentaron que la aparición de ambas tanto en el programa televisivo “The Colbert Show” como en el concierto organizado por Amnistía Internacional bajo el lema “Bringing the Human Rights Home” -en el que actuaron junto a Madonna- supusieron una contradicción con los ideales y aspiraciones del grupo.

Pussy Riot, de inspiración anarquista y que se define como “feminista, resistente separatista, antiautoritario y contrario al culto a la personalidad”, adujo que sus “presentaciones siempre fueron ‘ilegales’, preparadas en lugares impredecibles y lugares públicos que no están diseñados para el entretenimiento tradicional”, principios que contrastan con el circuito de platós y escenarios por el que ambas han desfilado en los últimos meses.

Asimismo, las insinuaciones de que Masha y Nadja podían estar preparando una candidatura a las elecciones municipales de Moscú como parte de su campaña anticarcelaria podría haberlas alejado aun más de Pussy Riot, algo que se desprende de la frase “desgraciadamente para nosotras, se han dejado llevar por los problemas en las prisiones rusas”, incluida en la carta. Ya que el cuestionamiento del sistema penitenciario es uno de los frentes tradicionales del anarquismo, como anteriormente demostró Pussy Riot al organizar un concierto sorpresa en el tejado del presidio en el que se encontraba recluido el activista Alexéi Navalni, parece que esta división se produce por las nuevas tácticas con las que las activistas afrontan su lucha.

Igualmente, tanto el dardo envenenado que Nadja lanzó, en una reciente entrevista, sobre la acción que la llevó a los tribunales –no me arrepiento porque de los errores también se aprende– como su matrimonio con el polémico Pyotr Verzílov, en el punto de mira del grupo artivista Voina y criticado por las propias Pussy Riot por erigirse portavoz de manera vertical, muestran que la aparición junto a Madonna sólo ha sido la gota que ha colmado el vaso de un largo desencuentro.

No obstante, la ruptura ha sido amistosa, al menos por parte de Pussy Riot, que considera a Masha y a Nadja como “dos valientes, interesantes y controvertidas defensoras de los derechos humanos”, a pesar de haberlas perdido como “amigas y compañeras ideológicas”. Las expulsadas, por el momento, no se han puesto en contacto con el grupo, ni pública ni de forma privada.

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