Mairbek Vachagáev (historiador) :::: En febrero de 2014 en la región subtropical de Rusia, en Sochi, se celebrarán los Juegos Olímpicos de Invierno. En términos de seguridad estos juegos serán los más complejos de la historia de los Juegos Olímpicos. Para garantizar las fechas habituales de los juegos, Rusia ha iniciado medidas preventivas ya desde septiembre, para evitar que atenten los yihadistas del Cáucaso del Norte.

El representante del FSB de Rusia, Aleksei Lavríchev, aseguró que durante los Juegos Olímpicos de Sochi se desplegarán medidas de seguridad sin precedentes.

El presidente Putin ha firmado un decreto “sobre las particularidades de la aplicación de medidas de seguridad urgentes durante los XXII Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2014 en la ciudad de Sochi”, que reglamenta las normas de seguridad en Sochi durante los Juegos Olímpicos. Durante más de dos meses estará prohibida la entrada a la ciudad de cualquier tipo de transporte sin un permiso especial, y la sede  de los Juegos estará dividida en zonas con distintos niveles de acceso. Según el decreto, la zona que linda con el mar será la más libre, mientras que las zonas interiores, especialmente la parte fronteriza con Karachaevo -Cherkesia serán las más restrictivas.

Al parecer, este decreto se ha creado  para poder cerrar la frontera con el resto del Cáucaso Norte, si la situación lo requiere. Una zona que, hoy en día, no puede calificarse de pacífica ni tranquila.

seguretat_sotxi

Desde finales de octubre hasta el 1 de noviembre de 2013 se llevaron a cabo maniobras de entrenamiento en los territorios de Krasnodar y Adiguesia, zonas cercanas a Sochi. Estos ejercicios, una réplica de las condiciones que se aplicarán durante las competiciones, recordaban un estado de excepción a los habitantes de la región. Habrá agentes de policía haciendo guardia a la entrada de hospitales, estaciones de tren y tiendas, inspeccionando los documentos de identidad. Ninguna persona residente en el Cáucaso Norte podrá entrar en Sochi de forma libre; antes los servicios de seguridad deberán estudiar cada caso.

El FSB tiene la intención de utilizar programas de rastreo de las comunicaciones por palabras clave específicas, como el Deep Packet Inspection (DPI). Las escuchas se efectuarán a todos y en todo momento, incluso a los atletas y a los mismos organizadores de los Juegos.

Para Rusia, estas Olimpiadas son uno de los proyectos más ambiciosos y fundamentales desde el colapso soviético de 1991 ​​y, como tal, dedican una gran cantidad de recursos y esfuerzos, incluso uniendo sinergias con aquellos que a menudo consideran sus enemigos.

Todas estas acciones tienen un solo propósito – prevenir ataques terroristas por parte de los militantes del Cáucaso Norte. La situación en esta región, que se asemeja a un tablero de ajedrez, no inspira ninguna confianza: un Daguestán alarmante junto a una relativamente ” tranquila” Chechenia, una Ingusetia que hierve junto a una intranquila Osetia del Norte, y finalmente, una Kabardino- Balkaria en ebullición junto a la relativamente reposada Karachevo -Cherkesia. Y queda la República de Adiguesia, que fue separada del resto de la región del Cáucaso Norte, y que ahora pertenece al territorio de Krasnodar, que no presenta por ahora signos de preocupación.

Así pues, tenemos a cinco repúblicas del Cáucaso Norte reunidas expresamente en el Distrito Federal del Cáucaso del Norte en 2010. Cada república con sus propios problemas, aunque todas comparten uno: la organización yihadista armada del Cáucaso Norte bajo el mando del checheno Dokku Umárov. Y la amenaza de los yihadistas no se debe ignorar, pues no se sabe de qué son capaces para dañar la imagen del Kremlin ante la comunidad internacional.

Los recientes atentados ocurridos en Pyatigorsk (27 de diciembre 2013) y Volgogrado (21 de octubre, 29 de diciembre y 30 de diciembre), que se cobraron la vida de decenas de personas, son el punto de partida hacia los Juegos Olímpicos. Los insurgentes han querido demostrar al mundo que existen y que pueden hacer daño. Hoy el área de Sochi se protegerá con todas las fuerzas y medidas posibles. Rusia hará todo lo que esté en sus manos para que allí no entre ningún rebelde. Por ello, deben esperarse atentados en cualquier lugar de Rusia.

Dado que los insurgentes no quieren perder la oportunidad de dañar la imagen del país en vísperas de los Juegos Olímpicos, han decidido apoyar formalmente la tesis de activistas circasianos que recuerda que los juegos se realizarán donde cientos de miles de circasianos fueron asesinados en el siglo XIX. Pero el verdadero propósito de los rebeldes es un ataque contra la propia Rusia.

Para los habitantes del Cáucaso Norte, y en particular para los circasianos, Sochi es un lugar sagrado. Es el antiguo territorio habitado por las tribus circasianas y desde donde se produjo su exilio durante la colonización del ejército ruso en el siglo XIX. Estas tierras estaban densamente pobladas por tribus circasianas antes de la colonización rusa. Uno de los grupos étnicos de estas tribus, los ubykh, casi fueron aniquilados, y hoy sólo quedan unos pocos miles en Turquía.

Lo mismo ocurrió con otra tribu circasiana, los shapsug: durante la colonización prácticamente fueron exterminados, y su población actual no llega a las 10.000 personas. Y así podríamos seguir, enumerando todas las tribus que pueden incluirse en la designación general de “circasianos ” y que casi fueron exterminadas.

Pero, ¿por qué los circasianos consideran que el Distrito de Sochi es el cementerio de su pueblo? Pues porque después de que toda la región fuera conquistada por el ejército ruso el 21 de mayo de 1864, en Krasnaya Poliana las tropas rusas celebraron un desfile militar en conmemoración de la victoria final de la guerra -y sobre los circasianos en particular – en el Cáucaso.

Después de que el ejército ruso venciera a Shamil y sus hombres en el mes de agosto de 1859, comenzaron las operaciones militares en el noroeste del Cáucaso para someter a todas las tribus circasianas. Y así, si las tropas del zar tardaron más de medio siglo en conquistar el nordeste (chechenos y daguestaníes), para someter el territorio de Circasia sólo necesitaron cinco años. Y fue así porque el ejército ruso podía lanzar ofensivas desde el frente checheno y armenio, apoyados por aquellos que participaban en la guerra de Crimea (1853 hasta 1856).

A diferencia de los chechenos y los daguestaníes, las tribus circasianas eran entonces más numerosas, y para prevenir futuros conflictos, se les ofreció trasladarse a la estepa o irse definitivamente al Imperio Otomano. Los circasianos eligieron exiliarse al Imperio Otomano. Y es a partir de este momento cuando comienza la sangrienta historia del asesinato de los circasianos. Todas las tribus fueron expulsadas de los pueblos donde vivían y fueron trasladados a la costa del Mar Negro donde, privados de todo, tenían que esperar meses a que algún barco los trasladara hacia Turquía. No se les permitió regresar a sus pueblos, que el Imperio ruso había destruido. Al mismo tiempo, se crearon nuevos asentamientos en los que empezaron a instalarse cosacos.

Sin medios de subsistencia, morían a millares a las orillas del Mar Negro. Este bello rincón de la costa se convirtió en el cementerio colectivo de los montañeses; es difícil encontrar en este lugar un pedazo de tierra en el que no haya restos de los circasianos que fallecieron.

Muchos de aquellos que conseguían subir a un barco, medio vivos, morían por el camino hacia el Imperio Otomano ya que, con el objetivo de obtener más dinero por el trayecto, hacían subir a los barcos hasta dos y tres veces más pasajeros de lo debido. Aquel que alcanzaba la orilla turca tenía que sobrevivir dos meses en cuarentena.  Según el entonces cónsul ruso en Trapezun (puerto otomano), cada día fallecían en la orilla varias decenas de circasianos, de hambre y enfermedades.

El número de víctimas circasianas durante esta política inhumana de expulsión del pueblo de sus tierras, en las que habían vivido milenios, difiere según la fuente. Los rusos ofrecen una cifra de medio millón de personas. Sin embargo, los numerosos datos de los archivos del Imperio Otomano y del Ministerio de Asuntos Exteriores del Imperio Ruso, dan motivos para suponer que esta cifra fue mucho más elevada.

Para los circasianos dispersos por todo el mundo esta página de la historia de su pueblo, sin duda, constituye un genocidio, y tratan de denunciarlo ante la comunidad internacional. Lo que no pueden comprender ni perdonar los circasianos es el hecho de que los rusos no han querido dar a las Olimpiadas de Invierno una imagen circasiana. En todas partes se anuncian los cosacos, que echaron de estas tierras a la población nativa. Pero no hay nada que recuerde a las tribus nativas de estas tierras, a los circasianos. Excepto los nombres de los topónimos: Sochi, Adler y muchos otros, esto es lo único que se ha conservado del pasado circasiano.

Y ante esta realidad, los circasianos quieren que todo el mundo sepa que los Juegos Olímpicos se celebrarán en unas tierras donde se ha derramado la sangre de sus antepasados, donde las instalaciones deportivas se construyen sobre los huesos de las  víctimas de la guerra caucásica.

Los circasianos no proponen acciones violentas contra las Olimpiadas. Ellos sólo piden tener en cuenta que una competición que, en teoría, debe unir a los pueblos, no permite hacer esto con los circasianos, dispersos por todo el mundo. El Kremlin no les permite volver a sus tierras históricas, al mismo tiempo que obstaculiza cualquier acción encaminada a una explicación de las posiciones de los circasianos.

En febrero de 2014, los circasianos quedarán excluidos de la fiesta de los Juegos que celebrará todo el mundo. En estos días, ellos estarán llorando recordando su Patria y a aquellos que murieron en este territorio.

Anuncios