Tanya Lokshina (Human Rights Watch) :::: La amnistía, el perdón presidencial y las consecuentes “liberaciones de personajes famosos” podrían, comprensiblemente, dejar en un segundo plano al resto de los acontecimientos del 2013, según Tanya Lokshina, directora de Human Rights Watch en Rusia. Pero es demasiado pronto para sugerir que estos acontecimientos avalan una mejora de la situación de los derechos humanos en Rusia.

Liberación de personajes famosos

Docenas de periodistas hicieron a Jodorkovsky la misma pregunta: ¿Por qué ahora?. Su respuesta fue siempre la misma, con mínimas variaciones: “Creo que es una señal de que el gobierno ruso y Putin personalmente están seriamente preocupados por la imagen del país”. También sugirió que esos esfuerzos por mejorar la imagen del país estaban probablemente relacionados con que Rusia vaya a albergar los Juegos Olímpicos de Invierno y con la cumbre del G-8 en verano de 2014. Ambos eventos están programados en Sochi, un popular centro turístico en el Mar Negro cuya cara ha sido cambiada para siempre debido a las colosales construcciones pre-olímpicas.

Haya o no esfuerzos de relaciones públicas, sería imposible no alegrarse de ver a Jodorkovsky libre por fin y reunido con su familia. No es menos maravilloso saber que sólo unos días antes algunos manifestantes de la Plaza Bolotnaya, que estaban siendo juzgados por cargos desproporcionados por “disturbios masivos”, abandonaban la sala del tribunal en el centro de Moscú, liberados de procesos judiciales futuros bajo la amnistía federal por el 20 aniversario de la Constitución de Rusia.

Fue también emocionante ver a dos jóvenes mujeres de la formación de punk feminista Pussy RIot, Nadezhda Tolokonnikova y Maria Alyojina salir por las puertas de la prisión en la semana de Navidad; y tener la seguridad que los 30 activistas de Greenpeace y la Tripulación del Artic Sunrise celebrará las vacaciones con sus seres queridos.

Los medios internacionales están encantados con esta buena noticia. Un analista ha llegado a decir del 2013 que ha sido “el año del ascenso de Vladímir Putin”. El presidente de Rusia casi se ve como un Papá Noel sin barba sentado bajo un gigantesco árbol de Navidad en el Kremlin, dando regalos de clemencia: los prisioneros políticos más famosos han sido liberados en una semana, para que el mundo pueda hacer un brindis festivo, relajarse y mirar hacia otro lado…

¿O quizá no es tan clemente?

Sin embargo, espera un segundo antes de destapar la botella de champán. Mis disculpas por una pregunta tan claramente no festiva, pero ¿qué estamos celebrando exactamente? Haríamos bien en recordar que la condena de Jodorkovsky era de 10 años y 10 meses y, de hecho, debía expirar en 6 meses. O que Tolokonnikova y Alyójina, quienes nunca se enfrentaron a cargos criminales, en primer lugar, han cumplido casi por completo su condena de dos años, saliendo menos de dos meses antes de la fecha prevista. ¿No han pasado los activistas de Greenpeace varios meses en prisión bajo cargos absurdos al principio, y posteriormente desproporcionados? ¿Y qué decir de los llamados prisioneros de Bolotnaya? Ese problema en modo alguno está aún resuelto. Dos de ellos fueron puestos en libertad, uno liberado de arresto domiciliario, y a otro más le han levantado las restricciones para viajar. Pero más de una docena siguen entre rejas, incluido Sergei Krivov, que lleva a cabo una prolongada huelga de hambre para protestar por un proceso judicial injusto; y Mijaíl Kosenko, en la actualidad apelando su sentencia de detención indefinida en una institución psiquiátrica por los cargos de disturbios masivos y un acto de violencia amenazado la vida de un agente.

Y finalmente, volvemos al “mejor preso”, Jodorkovsky. ¿Admitirías la más mínima sombra de duda de que el segundo grupo de cargos contra él y su socio Platon Lebedev, que dio lugar a su segunda condena en 2010, fuer políticamente motivado? Lebedev sigue en prisión y ese juicio, desde cualquier punto de vista, fue un enorme golpe al Estado de derecho en Rusia.

Este es, de hecho, un momento que da que pensar. Podemos alegrarnos por las personas que han sido liberadas como resultado de la amnistía o a través del perdón presidencial, incluso si hay poca duda con respecto a que esas decisiones fueron tomadas al más alto nivel y motivadas por el mismo objetivo de mejora de imagen. Pero no deberíamos permitirnos pensar ni un momento que la oscura nube que se cierne sobre Rusia se ha ido, y que el profundamente problemático registro sobre derechos humanos del país ha mejorado milagrosamente de la noche a la mañana. Los prisioneros recientes que ahora disfrutan de una muy esperada libertad, han desperdiciado injustamente meses o incluso años de sus vidas tras las rejas. Aunque ya no estén bajo confinamiento, eso no cambia el hecho de que fueron encarcelados bajo cargos fabricados.

Las nuevas leyes

La liberación de estas personas supone, obviamente, una gran diferencia para ellos y sus familias, pero no para el sistema judicial de Rusia, que permanece severamente comprometido por la manipulación política. Tampoco significa el fin a la despiadada represión de los críticos del Kremlin, una ofensiva de magnitud sin precedentes que comenzó con el regreso de Putin a la presidencia en mayo de 2012.

Sede de Memorial en Moscú con la pintada "agente extranjero"
Sede de Memorial en Moscú con la pintada “agente extranjero”

En el corazón de esto está la ley “de agente extranjeros”, que exige a los grupos que hacen lobby a que se registren como “agentes extranjeros” si reciben aunque sea un kopek de financiación extranjera. Esta ley fue aprobada en la Duma tan sólo unos meses después de que comenzara el tercer mandato presidencial de Putin. Como el término “agentes extranjeros” pertenece a la era de la Guerra Fría y no tiene más interpretación que “espías y traidores”, la ley tiene la clara intención de demonizar a los grupos subversivos a los ojos de la sociedad rusa. Más de mil grupos no gubernamentales fueron sujetos de inspecciones agresivas e intrusivas cuando la Fiscalía lanzó su caza de “agentes extranjeros” en primavera de 2013. Docenas recibieron advertencias u órdenes directas de los fiscales para registrarse como “agentes extranjeros”. El rechazo a llevar esta credencial de deshonor puede dar lugar, como consecuencia, a la suspensión de la organización y a una sentencia de presión más de dos años para su líder o líderes.

A finales de 2013, el Ministerio de Justicia ha utilizado la ley de agente extranjeros para suspender las actividades de dos grupos de vigilancia de las elecciones, ambos de la red Golos (Rusos por el voto). Al menos cuatro grupos decidieron finalizar sus operaciones antes que enfrentarse a futuras acciones legales represivas. Muchos otros hacen frente a largas luchas en los tribunales con los fiscales. En algunos casos han tenido éxito, pero los fiscales buscan ahora nuevas vías legales para acosarlos y para que no puedan registrarse.

Estas son batallas a las que los grupos rusos no habrían de enfrentarse. Cada uno de estos casos judiciales les quita un tiempo precioso y recursos a las víctimas de abuso que realmente necesitan ayuda. Además, la caza del gobierno de “agentes extranjeros” está avalada por una campaña de desprestigio a gran escala por parte de los medios estatales: los críticos del gobierno son representados como marionetas de Occidente, contratados para minar el prestigio de Rusia.

Nosotros y ellos

Asustados por las masivas protestas públicas en los dos años precedentes, el Kremlin está, aparentemente, intentando reafirmarse. Con este fin está consolidando su base de apoyo conservadora apoyando la dicotomía ideológica de “tradicional” versus “no tradicional”, y “ruso real” frente a “externos y ajenos”. En ese paradigma, el gobierno está intentando desviar el descontento público hacia enemigos especialmente diseñados, supuestamente opuestos a las tradiciones rusas.

La lista actual de enemigos tiene tres entradas principales:

  • “Agente extranjero”: activistas de derechos humanos, o simplemente cualquier que sea crítico con el incumplimiento del gobierno de las normas internacionales, especialmente aquellas que defienden los valores de los derechos humanos universales.
  • Colectivo LGBT: no es de extrañar que la discriminatoria ley, conocida como la de la prohibición de “propaganda homosexual” y que básicamente pone a la homosexualidad en la misma cesta que la pedofilia, esté formulada para prohibir la “propaganda de relaciones sexuales no tradicionales”.
  • Inmigrantes, que están siendo culpados de la criminalidad urbana y la falta de respecto a las costumbres sociales y culturales rusas (en otras palabras, de nuevo, las normas “tradicionales”)

Y no es necesario decir, como parte de este marco ideológico, que los activistas pro derechos humanos son descritos como protectores de gays e inmigrantes, a sueldo de las destructivas fuerzas externas.

Aunque hay que señalar que Jodorkovski debe su libertad al deseo del Kremlin de limpiar su imagen en la arena internacional, éste hizo hincapié en que su liberación no debía ser interpretada como una señal de que Rusia está preparado para la liberalización y “reformas profundas”. hizo hincapié en que su liberación no debía ser interpretada como una señal de que Rusia está preparado para la liberalización y “reformas profundas”. Esta afirmación parece especialmente reveladora, ya que su liberación de prisión y su inmediata transferencia a Alemania fueron notablemente evocadoras de las prácticas soviéticas.

En una escena que podría haber salido de una película sobre disidentes soviéticos, Jodorkovsky fue llevado al aeropuerto directamente desde el campo de prisión, al caer la noche, aún vistiendo las ropas de prisión. Descubrió su destino cuando estuvo a bordo del avión con destino a Berlín. Pero parece aún más patético teniendo en cuenta que sólo unas horas después de que Jodorkovsi fuera liberado, en el tribunal de Tuapse, una pequeña ciudad del sur de Rusia, se condenaba a un activista por el medioambiente, Evgeny Vitishko, a tres años de prisión.

En junio de 2012, después de un juicio con serias dudas respecto al proceso, Vitishko y sus compañero Suren Gazaryan fueron declarados cumpables de “causar un daño significativo a una propiedad privada”, es decir, a una verja que rodeaba la dacha que supuestamente pertenecía al gobernador de la región de Krasnodar, Aleksandr Tkachev. La sentencia de tres años fue suspendida, y Vitishko y Gazaryan tenían que cumplir un toque de queda de 11 de la noche a 6 de la mañana, personarse ante las autoridades de manera regular, y notificar a las autoridades en el caso de cambiar de residencia, etc.

Ambos activistas creían que las autoridades estaban intentando castigarlos por su crítica al daño medioambiental causado por las construcciones olímpicas dentro y alrededor de Sochi. Gazaryan huyó del país para evitar que lo metieran entre rejas y sus miedos ahora parecen más que justificados: Vitishko ha sido acusado de violar las normas del toque de queda y su sentencia suspendida se ha cambiado a la verdadera pena de prisión. Un tribunal de jurisdicción superior debería emitir un fallo sobre la demanda de Vitishko durante la última semana de 2013.

Vitishko podría no tener la misma fama o relevancia que Jodorkovski, pero no debería ser olvidado cuando el mundo está celebrando la liberación de famosos prisioneros políticos rusos. Un compromiso constante internacional con el Kremlin es crucial para la supervivencia de los activistas independientes en Rusia, del mismo modo que lo es para que Rusia se convierta en un Estado de derecho…

Este artículo se publicó originalmente en Open Democracy.
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