Elena Milashina (Nóvaya Gazeta) :::: Por primera vez en Rusia, un juez se opone abiertamente a la presión de las autoridades. Y lo hace en Chechenia.
El 1 de noviembre, el juez del Tribunal Supremo de la República de Chechenia Wahid Abubakarov, que lleva el caso de Suleimán Edígov, de 28 años, ha presentado su dimisión. Así explica el motivo de su renuncia:
“Una persona que se identificó por teléfono como el Ministro del Interior de la República chechena, lugarteniente general Ruslán Aljánov, que llamaba desde un número oculto, me comunicó que tenía conocimiento de que el acusado Edígov es culpable de los crímenes que se le imputan y me advirtió contra una posible sentencia absolutoria.

Este ministro dirige una estructura estatal que tiene la obligación legal de garantizar la protección de los jueces en caso de que se atente contra su independencia en la toma de decisiones en cualquier asunto.

Durante la investigación judicial, el tribunal recibió un conjunto de indicios que apoyaban la declaración del acusado Edígov de que unos agentes pertenecientes al ministerio de Aljánov le secuestraron ilegalmente desde el 3 de agosto de 2012 hasta el 12 de septiembre de 2012. Le torturaron, enrollando cables de aluminio en los dedos de sus manos y lo sometieron a corriente eléctrica para obligarlo a confesar, lo que le provocó unas persistentes heridas purulentas en varios dedos.

La llamada y la advertencia de Aljánov es la reacción tras haber interrogado a alguno de sus subordinados, que están interesados en impedir que la investigación tome un curso peligroso para ellos. La interferencia de un funcionario de tan alto rango en la investigación criminal que se está llevando a cabo en el caso de Edígov, hace que cualquier veredicto que yo pudiera dictar posteriormente se vea, incluso en mi propia conciencia, como una concesión ante unas amenazas, en caso de una sentencia exculpatoria, o una demostración de insumisión, en caso de una sentencia condenatoria. Parecería bien un encargo político bien una señal de protesta… Dichas circunstancias hacen que se ponga en duda … mi imparcialidad y ausencia de interés personal en el desenlace. Por lo tanto, considero necesario declarar mi dimisión y retirarme de la investigación del caso…”.

La renuncia del juez Abubakarov que, por cierto, todos los abogados chechenos que conozco caracterizan como uno de los más duros (es famoso por dictar condenas de prisión aun mayores de las que pedía la acusación), no tiene análogos en la historia del sistema judicial ruso. Y si tenemos en cuenta el lugar donde esto ha ocurrido, podemos afirmar que el juez Abubakarov es un hombre extraordinariamente valiente. Le apoyaron silenciosamente los compañeros, cansados de las intromisiones de la policía local. Pero no recibió apoyo alguno por parte de los dirigentes del Tribunal Supremo de Chechenia.

Wahid Abubakarov cuenta que informó personalmente al Presidente del Tribunal Supremo y a sus magistrados de las amenazas y las presiones abiertas y descaradas que recibía. Y esperó ayuda. Pero los altos funcionarios prefirieron no entrometerse en un conflicto entre el juez y los hombres de Kadírov.

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El 31 de octubre, Ramzán Kadírov celebró una reunión con los representantes del Cuerpo de jueces, de la Fiscalía, del Interior y del Comité de Investigación de Chechenia. En la reunión no se habló sólo de la suerte del juez Abubakarov. Se habló de la necesidad de instaurar un control sobre los tribunales de la república por parte del Ejecutivo. Los representantes del poder judicial aprobaron la idea, porque no dijeron nada. En estas reuniones no se acostumbra a llevar la contraria. En ese momento fue cuando Wahid Abubakarov presentó su renuncia, explicando honestamente el motivo.

Justo después de la reunión, Ramzán Kadírov se fue a Dubai. Mientras, los hijos de Abubakarov fueron a toda prisa a casa de su padre para poder protegerlo, llegado el caso. Parece que el juez Abubakarov, que pasó 40 años trabajando en el sistema judicial de Rusia (fue, en su momento, Fiscal de la república de Chechenia y Fiscal superior en la Fiscalía General rusa) no tiene a nadie más para defenderle.

Suleimán Edígov, de 28 años, está siendo procesado por asesinato de un agente de la policía chechena y venta ilegal de armas. La acusación se basa principalmente en la propia confesión de Edígov, que éste confirmó durante el juicio. Según los familiares de Edígov y su abogado, Saíd-Ahmed Yusupov, el acusado tenía esperanza en una conciliación prejudicial y una condena de corta duración. Sin embargo, en delitos tan graves no existen condenas cortas. Pero Edígov lo entendió sólo en la recta final del proceso, cuando faltaba sólo una sesión para la sentencia. Quedaba su último turno de palabra. Y entonces lo contó todo. Estuvo hablando durante varias horas. “Yo observaba la cara del juez – cuenta el abogado de Yusupov – y vi como cambiaba su expresión. Pero entonces no entendí lo que auguraba este cambio”.

El checheno Suleimán Edigov no vive de Chechenia. Nació en Chechenia y vivió allí durante la primera guerra chechena. Entonces salió del país y regresó justo después de la segunda guerra. Encontró trabajo en el OMON. En 2008 perdió el trabajo debido a problemas con la vista y emigró a Suecia. Sin embargo, existe otra razón más del porqué Edigov se fue. Esta razón fue su conocido Timur Isaev, persona clave en esta historia. “Nos conocimos a finales de 2006 en Grozny, donde entonces vivía –cuenta en el tribunal Edigov-. Entonces yo trabajaba en el OMON. Timur Isáev me presentó a Islam Abubakarov y a Magomed Bajaev. En marzo de 2008 dejé el trabajo por mi estado de salud. Timur Isáev a menudo nos llamaba, a mí y a otros dos que he mencionado anteriormente, para invitarnos a su casa y allí, mientras charlábamos, intentaba convencernos para que nos uniéramos a la insurgencia armada para llevar a cabo la “guerra santa”. En gran medida fue por Isáev por lo que en febrero de 2009 me fui con mi familia a Suecia. Pero allí también me encontró Isaev; se comunicaba conmigo por internet y por teléfono. Por sus palabras supe que Abubakarov y Bajaev ingresaron en las filas de la insurgencia. Me llamaba a casa para que siguiera su ejemplo. Cuando rechacé su propuesta, entonces me rogó que les ayudase con dinero. Después de esto le dije muy seriamente que no tenía necesidad de todo esto y que nunca más volviera a ponerse en contacto conmigo…”
Va a sorprenderos, pero el “yihadista” Timur Isáev está muy bien considerado en el Ministerio del Interior checheno.

Fijáos qué declaró sobre él el influyente silovik checheno Jamzat Edilguireev: “Timur Isaev ha prestado un gran servicio a la República de Chechenia. Él solo ha obtenido mayores resultados que todos los departamentos de asuntos internos de Grozny juntos”.

Aquí es necesario aclarar a qué se refiere el jefe de uno de los más exitosos departamentos de la policía chechena con la palabra “resultado”. En Chechenia, durante muchos años (véase este artículo de Natalia Estemírova como ejemplo, de 2009) existe una curiosa manera de hacer frente a la llamada insurgencia: Un reclutador infiltrado consigue ganar la confianza de jóvenes chechenos, les hace un lavado de cerebro sobre la llamada “guerra santa” y les anima a unirse a la guerrilla en los bosques. Y en consecuencia, algunos policías chechenos reciben premios y generosos pagos del presupuesto por la cabeza de estos jóvenes idiotas, muertos durante regulares y exitosas operaciones policiales. No sería de extrañar que, si desde el presupuesto federal dejara de pagarse por cada insurgente asesinado, su número caería drásticamente.

Y cuantos más chechenos se “van al bosque” para unirse a la insurgencia, más rentable resulta para los policías. Así es la lucha. Y en ella, el elemento más valioso es, precisamente, el reclutador. Son personas intocables que, en general, se mueven por Chechenia en coches con la matrícula de élite KRA (abreviatura fácil de descifrar, son las iniciales del Presidente de la república Kadírov Ramzan Akhmedovich). Timur Isaev tiene una de estas matrículas “KRA”, y en el Tribunal afirmó que él personalmente había impedido un intento de secuestro contra Ramzan Akhmedovich. Faltaría saber quién fue el cerebro que empezó a organizar el secuestro…

Después de que Edígov expusiera su última palabra, el juez Abubakarov dictaminó comprobar todos los hechos. El Comité de Investigación y la Oficina del Fiscal investigaron de forma muy superficial. Y entonces el juez Abubakarov reanudó el juicio y empezó él mismo a investigar. Poco a poco, a partir de entrevistas a los testigos – personas que vivían en el mismo lugar que Edígov, agentes de policía y médicos forenses, apareció un cuadro completo y claro.
Timur Isaev sabía que Edígov estaba metido en un negocio de compra y venta de automóviles de segunda mano que traía de Europa para vender en Chechenia. Hay razones para creer que una transacción en particular (Edígov llegó a Chechenia con un vehículo que no era el suyo a finales de julio de 2012) fue organizada por mediación de Isaev. Y el Tribunal determinó que Timur Isaev, sin ser un empleado regular de la policía chechena, participó en el secuestro de Suleiman Edígov el 03 de agosto 2012 a las puertas de casa de los padres del acusado.

Otro hecho que coincide con la versión de Edígov son las heridas que dejaron las torturas en sus manos. Enrollaron cable de aluminio en sus dedos y lo sometieron a corriente para que confesara el asesinato. Cuando de las heridas de los dedos empezó a supurar pus, avisaron a una enfermera de la morgue local, que confirmó en el Tribunal que había curado las heridas de Edígov. La mujer trató las heridas, que sanaron, pero las cicatrices circulares permanecen en sus manos. De hecho, allí permanecerán de por vida.

Los agentes de la policía chechena que fueron interrogados por el Tribunal se comportaron de forma prepotente y con descaro. Pero las preguntas punzantes del juez Abubakarov fueron una completa sorpresa para ellos, acostumbrados a la impunidad más absoluta. Y hablaron más de la cuenta. Y se dieron cuenta de que habían dicho cosas que debían haber callado. Y luego, al parecer, corrieron a sus jefes para protegerse, esperando que alguien parara los pies al juez.

La cadena de mando llegó al ministro del Interior de Chechenia, quien el mismo juez Abubakarov considera que es un “hombre inteligente”. En el sentido de que Aljánov, así como Abubakarov, trabajó la mayor parte de su vida en el sistema legal ruso. Con todos sus pros y sus contras. Del sistema, del cual está sujeta ahora la ley en Chechenia, pero que allí no puede considerarse ni legal, ni ruso.

En realidad, no hay nada sorprendente en esta historia. La paz en Chechenia recae sobre insurgentes que han desertado, a quienes se les da carta blanca y a quienes, como se ha visto después, les da igual a quién asesinan: a soldados rusos o a chechenos. De hecho, esto es puro salvajismo, y no es compatible con ningún entendimiento de la ley, ni el nuestro, por muy atrofiado que esté.

La traducción de este artículo se publica con el permiso expreso de la autora Elena Milashina. Se publicó originalmente en ruso en Nóvaya Gazeta.
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