Ana Sánchez Resalt :::: A principios de octubre la antorcha olímpica de los Juegos de Invierno de Sochi dejaba Moscú rodeada de todo el boato y parafernalia posibles para iniciar un periplo por toda Rusia. Los medios progubernamentales contaban con todo lujo de detalles cómo estaba hecha la antorcha, cómo funciona, por qué ciudades pasará, cuánta gente la portará, que el 90% de la población podrá verla (¡el 90% de más de 142 millones de personas!), etc.  Y, como viene siendo habitual en el proceder ruso/soviético, para intentar ir un paso por delante, el 9 de noviembre serán los primeros en hacer que el fuego que iluminará estos juegos invernales rusos viaje al espacio acompañado de dos astronautas rusos en la nave Soyuz.

Pero tanto ánimo festivo no podía durar eternamente. El 21 de octubre, con la antorcha aún dando tumbos por Rusia, sucedía un imprevisto. Sabemos que en el Cáucaso Norte, especialmente en Daguestán, Ingushetia y Chechenia, se producen atentados con víctimas con demasiada frecuencia. También sabemos que rara vez los medios internacionales generalistas se hacen eco de estos “incidentes”. Ese 21 de octubre uno de estos habituales atentados tuvo lugar en la Rusia-Rusia, ni más ni menos que en Volgogrado (nombre actual de la histórica y gloriosa ciudad de Stalingrado). Una terrorista suicida hacía estallar los explosivos que llevaba adheridos a su cuerpo en un autobús de la ciudad. Según el Comité de Investigación de la Federación Rusa, el atentado -en el que murieron 7 personas y varias decenas resultaron heridas- fue obra de Nadia Asiálova, oriunda de Daguestán de 31 años. Su joven marido (al que, al parecer, ella misma reclutó), Dmitri Sokolov, de origen ruso y convertido al islam, podría haberla ayudado en Daguestán y pertenecer a una célula terrorista de Majachkalá, para la que trabajaría como fabricante de bombas. Las autoridades rusas lo buscan desde entonces. Meses antes, los padres de Sokolov habían aparecido en la televisión estatal (en un programa sobre desaparecidos al más puro estilo ¿Quién sabe dónde?) denunciando la desaparición de su hijo, del que no sabían nada desde diciembre de 2012. Tampoco conocemos si los padres sabían de la orientación religiosa de su hijo. Con este atentado aparece una amenaza que había permanecido oculta hasta ahora para las autoridades rusas (y para el pueblo): un ruso-ruso en primera línea de un atentado contra civiles rusos en territorio ruso-ruso. Porque Chechenia o Daguestán son territorio ruso, pero menos que Volgogrado; y no es lo mismo que el que esté implicado en el atentado se llame (por ejemplo) Said Magomedov  que Dimitri Sokolov.

Atentado Volgogrado
Atentado Volgogrado

Otra de las características distintivas en este atentado es su protagonista, Nadia Asiálova, que nos lleva a plantearnos varias cuestiones: ¿Está cambiando el perfil de la “viuda negra”?, ¿nace un nuevo tipo de terrorista suicida mujer?  Porque el perfil de Asiálova no es el más habitual entre las terroristas: desde hacía años residía en Moscú, donde había estudiado en la universidad, tenía un buen trabajo, hacía poco se había convertido al islam y estaba casada con un moscovita. ¿Qué empuja a una mujer con estas características a cometer un acto terrorista suicida? Las viudas negras suelen ser esposas, hermanas, hijas, familiares de insurgentes islamistas que han muerto en operaciones contraterroristas en lucha contra las autoridades rusas. Su motivación no es exactamente religiosa ni política: es venganza, a veces pura y dura, aunque se tamice con toques de yihad.

Estas “novias de Alá” son generalmente chicas jóvenes de escasos recursos y sin apenas formación. Muchas se han acercado a la insurgencia y han llegado al monte huyendo de una boda que no han elegido, de un marido del que no se pueden divorciar, de un repudio familiar… y en los grupos de insurgentes de las montañas encuentran el apoyo y el respeto que quizá no encuentran en su propio círculo. Tras una profunda formación que va más allá de enseñanzas religiosas y técnicas para la acción, estas mujeres (y hombres) están preparadas para morir, pero también para desear esa muerte por Alá.

Y tras el atentado, ¿cuáles han sido las medidas inmediatas que ha acometido el Gobierno ruso? En primer lugar, desde el Ministerio del Interior ruso han hecho un llamamiento a los ciudadanos  para que estén atentos y denuncien ante la policía a cualquier persona u objeto sospechoso colocado en lugares públicos, principalmente. Lo que les faltaba a los rusos (especialmente moscovitas) para alimentar su odio y desconfianza hacia los inmigrantes…

En segundo lugar, el viernes 25 de octubre, los diputados de la Duma aprobaban varias enmiendas al Código Penal que endurecían el castigo por actividad terrorista. El Código Penal ruso, desde ahora, también sancionará  con penas de cárcel de entre 3 y 20 años “los llamamientos públicos a la realización de actividades terroristas o justificación pública del terrorismo”, “la formación con el objetivo de la realización de una actividad terrorista” y “la organización de una comunidad terrorista o la participación en ella”.

A cuatro meses de que comiencen los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, el Kremlin se esfuerza por demostrar y mostrar que ese paradisíaco rincón de Rusia a orillas del mar Negro es una balsa de aceite en el que nada ocurrirá. Las medidas de seguridad y los servicios de espionaje e inteligencia rusos están trabajando a destajo en todo el país, especialmente en la zona. Sin embargo, este atentado (a más de 600 km de Sochi) es un toque de atención muy poco sutil y que deja en evidencia la supuesta gran preparación y cautela con la que se preparan estos juegos. Porque la gran pregunta es esta: ¿cómo es posible que Asiálova llegase sola desde en autobús desde Majachkalá con un billete hacia Moscú, que parase en Volgogrado, que recorriese varios centros comerciales de la ciudad, y que nadie se percatara de que llevaba explosivos encima? ¿Dónde están las supuestas grandes medidas de seguridad?

Por cierto, que aún ningún grupo terrorista, ni milicia, ni grupo de insurgentes ha reivindicado el atentado todavía…

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