Yana Toropygina :::: La inmigración ilegal se ha convertido hoy en día en uno de los asuntos más polémicos y, a la vez, política y socialmente estancados en Rusia, en particular en ciudades como Moscú. Este año más de la mitad de los moscovitas han citado el excesivo número de inmigrantes procedentes de las exrepúblicas soviéticas y del Cáucaso del Norte en la ciudad como uno de los problemas sociales más graves.

Pero ¿cómo podría describirse el problema de la inmigración ilegal al cual se enfrenta la Rusia de hoy? He aquí algunos datos que resumirían el contexto actual.

¿Cuántos inmigrantes ilegales hay en Rusia? ¿De dónde vienen? ¿A qué se dedican?

Según los datos oficiales, a día de hoy Rusia cuenta con más de 10 millones de inmigrantes, de los cuales 3,3 millones son inmigrantes ilegales. Según las cifras oficiales del Servicio Federal Migratorio, la mayor parte de los ilegales (cerca de 900.000) son ciudadanos de Uzbekistán, más de 500.000 son ucranianos y aproximadamente 400.000 proceden de Tayikistán. Les siguen los migrantes de Azerbaiyán, Kirguistán y Kazajistán. Sin embargo, según estimaciones no oficiales, en Rusia viven actualmente entre 10 y 12 millones de inmigrantes ilegales que se concentran principalmente en las grandes ciudades, entre las cuales Moscú destaca como destino de preferencia.

Lager Gulyanogo

La inmigración ilegal es, fundamentalmente, de carácter laboral. Es muy significativo el hecho, por ejemplo, de que el dinero que los inmigrantes envían desde Rusia a Tayikistán supone el 50% del PIB de este la república tayika. En total, los envíos privados a los países de la CEI el año pasado sumaron un total de 18,2 mil millones de dólares.

La gran mayoría de los inmigrantes en Rusia se dedican a trabajar en el sector de la construcción. Según las estadísticas oficiales, este sector da trabajo a aproximadamente un 40% de los inmigrantes. Son comunes también los inmigrantes que se dedican a labores de limpieza, reparación (de transportes, motocicletas, objetos de uso cotidiano) y al sector comercial.

¿Qué opinan los rusos de los inmigrantes?

Determinar qué opinión tienen los rusos de los inmigrantes a nivel personal o general es, sin duda, difícil. Intervienen numerosas variables: la experiencia personal, el lugar de residencia, las preferencias políticas… Pero si se acude a los datos estadísticos recogidos en numerosas encuestas, el resultado mostrará que la imagen de los inmigrantes en Rusia es francamente mala.

Acorde con los datos del centro de investigaciones Levada, tan sólo el 4-5% de los ciudadanos de Rusia atribuyen a los inmigrantes cualidades positivas, tales como la cortesía, la amabilidad o la disposición a prestar ayuda. La mayoría percibe que los inmigrantes no saben comunicarse (por falta de conocimiento del idioma ruso), hacen mal su trabajo, imponen sus valores sociales y culturales en la sociedad receptora y, además, tienen un aspecto desagradable. Una mayoría de la población (alrededor del 70%) cree que los inmigrantes contribuyen al aumento del número de crímenes y apoya la idea de que tienen que aplicarse medidas más duras para hacer que los inmigrantes vuelvan a sus países de origen.

Las estadísticas oficiales aumentan esta preocupación: sugieren que a lo largo del año 2012 uno de cada tres casos de violación y uno de cada ocho de asesinato en Moscú fue cometido por ciudadanos extranjeros, tanto contra moscovitas, como contra otros inmigrantes.

Nueva “decriminalización”, alias “caza de inmigrantes”

El 27 de julio, en el mercado Matveevsky de Moscú, fue detenido Magomed Magomedov bajo sospecha de haber violado a una menor. En el momento de su detención intervinieron otros vendedores del mercado (según varias fuentes, sus parientes) atacando al policía Antón Kudryashov, que fue posteriormente ingresado en el hospital. Cabe anotar que otros dos policías presentes durante el incidente no intervinieron en la pelea.

A partir de este episodio empezaría la labor de “limpieza” de la ciudad de Moscú, denominada “decriminalización” (“dekriminalizatsiya”); los mercados, ocupados casi exclusivamente por los inmigrantes, se convirtieron en su principal objetivo.

El episodio protagonizado por Magomedov sirvió de detonante para lanzar una acción decisiva contra los inmigrantes ilegales de la exrepúblicas, es decir, contra los “extranjeros” de hoy en día en Rusia. Sin embargo, en realidad, Magomedov y su familia son ciudadanos de la república de Daguestán y, por lo tanto, todos aquellos que paticiparon en la pelea eran ciudadanos rusos.

Campamento Gulyanogo

Así, de repente comenzó una batalla masiva contra los inmigrantes ilegales. En el barrio Golyanovo de Moscú los empleados del Ministerio para Asuntos de Emergencia, a petición de la policía, construyeron un campamento parecido a los campamentos de refugiados, aunque muchos se referían a él como “campo de concentración”. Allí se concentraban, durante varias semanas, los inmigrantes ilegales, esperando la repatriación. Uno de los problemas más graves que presentó este campamento era la falta de un claro estatuto jurídico: la creación de este tipo de campamentos no está prevista en la regulación jurídico-normativa rusa. Al mismo tiempo, sí que se prevé la estancia de los inmigrantes que esperan a ser deportados en “centros de recepción especializados”, pero la cantidad de los inmigrantes detenidos en esos últimos días había sido tal que fue necesario buscar un nuevo espacio que se utilizaría con los mismos fines.

Esta urgente y contradictoria medida recibió numerosas críticas. Entre las más repetidas, destacan dos: en primer lugar, las malas condiciones en las que vivían los inmigrantes en el campamento; en segundo lugar, la falta de viabilidad del campamento como medida para solucionar el problema de la migración ilegal en Rusia.

Una señal clara de la ineficacia de este campamento radica en el hecho de que el campamento no tuvo continuidad y fue desmontado posteriormente. En total, en el campamento vivieron alrededor de 600 inmigrantes ilegales. Gran parte de ellos fueron repatriados; 234 personas fueron traspasadas al centro de internamiento de inmigrantes.

Con estos datos presentes, si tenemos en cuenta que la mayoría de los inmigrantes detenidos eran vietnamitas, que en Rusia sigue habiendo, según diferentes cálculos, entre 3 y 10 millones de inmigrantes ilegales, y, sobre todo, que la mayoría de ellos provienen de Uzbekistán y no de Vietnam; si tenemos en cuenta todos estos factores, la conclusión parece evidente: la estrategia empleada hasta ahora para combatir la inmigración ilegal en Rusia presenta una crítica falta de eficiencia.

¿Se prevé algún cambio?

¿Pero realmente ha habido una estrategia contra la inmigración ilegal? El caso del campamento de Golyanovo podría sugerir que combatir realmente la inmigración ilegal en Rusia no interesa a las autoridades del país, por razones sorprendentemente difíciles de definir, aunque algunas de ellas saltarían a la vista.

La política estatal actual relativa a cuestiones de inmigración ha conseguido ayudar a cultivar un notable e incipiente nacionalismo en Rusia, con frecuencia criticado en la arena internacional. Como bien se sabe, las diferencias étnicas, nacionales y religiosas se convierten con una facilidad alarmante en argumentos políticos difíciles de derribar y fáciles de utilizar en el discurso electoral y político.

Ello se refleja con claridad en el hecho de que durante las últimas semanas la iniciativa de luchar contra los ilegales se convirtió en uno de los argumentos principales de los candidatos a convertirse en el alcalde de Moscú. La existencia de la inmigración ilegal y la consecuente intolerancia y el enfado de los ciudadanos ofrecen un terreno fructífero para la promoción del discurso nacionalista que, cerrando el círculo vicioso, encuentra el apoyo del electorado. De esta manera la inmigración ilegal se vuelve indudablemente beneficiosa para campañas políticas preelectorales como la actual.

Además de la esfera política, la mano de obra ilegal beneficia a quienes acuden a emplear a los inmigrantes. A determinados empresarios, pues, no les interesa que se vayan estos trabajadores baratos. Un trabajador ilegal sin documentos, ni contrato, ni derechos se convierte en una fuente de ingreso pura. Los pasos para conseguirlos son sencillos: tan solo hacer que no coincida lo indicado en las listas oficiales de empleados y de sus respectivos salarios con la realidad, preferiblemente quitando los documentos a los trabajadores.

¿Pruebas de que esto realmente tiene lugar en Rusia a nivel incontrolable? Numerosas. Entre ellas destaca la práctica del empadronamiento ilegal de los inmigrantes. Los empresarios interesados llegan a empadronar a cientos de inmigrantes bajo un mismo techo. Un caso relativamente reciente de gran resonancia ha sido el intento de Pavel Kovalenko de empadronar a 4.500 inmigrantes ilegales en su oficina en Moscú. Además de que la iniciativa es absurda en sí, la oficina, evidentemente, no podía ser utilizada por los empadronados como vivenda, lo cual es una violación adicional de la normativa legal vigente. Curiosamente, Kovalenko es uno de los dirigentes de la Unión transregional de la defensa de derechos de los migrantes laborales, un puesto difícilmente compatible con la activa contribución a la preservación del estatuto ilegal de los inmigrantes.

Los mismos casos son numerosos no sólo en Moscú, sino también en San Petersburgo. Ellos contribuyen a que sea cada vez más difícil saber cuántos inmigrantes viven hoy en día en Rusia y qué estatuto tienen, además de profundizar la diferencia entre los datos oficiales sobre los inmigrantes en el país y aquella realidad que encuentran los rusos en las calles de sus ciudades todos los días.

Los tímidos intentos de las autoridades de mostrar su disposición a resolver el asunto de la migración ilegal, traducidos, tradicionalmente, en “cazas” de inmigrantes, se habían dado en Rusia anteriormente: contra los georgianos en 2006, contra los tayikos en 201

Es evidente que estos “arreglos decorativos” no convencen a nadie. Lo que se precisa no es la caza y la repatriación de los ilegales que se encuentran ahora en Rusia. Lo que es necesario hacer ante todo es penalizar a aquellos que están interesados en que el flujo de los inmigrantes ilegales siga activo. Por el momento, de una u otra manera, ellos están protegidos por el sistema contra el castigo que les corresponde. La inmigración ilegal florece, los inmigrantes sufren condiciones de trabajo inhumanas, se encierran en sus comunidades, algunos de ellos se aferran a la violencia y los crímenes al tiempo que los ciudadanos se afirman en sus creencias xenófobas, volviéndose cada día más intolerantes. Pero mientras esta situación siga creando dinero que, lamentablemente, domina la lógica gubernamental en Rusia, es dudoso que aquellos que horrorizados y enfadados viven obligados a esperar a que las circunstancias se vuelvan críticas, vean llegar una solución eficaz.

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