Mijaíl Loginov (Open Democracy) :::: El líder nacionalista-populista del movimento de protesta Alekséi Navalny ha contribuido enormemente a la tesis que defiende que el Kremlin “alimenta” a los díscolos ciudadanos del Norte del Cáucaso a expensas de los rusos. Mijaíl Loginov, el autor de este artículo, visitó una pequeña ciudad de Karachai para ver si esta teoría se basa en la realidad.

Basta de alimentar al Cáucaso” es un grito que se escucha con frecuencia entre los nacionalistas rusos, tanto radicales como moderados-democráticos. Alekséi Navalny es el ejemplo más típico. La protesta es que Chechenia y otras repúblicas del norte del Cáucaso reciben demasiadas ayudas gubernamentales, tanto directas como indirectas, y que nadie controla cómo se gasta ese dinero. Como consecuencia, gente de otras partes de Rusia está convencida de que el Cáucaso está abarrotado de dinero. Pero ¿es esto verdad? ¿Cuánto dinero tienen los habitantes del Cáucaso Norte? ¿Qué comen diariamente? Tomaremos como ejemplo un pueblo de la república de Karacháyevo-Cherkesia, en el oeste de la región.

Una pensión por un fantasma

Si quinientas personas se reúnen en una calle en un pueblo o ciudad de Rusia no pasará mucho tiempo antes de que aparezca una patrulla de policía o los antidisturbios. En una montaña del Cáucaso, una multitud como esa no despertará el más mínimo interés, ni mucho menos creará ninguna alarma entre la policía local. Simplemente se sabe que no se trata de ninguna manifestación, sino de la rutina de un funeral o una boda.
Hoy un funeral ha arrastrado a una multitud hasta el pueblo de Sary-Tyuz. Familia y vecinos se han reunido para decir adiós a Mariam Jubieva, una anciana viuda. Su vida refleja los eventos más importantes que el pueblo de la región de Karacháyevo ha vivido a lo largo del siglo veinte.

En 1943, Mariam era una adolescente que trabajaba en una granja colectiva. Sobrevivió a la ocupación alemana del área durante cinco meses y fue deportada a Kazajstán junto con toda la población de karachai, acusada oficialmente de colaboración con los nazis. La verdadera razón de este exilio es aún desconocida: los karachais tienden a culpar a los georgianos y afirman que ellos los denunciaron para poder anexionarse las regiones montañosas adyacentes a su república.

Mariam vivió en el exilio hasta los años 50, cuando volvió junto a la mayoría de los karachais que sobrevivieron. Sus viejas casas de maderas habían sido quemadas, así que construyeron apresuradamente unas viviendas nuevas fabricadas con ladrillos hechos a mano. Cavaban agujeros en mitad de las calles sin pavimentar, ponían algo de paja, añadían agua y así producían su propio material de construcción.
Mariam se casó y trabajaba en una pequeña fábrica de ropa en el pueblo. En los 90, la fábrica cerró después de que Karacháyevo-Cherkesia, como todo el norte del Cáucaso, se inundara de los textiles baratos que procedían de Turquía. El marido de Mariam, un conductor de tractor en una granja colectiva, murió en esa época.

En 2011, después del aumento de las pensiones en toda la Federación Rusa, la pensión básica estatal de Mariam no era de más de 5000 rublos al mes, sobre unos 150 dólares. Sin embargo, en el Cáucaso los niveles de las pensiones siempre han sido más altos que la media. En primer lugar, la mitad de la población del Cáucaso – karachais, balkarios, chechenos e inguses- reciben una compensación por la deportación.

En segundo lugar, a comienzos de los 50, una gran parte de los habitantes de Karacháyevo-Cherkesia fueron registrados como discapacitados. Esto ocurrió no sólo como resultado de sus condiciones laborales, que verdaderamente fueron duras, sino también por la “lealtad” de los funcionarios locales del servicio de salud, algo desconocido en cualquier otra parte de Rusia. La lealtad, todo hay que decirlo, era al cobro de un soborno de seis meses de la pensión de invalidez que más tarde cobrarían. Y así, contando su pensión y sus beneficios por invalidez, la fallecida recibía un total de 260 dólares del erario federal cada mes.

Mariam fue enterrada según el rito musulmán, sin autopsia y antes de la puesta de sol del día de su muerte. En otras regiones de Rusia, la notificación oficial de una muerte llega a las agencias de seguridad social bastante rápido, pero en el Cáucaso, Mariam Jubieva continuará recibiendo su pensión y otras prestaciones por algún tiempo más. Es una práctica aceptada el que los familiares continúen recibiendo los pagos durante dos o tres años. Durante ese tiempo, la fallecida también continuará “votando” en las elecciones.

Beber a la manera de Karacháyevo

El salario medio en Karacháyevo-Cherkesia no es mucho mayor que el de una pensión. Ninguno de los hijos adultos de Mariam Kubieva o sus familiares cercanos son gente con dinero, pero si tuvieras que decirle a una persona que gana un sueldo medio en la Rusia central sobre la cantidad que se gastan en los funerales en el Cáucaso Norte, pensarían que el velatorio está patrocinado por un oligarca.

A pesar de que el Maulud – lecturas de los textos sagrados sobre la vida del Profeta – es ante todo una ceremonia religiosa, está dominada por la comida. “Hacer el Maulud” significa no sólo invitar a los mullahs a las lecturas, sino alimentar a unos 500 familiares y vecinos.

La ceremonia conmemorativa incluye el ritual de la matanza de tres toros. El primero debe ser sacrificado el tercer día después del funeral. Después, los mullahs calculan la fecha el día 52 después de la muerte, y un segundo toro se mata ese día. El tercer todo es sacrificado en el primer aniversario de su muerte. Los toros tienen que ser grandes y estar bien alimentados; de otro modo, no proporcionarán suficiente carne para todo el mundo.

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Casi todos los platos preparados para el Maulud se basan en la carne. Incluyen khychiny (empanadillas fritas), pelmeny (algo parecido a unos raviolis grandes) y carne hervida. Los invitados no sólo comen juntos, sino que se llevan a casa comida en grandes bolsas de plástico. Esas “bolsitas de golosinas” siempre incluyen pan, un paquete de pasta, una botella de aceite para cocinar, un paquete de azúcar y un trozo de carne de toro. El resto del contenido de la bolsa depende de la imaginación y de la situación financiera de los organizadores. Pueden incluir frutos secos, queso, chocolate, té o café. Los invitados se llevan las bolsas a casa y si alguien no ha podido ir a la celebración, alguna otra persona le llevará a su casa su bolsa.

Las mesas en la ceremonia recordarían a las de una boda, si no fuera por la falta de alcohol. Me dijeron que hay un dicho en los equipos de trabajo donde hay gente de diferentes orígenes étnicos: “beber como un karachai”; en otras palabras: sólo en ocasiones felices.

Sueldos pequeños, grandes rebaños

Sary-Tyuz, un pueblo corriente de Karacháyevo-Cherkesia, se construyó a principios del siglo XX, y tiene forma de planta cuadrada. Su población es de unos 4.000 habitantes. Aún tiene casas de pequeños ladrillos de adobe y casas de madera, de antes y después de la guerra, pero hay muchas más viviendas de ladrillo modernas. Varias de ellas valen más que cuatro de las casas vecinas juntas. Estos palacetes pertenecen a esos que a nivel local todos conocen como “la mafia”. Incluso las casas más pobres están pintadas por fuera y sus patios están limpios.

Al mismo tiempo, el ganado deambula por las mugrientas calles llenas de baches; los expulsan de sus establos para mantenerlos libres de estiércol y fango. A veces, las vacas paren en la misma calle. Cuando esto sucede, los habitantes del pueblo contactan con el propietario de la vaca a través de su teléfono móvil, van a buscar el coche, enganchan al ternero en el maletero, y se lo llevan a casa. Las costumbres locales dictaminan que la gente no sale por el pueblo simplemente a pasear. Si hay una multitud en la calle frente a la casa de alguien, siempre será signo de que algún evento está sucediendo, como en el caso de hoy, que es un Maulud.

El Maulud lo ha organizado el hermano de la mujer fallecida, Aslanbek. Él es el director de la oficina local de la compañía que proporciona a la región las instalaciones de gas. La mayoría de los pueblos en Karacháyevo-Cherkesia tienen suministro de gas. De hecho, las casas de Sary-Tyuz también tienen agua corriente, un nivel de comodidad desconocido en la mayoría de los pueblos rusos.

A pesar de que Aslanbek es un director, con dos personas que trabajan bajo su supervisión y un coche de empresa, su sueldo es de menos de 300 dólares al mes. Como la mayoría de los hogares rurales, su familia también es de pequeños agricultores, con una propiedad de 1200 metros cuadrados (0,3 acres) de campo de patata y algo de ganado. En su vaquería tiene cuatro vacas lecheras, dos terneros y dos jóvenes bueyes. Se crían para vender o, si fuera necesario, para una boda o un funeral. Aslanbek también posee veinte ovejas.

El rebaño de Aslanbek no es particularmente grande, según términos de Karacháyevo. Incluso uno que tiene 10 vacas y 50 ovejas no es considerado un hombre rico. Un hombre rico es alguien que tiene su propia empresa (a pesar de que son muy escasos) o que tiene conexiones directas con la hacienda pública. Sus pequeñas propiedades, sin embargo, significa que los habitantes de los pueblos son auto suficientes en cuanto a comida, y que incluso pueden producir excedente para vender. Compran la sal, el azúcar, el té, la harina y el aceite para cocinar, pero producen sus propias verduras, productos lácteos y carne.

El primo de Aslanbek, Hussein, es un ejemplo de un rico productor de ganado. Aparte de ser propietario de un gran rebaño, tiene dos tractores que compró en una granja colectiva cuando ésta cerró, y un caballo pura sangre. En los tiempos soviéticos, secuestró a su esposa y no permitió que sus familiares la liberaran hasta que se celebrase una ceremonia de matrimonio. La novia había accedido a ser secuestrada.
El hijo de Hussein y su mano derecha ha sido educado para seguir la tradición. Si no hubiera obstáculos artificiales a los negocios en Rusia, la carne orgánica de los bueyes de Hussein tendría una gran demanda. Pero en realidad, no tiene sentido llevar el ganado más al norte de Krasnodar: la extorsión por parte de la policía en las carreteras hace que no merezca la pena la molestia.

El “banquero” Murat

Aslanbek y su hijo Murat han sido menos afortunados. La historia de la vida de Murat podría proporcionar suficiente material para una serie de televisión melodramática. Se casó justo después del colegio, abandonó a su mujer y a su hijo, se casó de nuevo y luego dejó a su segunda esposa por una tercera. Aún mantiene la amistad con las tres mujeres. Como todos los karachais que han crecido en el pueblo, Murat puede realizar cualquier trabajo relativo a la agricultura, pero no tiene ningún interés por pasar su vida cuidando vacas y patatas. A los 22 años, ha tenido incluso más trabajos que mujeres.

Por el momento, como dice su madre, “mi hijo es un banquero”. Mantiene dos cajeros automáticos y es el chófer del propietario del banco. Su salario mensual es unos 50 dólares más alto que el de su padre, pero lo más importante es que de vez en cuando llega a su casa conduciendo un Lexus.

Ropa interior y un lobo-oveja

La sobrina de Mariam Jbieva, Fatima, parece una hada madrina en el funeral. En 2003, después de la universidad, se fue a vivir a San Petersburgo. Muchas mujeres karachai viven en grandes ciudades, donde venden ropa y empanadas en los mercados callejeros. Fátima es una excepción. Encontró de inmediato un trabajo vendiendo lencería francesa en una cadena de tiendas. Enseguida la ascendieron a asistente principal de ventas, luego a jefa de departamento y finalmente, a gerente de marca. El avance en su carrera parece muy probable que continúe. El salario mensual de Fátima es de 1500 dólares.

Su hermana, Gulnara, como otros familiares, ve a Fátima una o dos veces al año, en las bodas y en ocasiones tristes como la de hoy. Vive en el pueblo de Teberda y trabaja en un mercado en Dombai, la estación de esquí más popular de la república. Las pistas de Dombai atraen a los aficionados al esquí, sobre todo a rusos que no tienen pasaportes para viajar al extranjero y gente que intenta ahorrar dinero. Aunque estos últimos van a llevarse un buen chasco. En primer lugar, el servicio de la incipiente industria podría ser relativamente barato en la mayoría de los lugares, pero en la cafetería y restaurante de Dombai los precios son igual a los de cualquier estación de esquí de élito en Francia o Suiza. Una empanada de carne khychin, por ejemplo, puede costar 15 o 17 dólares. A veces timan a los clientes abiertamente. Gulnara desafía a la tristeza de la ocasión para reírse sobre un vecino que vendió a un ingenuo turista moscovita una piel de carnero teñida diciéndole que era de un lobo.

Gulnara sugiere a su hermana que se mude a Teberda y se busque un esposo karachai, pero Fátima prefiere vivir en San Petersburgo y vender ropa interior de encaje mejor que piel de carnero teñida.

El Maulud me recuerda a una fiesta: viejos hombres sentados alrededor del fuego, removiendo la carne en calderas y arreglando el mundo. Suspiran por los viejos tiempos soviéticos, cuando había granjas colectivas, la policía no aceptada sobornos y los jóvenes no dejaban el pueblo para irse a buscar trabajo en las ciudades. Nunca han escuchado el famoso eslogan nacionalista. Y si lo hubiesen hecho, habrían respondido que ellos se alimentan por sí mismos, y que si Rusia se gasta dinero en el Cáucaso, ese dinero no pasa de más allá de los  bolsillos de los burócratas de alto rango. El resto de la población, en el mejor de los casos, se alimenta de unas pocas migajas en forma de prestaciones por invalidez.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en Open Democracy
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