Boletín “Caucasus News”, nº 33 (junio 2013) :::: Estamos en plena época de purgas en el Cáucaso Norte y no sabemos cuánto durarán ni a quiénes alcanzarán, aunque ya se conocen algunos nombres con muchas papeletas para abandonar su puesto en el poder en los próximos meses. Putin inauguró su tercer mandato no consecutivo como líder de la nación con lágrimas de cocodrilo en los ojos, dificultad y protestas en las calles nunca antes vistas en Rusia. Dos años después, su mano es cada vez más dura y ya comenzaron los puñetazos sobre la mesa y las demostraciones de “fuerza”. Rusia es una gran potencia y Putin, su gran líder. Y como el poder es una red de interconexiones, controla las conexiones y tendrás y controlarás la red entera de manera grácilmente sutil.

El pasado enero Ramazán Abdulatípov fue designado por Vladímir Putin presidente interino de Daguestán, la república actualmente más volátil y conflictiva de la región norcaucásica. Abdulatípov llega al poder elegido a dedo desde Moscú, sin ningún tipo de negociación previa con las élites de la república, como había pasado en anteriores ocasiones con los líderes precedentes. El anterior presidente desde 2010, Magomedsalam Magomédov, pidió él mismo –según una nota de prensa publicada por el Kremlin- ser relevado de su cargo y fue recolocado dentro del gobierno de Abdulatípov. Dicen que Magomédov no sabía llevar bien la región: la violencia continuaba creciendo, seguían los ataques y atentados contra las fuerzas de seguridad y administrativas del Estado y los civiles; el pasado verano acabaron con la vida de Saíd Afandi, el líder sufí más importante de la república; y en enero, el juez supremo de Daguestán también fue asesinado. Lo cierto es que las Olimpiadas de Sochi están a la vuelta de la esquina y Daguestán sigue siendo la república del Cáucaso más inestable y violenta de la zona, y el ahora ex presidente, hasta la fecha, no había conseguido reducir la espiral de violencia. Por supuesto, Rusia no se puede permitir esta imagen de región inestable a ya menos de un año del que probablemente será uno de los eventos deportivos más caros de la historia.

La última gran demostración de autoridad de Putin se produjo a principios de junio. Saíd Amírov, alcalde de Majachkalá desde 1998, la capital de Daguestán, fue detenido el pasado 1 de junio durante una operación especial y conducido a Moscú en helicóptero militar. Está acusado del asesinato en 2011 de Arsén Gadhibékov, juez instructor del Comité de Investigación de Kaspiysk, Daguestán. También se dice que algunos hombres de Amírov podrían haber estado realizando “trabajos sucios” para el FSB (asesinatos por encargo, por ejemplo). Más motivos: el actual presidente (recordemos, elegido a dedo desde el Kremlin) podría tener algunos resentimientos contra Amírov, ya que este es considerado uno de los políticos daguestaníes más influyentes de la república. Durante años ha sabido negociar con los clanes más importantes de la ciudad la estabilidad de la misma. El tribunal de Moscú que lo juzga ha decidido suspenderlo del cargo mientras se investiga su implicación en el homicidio de Gadhibékov. Por ahora no se conoce el nombre del que podría ser su sustituto (porque parece que de esta difícilmente saldrá bien parado), pero a buen seguro será señalado desde el Kremlin.

En Karacháyevo-Cherkesia se celebrarán elecciones en septiembre. Esta república y Kabardino-Balkaria están muy cerca de Sochi. El actual presidente a propuesta del Kremlin, Rashid Temrezov, ya ha mostrado su intención de abolir las elecciones directas en su república. Días antes de estas declaraciones, el presidente Putin había firmado una ley en la que permitía que en las regiones de Rusia sus ciudadanos decidieran qué clase de elección a gobernador querían tener: que fuera el Kremlin quien les dijeses quién debía ser su gobernador (que los candidatos fueran propuestos desde Moscú y elegidos en el parlamento pertinente), o elegirlo ellos en elecciones directas. El anterior presidente, Borís Ebzeyev, curiosamente, también pidió ser relevado de su cargo en 2011, antes de acabar la legislatura y también por no saber o no poder controlar su república.

Saltamos a Kabardino-Balkaria, otra república en la que ha habido un repunte de violencia en los últimos tiempos, con constantes enfrentamientos entre los rebeldes y las fuerzas del Estado en la república. Habrá elecciones también en septiembre y el actual presidente, Arsen Kanokov, parte de una posición que no es la más propicia para ganar la carrera hacia el sillón presidencial. En primer lugar, su falta de conexión con el representante presidencial de Moscú en el Cáucaso Norte, Alexánder Jloponin, dificulta el entendimiento con el Kremlin. Desde los sectores más críticos lo acusan de la presunta “poca voluntad” que ha mostrado para detener las acciones de los rebeldes. Esto lo hace un excelente candidato para ser el siguiente en presentar su dimisión o pedir que lo releven del cargo. Una señal muy clara de esta posible futura dimisión “totalmente voluntaria” podría ser la aparición en la escena política de Kazbek Kokov, hijo del ex presidente kabardino Valery Kokov (1990-2005). En abril fue designado consejero de política interna de la región del Cáucaso Norte para la administración presidencial. No sería descabellado, por tanto, pensar en él como futuro presidente, teniendo en cuenta los precedentes existentes en el Cáucaso en eso de que los hijos de ex presidentes hereden los puestos que dejaron sus padres.

Así, entre las dimisiones convenientemente oportunas y las destituciones, reordenamientos y nombramientos en los gobiernos regionales vinculadas a todos estos movimientos, se está tejiendo una red servil al Kremlin. Puede que la excusa de estas purgas sea la búsqueda de la estabilidad de la región ante las próximas las Olimpiadas de Sochi en 2014. O puede que sea, simple y llanamente, Putin cosiendo su red con unos hilos nada finos…

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