Boletín “Caucasus News”, nº 30 (diciembre 2012) :::: En la frontera más meridional de Rusia, en el límite con Azerbaiyán, se encuentra la ciudad daguestaní de Derbent, una lugar  de algo más de 100.000 habitantes que reclama ser la ciudad más antigua de la Federación Rusa y aquella en la que estuvieron las “Puertas de Alejandro”.  Podría ser un excelente destino turístico, pero no lo es porque es una zona demasiado inestable para poder permitírselo, como le ocurre al resto de la república, en constante tensión ante la posibilidad de un atentado o de una operación antiterrorista.

El 10 de octubre una intensa lluvia provocó unas devastadoras inundaciones que acabaron con la vida de 7 personas e  inundaron más de 300 viviendas. Aludes de barro, ramas y rocas destrozaron todo lo que encontraron a su paso afectando a más de 1000 personas. El Ministerio de Situaciones de Emergencia mandó efectivos para ayudar en la limpieza de las carreteras; fueron, trabajaron un día, se hicieron las fotos de rigor para la prensa y adiós. Y ahora que cada uno se saque las castañas del fuego.

Desde hace casi dos meses cientos de familias viven en casas (o algo parecido a una casa) llenas de barro y suciedad que no consiguen limpiar, con humedades y hongos que provocan enfermedades, sobre todo entre los niños. Los cortes de luz son habituales, el suministro de agua altamente irregular, hay grandes problemas con la reconstrucción del alcantarillado y las ayudas que llegan están mal distribuidas, son escasas o se pierden en el camino. Los ciudadanos se quejan de la casi total desatención por parte de la administración y de que las ayudas se quedan en los parientes de los oficiales que también se han visto afectados por la catástrofe. No se prioriza adecuadamente el reparto de las asistencias.  Las ayudas de 25000 rublos (620 euros) difícilmente serán de utilidad para aquellas personas que han perdido todo, y los 40 millones de rublos destinados a sofocar las dificultades de los afectados  ya se han evaporado.

Casi dos meses después de la tragedia[1], solo unos pocos voluntarios siguen en Derbent. Ellos se quejan de la falta de información oficial por parte de las autoridades para poder organizar la ayuda, y también del “cerrazón” informativo de la zona. Desde el Ministerio de Situaciones de Emergencias sostienen que ya han hecho todo lo que tenían que hacer; desde las administraciones locales, que las ayudas ya están repartidas y que la reconstrucción será lenta. Tan lenta, tan lenta, que llega el invierno y algunos no tienen ni un techo bajo el que dormir, ni calentadores, ni ropa de invierno. Las autoridades locales siguen pidiendo paciencia a los afectados y que aguanten medio año  más… viviendo en casas semi destrozadas, llenas de humedades,  sin techo o acogidos por parientes o vecinos.

¿Y el gobierno central qué hace? ¿No es Daguestán parte de Rusia? Derbent no es Krymsk[2], pero también ha habido muertos y hay familias que sufren. Con esta tragedia queda de nuevo en evidencia la habitual descoordinación entre los distintos niveles de gobierno, y la apatía, insolidaridad, desamparo e irresponsabilidad de las autoridades con respecto a los habitantes de determinadas zonas del país. Esta hubiese sigo una excelente oportunidad para ganarse la simpatía, el apoyo, o siquiera la aceptación de –quizá- parte de esa población que siente rechazo por las autoridades locales serviles al gobierno central. No han sabido o querido aprovecharlo y con ello demuestran, una vez más, que en Rusia siguen existiendo ciudadanos de primera y de segunda.


[1] En el blog de Artiom Aivasov se pueden ver algunas imágenes del estado actual de Derbent y Sabnava http://shegolll.livejournal.com/443393.html

[2] El pasado julio, unas fuertes lluvias inundaron varias ciudades del sur de Rusia causando la muerte de 172 personas, principalmente en la ciudad de Krymsk, en el distrito de Kranodar.

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