International Crisis Group ha publicado, recientemente, dos excelentes informes sobre la situación en el Cáucaso Norte. A continuación os ofrecemos la traducción del fragmento de uno de los informes, que trata sobre cómo la insurgencia armada afecta al día a día de la población local.

Extorsión para recaudar fondos

En los últimos años, la financiación de la insurgencia se ha vuelto más difícil. El acceso al dinero extranjero prácticamente se extinguió en 2002, con la muerte de Al-Jattab y con la guerra de Afganistán convirtiéndose en el principal foco de la yihad global.

Ahora las autoridades rusas generalmente reconocen que la mayor parte de los fondos se obtienen a nivel local. Aleksander Jloponin, el enviado especial del Kremlin en el Cáucaso Norte, afirma que solo el 10 por ciento de la financiación del Emirato del Cáucaso es de origen extranjero.

El gobierno calcula que sólo en Daguestán, empresarios y funcionarios dieron 100 millones de rublos (3 millones de euros) a los insurgentes a lo largo del 2010. En algunos casos, se les habría “contratado” para acosar o asesinar a empresarios rivales. Pero la extorsión es el método más utilizado para recaudar fondos. En Daguestán, muchos hombres de negocios y políticos afirman recibir por correo, en sus coches o en casa, grabaciones hechas en tarjetas de memoria en la que se les exige pagar una cantidad determinada en una fecha concreta. Y cada día son más frecuentes los asesinatos de aquellos que rehúsan pagar el “dinero de la yihad”.

Imposición del estilo de vida islámico

Los insurgentes tratan de imponer por la fuerza un estilo de vida islámico a la población: han atacado tiendas y cafés que venden alcohol o que ofrecen otros bienes o servicios “prohibidos”. Muchos locales han sido quemados en Ingushetia, Kabardino-Balkaria y Daguestán en los últimos años, en general después de que los propietarios hubieran recibido “advertencias” por escrito. En Daguestán, los insurgentes también han golpeado a las persones que acudían a estos locales, al igual que han atacado a líderes comunitarios que prohíben el velo islámico en las escuelas o en la administración local. La directora de una escuela secundaria rural (Patimat Magomedova) fue asesinada después de intentar prohibir el uso del hiyab entre sus alumnos en septiembre de 2010. El director de otra escuela fue igualmente asesinado en julio de 2011 en otro pueblo, por motivos similares.

Los tarotistas y curanderos tradicionales son también sistemáticamente perseguidos en Daguestán, acusados de llevar a cabo actividades “prohibidas en el Corán”. Entre 2010 y 2011, cinco de ellos fueron asesinados.

En verano de 2010 se colocaron explosivos en playas mixtas, causando varias víctimas. Los insurgentes también han asesinado a cazadores para mantenerlos lejos de las bases donde se refugian en los bosques.

Del mismo modo, los oponentes ideológicos y “competidores” de los insurgentes son susceptibles de ser atacados: en mayo de 2011, en Osetia del Norte, un famoso poeta (Shamil Dzhigkayev) fue secuestrado en su casa y lo encontraron, decapitado, en las afueras de Vladikavkaz, la capital osetia. Había estado recibiendo amenazas de muerte desde 2008 por escribir poesía “anti-islámica” acerca de un conflicto territorial que afecta Chechenia y Osetia.
Un destacado académico de Kabardino-Balkaria, el profesor Aslan Tsipinov, fue asesinado en diciembre de 2010. Su trabajo sobre la cultura nacional de los circasianos fue considerado por los insurgentes como un intento de divulgar el paganismo. Otro académico de Nalchik (Kabardino-Balkaria) sostiene que dejó de escribir artículos sobre el Islam, porque “ahora es peligroso”. Un funcionario del gobierno de Daguestán, Garun Kurbanov, recibió un disparo en Majachkalá porque era manifiestamente ateo y partidario del Estado laico.

Aquellos que promueven el laicismo se sienten inseguros e indignados porque el gobierno no haga más para protegerlos a ellos y a los valores de la legislación rusa.

Los motivos que tienen los jóvenes para ir “al bosque”, el eufemismo para unirse a la insurgencia, son múltiples. Para tener éxito, una insurgencia debe atraer a una población insatisfecha y vulnerable. Las causas fundamentales que sustentan la insurgencia en el Cáucaso Norte están vinculadas a los retos que representa la integración de la región con el resto de Rusia, entre los que se incluye la brutalidad policial, las instituciones ineficaces y corruptas, y los conflictos étnicos y sectarios sin resolver. Un coronel del Ministerio del Interior de Daguestán dijo a Crisis Group que los jóvenes se unen a la insurgencia debido a la corrupción y al odio que sienten hacia las autoridades locales: “Aquí la gente tiene un sentido de la justicia especialmente fuerte. Los chicos se sienten frustrados, comienzan ayudando a los insurgentes y pronto se van con ellos al bosque “.

El presidente del Consejo de Seguridad de Ingushetia afirmó que muchos de los insurgentes de la república provienen de un entorno social acomodado, tienen educación superior y sus padres son maestros o médicos. Al mismo tiempo, es prácticamente imposible trazar un retrato social de la insurgencia, muy heterogénea. Expertos en derechos humanos insisten en la falta del Estado de derecho como el factor clave que empuja a los jóvenes al bosque.

En todo caso, la mayoría de los que se unen a la insurgencia consideran que el sistema actual es ilegítimo, ineficiente, injusto e irreformable, y piensan que un Estado construido sobre los principios islámicos sería más justo.

Font: The North Caucasus: The Challenges of Integration (II), Islam, the Insurgency and Counter-Insurgency (informe de International Crisis Group)
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