Marta Ter :::: El último Premio Nobel de la Paz ha recaído sobre la UE. Pero, ¿utiliza los instrumentos de que dispone para fomentar la democracia y el respeto a los derechos humanos con todos sus socios igualmente?

¿Cuál es la política de derechos humanos de la UE, ganadora del reciente Premio Nobel de la Paz, respecto a Rusia? ¿Cuáles son los principales instrumentos de los que dispone para fomentar la democracia y el respeto a los derechos humanos en otros países? ¿La UE utiliza estos instrumentos de la misma manera con todos sus socios que no observan los valores democráticos de un Estado de Derecho?

El pasado 12 de octubre la Unión Europea fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2012, porque “durante más de seis décadas, la Unión ha contribuido al avance de la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa”.

Tras anunciarse el Premio, el Presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, declaraba que “los valores de la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el Estado de Derecho y el respeto de los derechos humanos son absolutamente esenciales para la Unión Europea. Estos valores fundamentales apuntalan todas las actividades de la Unión Europea, tanto internas como en nuestra política exterior.”

¿Es esta afirmación una realidad o una falacia? ¿La Unión Europea trata de influir haciendo uso de todos los instrumentos de los que dispone para que todos sus países socios respeten los valores de un Estado de Derecho, y la universalidad de los derechos humanos y las libertades fundamentales, tal y como señala el artículo 21 de su Tratado fundacional?

En este informe (puede leer el informe desde aquí), hemos analizado cuál es la política de derechos humanos que la UE aplica a Rusia. Hemos realizado un informe que detalla cuáles son los principales intereses geoestratégicos y geopolíticos que priman en la relación que mantienen la UE y Rusia; a continuación, detallamos cuáles son los principales instrumentos que la UE utiliza para intentar promover el Estado de Derecho y el respeto por los derechos humanos entre sus socios, y cuál es la política de activación (o no) de dichos mecanismos.

Un ejemplo de esta política es la activación de la cláusula de condicionalidad política que, desde 1995, se introdujo en todos los acuerdos internacionales firmados por la UE con terceros países con la intención de consolidar una política de derechos humanos con todos sus socios (también Rusia). Estas cláusulas proporcionan una base positiva para promover el diálogo y apoyar la democracia y los derechos humanos, con la posibilidad de adoptar medidas sancionadoras, como la suspensión del acuerdo, en caso de que se incumpla el compromiso de no respetar los derechos humanos.

En la práctica, esta cláusula se ha aplicado a discreción, solo en determinados países cuando éstos no han respetado los derechos humanos. Se ha activado para sancionar países mayoritariamente subdesarrollados de África Subsahariana, con poco interés geopolítico o económico para la UE (Togo, Zimbawe, Nigeria o Costa de Marfil) mientras que otros países importantes en términos económicos y estratégicos, como Rusia, ha quedado al margen de estas sanciones, aunque se hayan cometido también vulneraciones de los derechos humanos que han sido ampliamente documentadas.

La conclusión a la que llegamos tras realizar el informe es que la UE adopta una posición contradictoria en materia de derechos humanos respecto a Rusia. Por un lado, su retórica en pro del fomento de los principios democráticos y del estado de derecho se queda básicamente en eso, retórica, mientras que a la práctica ejerce la realpolitik para mantener y aumentar los acuerdos comerciales (sobre todo energéticos) con la potencia vecina.

Quizás algunos decisores políticos argumentan que la UE debería olvidarse de los derechos humanos y centrarse en sus propios intereses. Pero, posiblemente, es de gran interés para la UE que Rusia no se convierta en un régimen dictatorial, que no desaparezca el Estado de Derecho, que las condiciones de vida y económicas de los ciudadanos rusos mejoren y que Rusia sea un vecino estable. No olvidemos que Rusia comparte frontera con cinco países de la UE. Y que si en Rusia se estableciera una auténtica democracia, sería positivo tanto para la ciudadanía de allí como a la ciudadanía de aquí. Los negocios serían más sencillos de llevar a cabo, y la economía podría prosperar en muchos sentidos. Una situación de ganar-ganar que la UE, unida y decidida, podría contribuir a implementar con la suficiente voluntad política.

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