Memorial ::: “En el primer año de la presidencia de Magomedov, la situación en la república continuó deteriorándose. Incluso según las evaluaciones oficiales, siempre cautelosas, las estadísticas de muertes y heridos recuerdan partes de guerra”

Este mes de agosto ha resultado muy tumultuoso en Daguestán. El 20 de agosto, un militar abrió fuego contra seis de sus compañeros antes de suicidarse. Unos días más tarde, las fuerzas especiales georgianas interceptaron una unidad fuertemente armada de insurgentes islámicos que provenía de Daguestán. El tiroteo cerca de la frontera mató a tres soldados georgianos y 12 militantes. Y finalmente, el 28 de agosto, una kamikaze rusa mató a Said Atsayev, un importante clérigo musulmán sufí, asesinando a 6 personas más en el ataque.

Para poder contextualizar mejor estos episodios de violencia, hemos recogido en este artículo las conclusiones del último informe que la ONG “Memorial” ha publicado sobre Daguestán.

“Todos los daguestaníes tienen derecho a la vida, libertad e integridad física. Nadie puede ser sometido a tortura ni a tratos inhumanos y degradantes. Todos los daguestaníes tienen garantizada la libertad de pensamiento, de expresión, de conciencia y de religión”, recordó el presidente de Daguestán Magomedsalam Magomedov a los diputados de la Asamblea Popular, citando los principios fundamentales de la Constitución de la República de Daguestán. “Nuestro objetivo común es hacer que las normas proclamadas en la Constitución se conviertan en los principios rectores de la vida diaria”, añadió.

Sin embargo, en el primer año de la presidencia de Magomedov, la situación en la república continuó deteriorándose. Incluso según las evaluaciones oficiales, siempre cautelosas, las estadísticas de muertes y heridos recuerdan partes de guerra. El número de atentados contra agentes de la policía ha crecido en un 20% respecto del año anterior, y el número de bajas entre los representantes de las fuerzas del orden se ha duplicado.

Los guerrilleros asesinan gente en bares y cafés, queman tiendas en las que se vende alcohol, colocan artefactos explosivos en las playas, secuestran cazadores y extorsionan a hombres de negocios.

El presidente de Daguestán Magomedov se ha propuesto como meta que prevalezca la legalidad y la consolidación de la sociedad daguestaní. El régimen político en la república se ha hecho más abierto. Altos funcionarios se involucran en la investigación de algunas denuncias de violaciones de derechos humanos, lo que permite, en ciertas ocasiones, salvar vidas humanas. Pero muchas veces, las actuaciones de las fuerzas del orden y de seguridad no se coordinan con las del poder ejecutivo y entonces las autoridades no hacen nada, o simplemente no pueden impedir, las violaciones de la ley más flagrantes perpetradas por miembros del Ministerio del Interior.

En lo que concierne a la situación de los derechos humanos, en Daguestán se siguen cometiendo brutales torturas, las fuerzas de seguridad continúan llevando a cabo ejecuciones extrajudiciales y realizan “operaciones especiales” que ponen en peligro a la población civil o incluso utilizan civiles como escudos humanos.

La impunidad de los agentes encargados de hacer cumplir la ley es total. No se investigan los crímenes cometidos por policías, aunque hayan tenido repercusión pública. Al contrario, normalmente la investigación ayuda a que los culpables evadan su responsabilidad. Sólo existe un caso (el del menor Mahmud Ajmedov, brutalmente golpeado por dos policías) en el que la investigación se concluyó y el caso fue llevado a los tribunales.

Salta a la vista la radicalización de los jóvenes. A pesar de que uno de los guerrilleros daguestaníes más sanguinario, Magomedalí Vagabov, haya sido abatido, y pese a las numerosas bajas entre los miembros de la resistencia armada, las filas de la guerrilla se van engrosando continuamente y sus ataques no pierden intensidad.

El diálogo que había iniciado el gobierno con los líderes de las comunidades salafistas se quedó en suspenso, lo cual no hizo más que contribuir al desengaño y la radicalización de los adeptos de esta rama religiosa.

El centro de derechos humanos Memorial está convencido de que los métodos militares y las medidas económicas solos no pueden resolver el problema del terrorismo y la actividad armada ilegal. Para que los jóvenes no se vayan “al bosque”, atraídos por los eslóganes extremistas, el Estado ha de ser justo.

En el Cáucaso Norte, como en ninguna otra parte, es necesario que el poder del Estado sea eficaz y esté basado en el respeto de la ley, porque a diferencia de las regiones no-musulmanas de Rusia, aquí, en el consciente colectivo, existe un concepto de Estado alternativo, basado en los dogmas islámicos. Cuando un policía que propinó una paliza a una mujer es designado jefe de administración, cuando al lado de unos poblados paupérrimos y sumidos en el desempleo, en la orilla del Mar Caspio, los funcionarios del Estado construyen sus palacios, mucha gente empieza a creer que el Estado laico es un nido de corrupción e injusticia.

Los extremistas sugieren una salida: el califato y la yihad. Ahora en Daguestán se habla mucho de buscar una ideología “nueva”, “alternativa”, que pueda hacer de contrapeso al extremismo, convirtiéndose en una plataforma común para los representantes de diferentes ramas del Islam, diferentes confesiones y nacionalidades, personas con distintos principios ideológicos.

Creemos que esta búsqueda de algo “nuevo”, en este caso, recuerda el intento de inventar la bicicleta. Garantizar la igualdad de todos ante la ley, luchar contra la corrupción, velar por el respeto de los derechos humanos – éstas son las premisas de una sociedad estable y con capacidad de desarrollo en Daguestán. Aquí no hay nada nuevo, muchos políticos, tanto dentro de la república como a nivel nacional, hablan de ello. Pero hay que pasar de las declaraciones a los hechos concretos. Es el camino más fácil y más difícil a la vez, pero no hay otro. En caso contrario, ninguna reforma social y económica podrá traer la deseada paz.

En una sociedad sana, el número de los radicales es siempre muy pequeño. El radicalismo florece sobre terrenos socialmente enfermos y se consolida con la aureola del martirio.

El poder del Estado se debe volver “competitivo” en Daguestán, llegar a ser más atractivo que los modelos políticos, propuestos por los islamistas y fundamentalistas.

Fuente: Informe de “Memorial” sobre Daguestán

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