Natàlia Boronat ::: Daguestán es tristemente conocida por ser una de las regiones más inestables de la Federación Rusa y las autoridades están haciendo grandes esfuerzos para que el resto del país y del mundo tengan una imagen más positiva de ella.

La república norcaucásica de Daguestán cuenta con una población de casi 3 millones de habitantes y es un territorio único en Eurasia, porque en él conviven más de treinta nacionalidades diferentes. Daguestán es tristemente conocida por ser una de las regiones más inestables de la Federación Rusa y las autoridades están haciendo grandes esfuerzos para que el resto del país y del mundo tengan una imagen más positiva de ella.

Los atentados de la guerrilla islamista, que quiere crear un emirato regido por la sharia en el sur de Rusia, las operaciones antiterroristas indiscriminadas llevadas a cabo por las fuerzas de seguridad para eliminar la insurgencia, las desapariciones de personas y las denuncias de las organizaciones de defensa de los derechos humanos protagonizan las informaciones sobre Daguestán.

Esta república a orillas del mar Caspio es un territorio muy complejo porque la insurgencia islamista también se mezcla en la lucha entre los clanes que conviven en un difícil equilibrio y éstos, junto con las fuerzas de seguridad, forman parte del mercado y del negocio de la violencia. Además, en la república se vive un cierto renacimiento del Islam como religión de protesta entre muchos jóvenes que no encuentran justicia en las estructuras estatales. En la sociedad hay un conflicto ideológico entre los partidarios del Islam tradicional de tendencia sufí y los que se decantan por el salafismo y el retorno a la religión pura, que también es la misma corriente que abrazan las bandas armadas clandestinas.

Sin ir más lejos, entre los días 30 y 1 de junio se asesinó al viceministro del deporte daguestaní Nasir Jadgijánov, a un policía de Majachkalá (la capital), también fue asesinado un maestro del pueblo de Tsebari cuando salía de la mezquita, y a continuación los atacantes quemaron la escuela. El atentado el 3 de mayo en el territorio de un cuartel policial de Majachkalá, donde murieron 13 personas y 100 más resultaron heridas, se interpretó como una alerta de los terroristas y un intento de desestabilizar la situación en el país cuatro días antes de que Vladimir Putin, bajo cuya presidencia aumentó la inestabilidad en Daguestán, volviera a ser investido jefe del Kremlin.

Estos ejemplos demuestran que la situación en Daguestán continua siendo inestable aunque últimamente, según Memorial, organización de defensa de los derechos humanos y de recuperación de la memoria histórica, se haya avanzado en el proceso de paz. En una rueda de prensa en Moscú el 26 de mayo, el jefe de Memorial, Oleg Orlov, recordó que el atentado del 3 de mayo fue precedido el 29 de abril de un encuentro entre representantes de diferentes tendencias del Islam y denunció que “cada vez que se avanza en el diálogo, y cuando el proceso de paz empieza a tomar forma, se intenta dinamitar por ambos lados, tanto por parte de los guerrilleros como de las estructuras de la fuerza estatales”.

Ekaterina Sokirianskaya, directora del programa del Cáucaso del Norte del International Crisis Group y también miembro de Memorial, en la misma rueda de prensa lamentó que los medios federales no hablaran del encuentro interreligioso del día 27 porque se trató de un evento importante en el que se llegó a la conclusión de que todas las cuestiones conflictivas se resolverían sólo por la vía del diálogo. Sokirianskaya recuerda que en las últimas décadas, desde el poder, se ha dado más apoyo a los representantes del sufismo y que el hecho de que el salafismo estuviera casi prohibido ha contribuido al conflicto ideológico en la sociedad civil. De todos modos, esta activista lamenta que la rama armada salafista no quiera participar en el diálogo.

Sokirianskaya observa un cambio de tendencia en la lucha contra el terrorismo en Daguestán desde la llegada de Magomedsalam Magomedov a la presidencia en febrero de 2010, cuando anunció que había que luchar contra la insurgencia no sólo por la fuerza, sino también a través del diálogo. Entonces se creó un comisión para reintegrar a los miembros de las formaciones armadas ilegales que quisieran abandonar la lucha. Según datos de la organización, ha asistido a 37 guerrilleros que se han entregado (las autoridades hablan de una cincuentena). Al igual que Orlov, Sokirianskaya también lamenta que se boicoteen estas iniciativas tanto desde el sector salafista armado como desde las estructuras de fuerza.

Sokirianskaya no es la única que lamenta que los medios federales rusos sean selectivos a la hora de informar sobre Daguestán. En todo el entorno cercano a la administración presidencial existe la opinión generalizada de que hay un cierto complot desde los medios de comunicación con oficina central en Moscú, y también de la prensa occidental, para hablar sólo de Daguestán en clave negativa. En Majachkalá consideran que las informaciones negativas continuadas representan un tanto por ciento muy bajo de la vida en la república y como contrapartida sirven para crear una imagen sesgada y asustan a los inversores que deberían sacar adelante una serie de grandes proyectos económicos. Para combatirlo, esta primavera organizaron un viaje de prensa para destruir mitos sobre la república y enseñar a los periodistas parte del potencial de la región.

Aprovechando la belleza de las altas montañas y la costa del mar Caspio, Daguestán se quiere desarrollar como un polo de atracción turística de invierno y de verano y ya se está empezando a construir el centro turístico de Matlás, en la zona de Junzan, en el marco de un proyecto estatal más amplio que creará 5 grandes centros de turismo de invierno en diferentes repúblicas del Cáucaso con el objetivo de convertirlas en un equivalente a los Alpes. El presidente de esta corporación, Ajmed Bilálov, precisamente es de esta zona.

En este proyecto, por el que ya se han interesado empresarios franceses, austríacos, coreanos, turcos y chinos, se prevé que el estado se haga cargo de las infraestructuras y que construya dos aeropuertos para acercar la gente a las pistas; los inversores privados se encargarían del resto. El proyecto es real, ya sale adelante, se creará una zona económica especial con facilidades fiscales y se prevé la creación de unos 2.000 puestos de trabajo. Los más escépticos, sin embargo, creen que en Rusia se acaba la época de bonanza económica porque los presupuestos de ahora están basados ​​en un precio del petróleo superior al actual y Moscú no estará dispuesto a hacer grandes dotaciones para construir infraestructuras en el Cáucaso.

Otro proyecto que algunos expertos califican de gigantesco es “La costa azul” en las afueras de Majachkalá impulsado por el alcalde de la capital, Saïd Amirov, un veterano de la política que ha sobrevivido a varios atentados. En el marco de este proyecto se construirían barrios residenciales enteros equipados de los servicios más modernos relacionados con la salud, el deporte y el turismo a lo largo de 5 kilómetros de costa del Mar Caspio. “La costa azul”, que se construiría básicamente con financiación privada, crearía unos 15.000 puestos de trabajo y serviría también para solucionar los problemas de presión demográfica que hay actualmente en Majachkalá.

Paralelamente, uno de los grandes empresarios daguestaníes, Suleiman Kerímov, propietario del club de fútbol “Angi”, hace presión para construir su “nueva ciudad”.

Además del coñac, que quizás es el producto más conocido de Daguestán después de que el sector del caviar negro entrase en crisis, en la república hay productos agrícolas muy valorados en el resto de Rusia y los expertos creen que habría que modernizar este sector para hacerlo más rentable y ya hay diversas iniciativas en esta dirección. En Daguestán está desarrollado el sector de la extracción de gas y petróleo y por la república, antes de cruzar la vecina Chechenia, pasa el oleoducto que transporta petróleo de Azerbaiyán hasta el Mar Negro. Además, en Daguestán hay empresas que funcionan muy bien que desde Moscú no se conocen, como fábricas que producen motores, material para aviones y aeropuertos o alta tecnología y se están creando otras nuevas, como una fábrica de vidrio laminado que será puntera en Rusia.

Las autoridades de Daguestán se muestran convencidas de que si consiguen atraer inversiones y desarrollar el sector industrial y energético su república podría convertirse en un hub de la región del Caspio donde el puerto de Majachkalá fuese uno de los centros neurálgicos. Irán, un país que cada vez consume más producción rusa, está a dos horas de navegación desde Majachkalá. Además, quieren convertir Daguestán en “La casa de los pueblos” donde haya un clima adecuado para los negocios, turismo y agricultura. Actualmente un 90% del presupuesto de Daguestán proviene de las dotaciones de Moscú pero en la Estrategia de Desarrollo de la república hasta 2025 se plantean el ambicioso objetivo de convertirla en una de las 20 regiones líderes de Rusia.

El presidente, Magomedsalam Magomedov, considera que “la alternativa real al terrorismo es el desarrollo de una economía potente para que la gente vea que puede tener buenas perspectivas” y no quede terreno para la difusión de las ideas radicales. Magomedov cree que actualmente hay unas 250-300 personas que forman parte de las bandas armadas clandestinas de Daguestán y que en estos momentos lo más importante es hacer todo lo posible para que no se engrosen las filas de los terroristas.

Según el imán de la mezquita central de Majachkalá, Mujammadrasul Saaduev, sólo un 2-3% de la población comparte las ideas más radicales que defienden los terroristas. El imán explica que las víctimas de los que esparcen el Islam más radical suelen ser jóvenes que antes no habían tenido ningún contacto con la religión y por ello en la mezquita se organizan clases para los niños para que tengan un mejor conocimiento de la religión.

Si Daguestán se podrá convertir en el paraíso en el Cáucaso que sueñan las autoridades hoy por hoy todavía es un interrogante, pero muchos expertos alertan de la “gigantomanía” de los proyectos y creen que también habría que potenciar y dar más facilidades a las pequeñas y medianas empresas, así como resolver las cuestiones relacionadas con la propiedad de la tierra y erradicar la corrupción que impregna todas las estructuras.

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