El 18 de marzo un grupo de personas salió a la calle para denunciar el control, por parte del poder político-empresarial, de los medios de comunicación y, de forma muy especial, de la televisión.

En las páginas de Caucasus News hemos denunciado en múltiples ocasiones el lamentable estado en el que se encuentran los medios de comunicación rusos, si tomamos como criterio sus posibilidades de hacerse eco de la pluralidad de miradas políticas que existe en Rusia.

El 18 de marzo un grupo de personas salió a la calle para denunciar el control, por parte del poder político-empresarial, de los medios de comunicación y, de forma muy especial, de la televisión. El detonante de la manifestación fue la emisión, por el canal NTV, del reportaje “de investigación” llamado “Anatomía de la protesta” y dedicado a “demostrar” la corrupción en la organización de las manifestaciones ciudadanas por unas elecciones libres.

El guión de la “demostración” recuerda a otros documentales de la NTV como “¿Quién encarga el caos?” , producido y emitido en 2007 para desacreditar a los organizadores de las “marchas de los inconformes”, que sacaron a la calle aquel año a unos miles de personas que se oponían al rumbo político que tomaba Rusia cuando se acercaba el inicio del segundo mandato de Putin.

A grandes rasgos, la argumentación en la mayor parte de estos documentales es la siguiente: Estados Unidos, Europa y su quinta columna en forma de oligarcas exiliados, opositores y defensores de derechos humanos buscan desestabilizar a Rusia; para ello, organizan todo tipo de corruptelas, pagan a ciudadanos que van a las manifestaciones a favor de Putin para que digan que han sido pagados por Rusia Unida, publican información falsa en las redes sociales, etc. Tampoco faltan las acusaciones de corrupción a los líderes de la oposición y la permanente alusión a que la ésta, financiada desde el exterior, pretende provocar en Rusia una revolución “a la ucraniana”.

La cadena NTV, otrora azote del Kremlin, sobre todo en los años de la primera guerra de Chechenia, se ha convertido, junto al Primer Canal y el Canal Rusia, pero quizás en un tono aún más grosero, en el perro de presa mediático de la administración presidencial. Una vez aclaradas las cosas en el Kremlin, con el “nuevo” líder en su puesto, es más que probable que aumenten los contenidos del tipo “Anatomía de la protesta”. Apagar la tele es, todo lo apunta, la mejor opción en la Rusia de Putin.

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