Antonia Ceballos Cuadrado :::: Hay películas que uno no va a ver porque no tienen nada que le sorprenda. El guión de las presidenciales rusas estaba escrito desde el 24 de septiembre: el día en que Medvedev anunció que no se presentaría a la reelección y que el candidato sería Putin.

El 4 de marzo de 2012, Vládimir Vladimirovich Putin se convertía de nuevo en presidente con el 63,6% de los votos (2). La fuerza de las provincias y sus ansias de estabilidad se imponía a los deseos de cambio de las grandes ciudades, como Moscú y San Petersburgo.

Putin salía a dejarse jalear por la masa y el espectador que se hubiera atrevido a ver aquella película conocida de antemano recibiría una gran sorpresa: los presidentes, aunque tengan la cara desfigurada por el botox, también lloran. “Hemos ganado. Gloria a Rusia” (3), afirmó emocionado el hombre que permaneció imperturbable ante tragedias como la del Kursk, el teatro Dubrovka o la masacre del colegio de Beslán.

Luke Harding, el proscrito periodista de The Guardian, sacaba 5 lecciones de las lágrimas de Putin (4): la primera es que Putin está aterrorizado con las protestas; la segunda, en el Kremlin hay respuestas para todo, ya que al parecer las lágrimas de Putin se debieron al frío; la tercera es que el lifting de #botox (tal y como han bautizado las redes sociales a Putin) no ha sido exitoso; la cuarta, que el humor político ha vuelto; y la quinta es que las protestas no se acabarán.

Se acaben o no, lo cierto es que el pulso en la calle ha perdido fuelle. La manifestación del día 5 de marzo tuvo 5 veces menos asistentes que las de diciembre, aunque se saldó con 500 detenidos (5), la manifestación del 10 de marzo estaba prevista y autorizada para 50.000 personas (6) pero, según fuentes independientes, apenas hubo 20.000 (7).

Aunque Luke Harding sí parece tener razón en lo de que el humor político ha vuelto: en Barnaul, Siberia, han sacado a sus juguetes a manifestarse hasta que el alcalde ha decidido que no son ciudadanos y no se pueden manifestar (8). Sin embargo, la iniciativa ya ha sido copiada en Bielorrusia, donde el activista Pavel Vinogradov ha sido condenado a 10 días de cárcel por sacar a sus juguetes a la calle (9). Por su parte el teatro de Moscú ha apostado por la obra “BerlusPutin”, que imagina cómo sería la mitad del cerebro de Berlusconi en la cabeza de Putin (10).

Uno de los casos más famosos estos días es el de Nadezha Tolokonnikova y Maria Alyokhin, integrantes del grupo punk feminista Pussy Riot. En febrero, Pussy Riot hizo una “plegaria punk” en la catedral de Cristo Salvador con la que querían criticar los lazos de la Iglesia Ortodoxa con Putin. Y, precisamente esos lazos, son los que han hecho que acaben en la cárcel por un crimen de odio. Estas dos mujeres, madres de niños pequeños, se enfrentan el próximo 24 de abril a 7 años de cárcel (11). Las muestras de solidaridad han venido de todos lados, menos de la Iglesia (12). Un grupo de cristianos ortodoxos ha manifestado que el castigo es desmesurado (13) y, en Novosibirsk, los activistas han colgado pinturas pidiendo su liberación (14).

Otra de las grandes sorpresas de este guión que cada vez se pone más interesante es Medvedev: hace tiempo que es un cadáver político (15). Ha estado en la sombra durante toda la campaña (16) y, sin embargo, pudimos verlo junto a Putin el día de la victoria. Ahora seguirá en sus funciones hasta que Putin tome posesión en mayo. Lo sorprendente ha sido su declaración de intenciones ahora que se va: pedirá al fiscal general que revise 32 casos, entre ellos el de Mijail Jodorkovski (17). Vivir para ver. Por cierto, ese mismo juicio sirvió para un montaje que ha circulado en internet en el que se ve a Putin entre rejas. Más de dos millones de personas lo han visto (18).

Y es que las campañas agudizan el ingenio de unos y otros. Los anti-Putin optaron por una cadena humana rodeando Moscú en la que también participaron los coches (19). Los pro-Putin, por su parte, sabiendo que lo clásico siempre funciona, montaron una demostración de fuerza en el estadio Luzhniki el Día de los Defensores de la Patria (20). El acto congregó a más de 130.000 personas de toda índole: desde fervientes defensores de Putin hasta trabajadores obligados por los patronos, pasando por empleados públicos (21). “Putin. Sólo por amor la primera vez” fue el eslogan que algunos de los partidarios del nuevo presidente de Rusia eligieron en una serie de vídeos en los que jugaban con la pérdida de la virginidad y el ir a votar la primera vez (22).

Pero, sin duda, lo mejor de la campaña ha sido el intento frustrado de asesinato de Putin. Si esta parte de la película también les suena, no se preocupen, es que ya la vivieron en las presidenciales de 2008. Canal 1, haciendo alarde de su buen quehacer periodístico, emitió en la recta final de la campaña un reportaje sobre un grupo terrorista checheno, vinculado a Doku Umarov, que planeaba un atentado contra Putin para después de las elecciones (23). Los terroristas en cuestión habían sido detenidos en el puerto ucraniano de Odesa hacía un mes. Canal 1 ofrecía a sus telespectadores entrevistas con los terroristas y parte de la grabación del seguimiento que habrían hecho a uno de los hombres mejor protegidos del mundo. En twitter pudimos leer lo que un ciudadano ruso pensaba de este complot: “Es mejor fingir que lo creemos. De otra manera empezarán a volar pisos otra vez”. Y es que los que no creen en este intento de asesinato son, como poco, “enfermos mentales” y “blasfemos” (24).

En la lista de lo que podíamos aprender de las lágrimas de Putin no venía una sexta lección que seguro que Vlad ha aprendido estos días, como diría Bunbury, “no se fíe de una rubia”. Ksenia Sobchak, hija Anatole Sobchak, alcalde de San Petersburgo en los 90 y amigo personal de Putin, se ha pasado al otro bando. La hemos podido ver en las manifestaciones y se atrevió con un programa de televisión que criticaba a Putin. Eso sí, el programa fue censurado después del primero y nos quedamos con las ganas de ver a Alexei Navalny (25), aunque sí pudimos verlo en una entrevista que concedió a la BBC en la que se mostró convencido de que el poder de Putin se acabará en un año y medio (26).

Mientras tanto “la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido” (parafraseando a Sabina): un edificio de nueve pisos voló por los aires en una explosión de gas, en el accidente murieron al menos 8 personas y 12 resultaron heridas (27); en Perm, en los Urales, una familia entera (padres y 7 hijos) murieron en un incendio en el piso en el que malvivían (28); una viuda negra que acababa de perder a su marido se voló por los aires llevándose por delante a 4 policías en Daguestán (29); Dimitry Kovtun, ex-espía, dice que el Servicio Fiscal de la Corona de Inglaterra está buscando su extradición por el asesinato de Litvinenko (30); San Petersburgo ha prohibido la “propaganda homosexual”, convirtiéndose así en la cuarta ciudad rusa con leyes anti-homosexuales (31); Dimitri Pavlyuchenkov ha culpado a Berezovsky y Zakayev de organizar el asesinato de Anna Politkovskaya (32); el ruso sigue sin ser idioma oficial en Letonia (33); los científicos rusos dieron vida a una planta extinguida hace 30.000 años (34); el presidente de Abjazia logró escapar del sexto intento de asesinato (35) justo antes de las elecciones parlamentarias (36) y Armenia anunció que se salía de Eurovisión (Nagorno-Karabakh le pesa demasiado) (37) mientras Rusia nos presentaba a las abuelas que defenderán a la Madre Rusia en el concurso (38). Y es que la vida, como las películas, es tragicómica.

— NOTAS —

(1) Los medios analizados han sido The Guardian, The Independent y la BBC; desde el 15 de febrero de 2012 hasta el 14 de marzo del mismo año

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