Marta Ter :::: La directora de la oficina de Human Right Watch nos habla de las elecciones rusas, del trabajo de los activistas pro derechos humanos y de la impunidad de los que atacan a periodistas y activistas.

La semana de las elecciones seguí el proceso electoral en Moscú, viendo cómo trabajan los observadores rusos de la Liga de Observadores en dos colegios electorales, yendo a las manifestaciones anti y pro Putin, y entrevistando a diversos periodistas y activistas pro derechos humanos. Dos días después de las elecciones, quedé para charlar con Tania Lókshina, directora de la oficina de Human Rights Watch de Moscú.

Conocí a Tania hará dos años, en un seminario de defensores de los Derechos Humanos que trabajan en el Cáucaso septentrional. Desde entonces no nos habíamos visto más, pero sí que nos escribíamos de vez en cuando. Creo que Tania y Oleg Orlov, de Memorial, son los mayores expertos en derechos humanos que trabajan ahora mismo en Rusia.

Cuando llegué al bar donde habíamos quedado, Tania ya estaba allí. Vestida de negro, muy delgada, como siempre. Me preguntó si me importaba que almorzara mientras charlábamos. No había comido nada en todo el día. Pidió una sopa. Todos los activistas que conozco que trabajan en Rusia son delgados y comen poquísimo… Tania tiene unos bonitos ojos azules, pero un poco tristes.

Entonces comenzamos a hablar de la situación de los derechos humanos que ahora mismo hay en Rusia.

Tania Lókshina: En estos últimos meses las autoridades han reconocido, al menos retóricamente, el derecho a ser criticadas. En Moscú y en otras ciudades han permitido que la gente se manifieste sin que la policía intervenga. Aún así, la intimidación de la sociedad civil se mantiene, el clima es muy hostil. Son dos procesos que van en paralelo: por un lado, dejan a la gente manifestarse pero por otro, atacan e intimidan a los activistas.

Marta Ter. ¿A qué clase de ataques e intimidación te refieres?

TL. Utilizan diversos métodos, desde amenazas a los propios activistas y a sus familias, a violencia física (palizas) y también a campañas discriminatorias en los medios de comunicación controlados por el estado.

MT. Ayer estuve en dos manifestaciones. Primero estuve en la pro Putin en la plaza Manezh. Después, en la de la oposición, en Pushkinskaya. En la primera, el ambiente era festivo y alegre menos entre aquellos que habían sido llevados “a la fuerza”: me encontré con unos cuantos que estaban doblemente fastidiados: porque Putin había ganado y, encima, porque tenían que estar allí haciendo el papelito. En la concentración de la oposición, en cambio, la gente estaba triste, había un ambiente de frustración palpable. ¿Qué crees que pasará ahora con la oposición?

TL. Yo también fui a Púshkinskaya. Y sí, está claro, la gente que no quiere a Putin ahora está triste, frustrada, mirando la televisión y viendo los resultados. Porque, con falsificaciones o sin ellas, Putin tiene mucho apoyo.

MT. Ayer, una amiga rusa que tendrá 28 o 29 años me decía: “Marta, estoy hundida. Cuento los años que me quedan con Putin si todo va como él espera y veo que, cuando deje el poder, yo ya tendré cuarenta años, ¡y mis hijos ya estarán creciditos! Pensaba que cambiaría alguna cosa, pero todo continúa como siempre…”

TL. Es importante que la oposición no se desespere ni se atrinchere en una pugna contra el poder. Se ha de trabajar desde dentro para construir una alternativa política real en los próximos años, hacerla crecer desde la oposición y no permitir que surjan enfrentamientos entre aquellos que forman parte de ella.

“Ha habido un fraude total”

MT. ¿Por qué crees que la población apoya tanto a Putin?

TL. Hace más de una década que controla los medios de comunicación. En la televisión (y Rusia es un país de televisión) es el héroe que aparece a todas horas. Y, además, no hay ningún tipo de alternativa. Algunos amigos han votado por Prójorov y Ziugánov, no tanto porque les convenzan estos candidatos, como por el hecho de ir en contra de Putin.

MT. La mujer de la que te hablaba antes, la de cuarenta años, también decía: “Él ha tenido doce años para controlarlo todo ¡y nosotros solo tres meses!” Tania, coméntame ahora qué te han parecido los resultados en el Cáucaso. En Chechenia, los datos oficiales dan una participación del 99.61%, y un 99.76% ha votado a Putin.

TL. Esto se explica porque ha habido un fraude brutal. No he hecho de observadora en esta ocasión, pero sí en otras ocasiones con anterioridad, y lo he visto con mis propios ojos. Ahora, esta vez, una activista de allí me ha dicho que las urnas “reales” ya las tenían preparadas en un lugar seguro, que las papeletas que la gente metía en las urnas eran papelotes sin valor.

Amenazas a los activistas pro derechos humanos

MT. Antes de venir he visto que en HRW acabáis de publicar un documento el que recomendáis a Putin los cien primeros pasos que tendría que hacer para modernizar el país. El primero: favorecer un clima de trabajo propicio para las organizaciones sociales y para los activistas.

TL. Sí, pedimos que cese la presión contra los activistas, que no se les asuste más.

MT. ¿Quiénes son los activistas que más sufren esta presión?

TL. Los de derechos humanos que trabajan en Chechenia, sin duda. No se pueden permitir el denunciar abiertamente las desapariciones, torturas y ejecuciones extrajudiciales que se llevan a cabo en la región. Si se sabe que un activista se hace cargo de algún caso, a continuación recibe la visita de un hombre de Kadírov [actual presidente pro-ruso de Chechenia] que lo amenaza, a él y a su familia. Allí se puede hacer activismo “humanitario”, pero no de derechos humanos.

MT. ¿Y todo el Cáucaso es igual?

TL. No. En otros lugares, como Ingushetia o Daguestán, ser activista también es muy peligroso pero no necesariamente letal, como en Chechenia.

“Trescientos detenidos son muchos”

MT. Segundo punto del manifiesto: hay que permitir las concentraciones pacíficas…

TL. Hasta ahora la oposición se ha podido manifestar sin ser molestada, pero el lunes ya hubo trescientas detenciones. Es cierto que fueron arrestados porque no quisieron abandonar la plaza al final del mitin, y que los otros que fueron detenidos en la plaza Lubyanka se habían concentrado sin autorización. Por lo tanto, la policía tenía derecho a echarlos fuera. Pero trescientas detenciones son muchas… No era necesario llevarlos a todos a comisaría.

MT. A mí me sorprendió la cantidad de policías, antidisturbios, camiones y autobuses llenos de policía que tenían bloqueado todo el centro. ¡Parecía una ciudad sitiada! ¿Tanto miedo les produce que la situación se les escape de las manos?

TL. Supongo que cuando sienten el aire que se respira en el mundo árabe deben pensar que aquí podría pasar algo parecido. Pero aquí no hay ninguna revolución. Púshkinskaya o Bolótnaya no son Tahrir. No hay ninguna relación directa entre la primavera árabe y lo que pasa aquí. Pero sí es cierto que mucha gente en Rusia sigue a través de los medios de comunicación la caída de algunos regímenes, como el de Egipto, y lo ha encontrado estimulante. Y esto da miedo al Kremlin. En cuanto a la policía que había para controlar la concentración, no es un hecho tan extraño aquí. Siempre que hay manifestaciones adversas al poder, acostumbra a haber más policías que manifestantes.

Impunidad y control del poder judicial

MT. Tercer punto: poner fin a la impunidad de las muertes y ataques violentos contra activistas y periodistas independientes.

TL. Para que la sociedad civil pueda desarrollarse con normalidad, hace falta que los crímenes contra los activistas y los periodistas sean investigados. La impunidad provoca la desaparición de algunos activistas, porque piensan que si su colega ha recibido una paliza, el próximo puede ser él. Y además, la impunidad permite la existencia de nuevos crímenes. Los criminales dan por hecho que no serán castigados y continúan matando.

MT. Hace cuatro días que acaba de publicarse que el asesinato de Politkóvskaya se organizó desde el extranjero, ¿qué te parece?

TL. Esta retórica de que todo mal proviene del extranjero hace tiempo que Putin la utiliza. Por un lado, le viene muy bien crear un enemigo interno (los chechenos) y un enemigo externo (los EE.UU. o el Reino Unidos, sobre todo) para eludir la responsabilidad de su propia mala gestión. Pero, por otro lado, pienso que, desgraciadamente, él se cree de verdad que el Departamento de Estado norteamericano alimenta a la oposición y que los enemigos están en el extranjero y quieren hacer caer a Rusia…

MT. Cuarto punto del documento de HRW: la interferencia política en el sistema judicial socava su independencia.

TL. Los jueces no son independientes. Jodorkovsky es un ejemplo de justicia manipulada. El Kremlin influye en el poder judicial.

MT. Y quinto punto: aplicar las directrices del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos ha de ser una prioridad.

TL. El Tribunal Europeo de los Derechos Humanos ha dictado sentencia sobre más de doscientos casos sobre Chechenia. En todos ellos el Estado Ruso ha sido declarado culpable. Hablamos de ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, torturas… En todos los casos se ha demostrado una carencia absoluta de voluntad de investigar esos crímenes.

MT. ¿Qué hace el estado ruso cuando se le declara culpable de una muerte?

TL. Paga las compensaciones a las víctimas o a las familias, pero el Tribunal Europeo no busca simplemente la compensación económica, sino que pretende, sobre todo, cambiar las cosas, que se investiguen los crímenes cometidos en el país donde se han producido. Eso no pasa. En algunos casos, el Tribunal Europeo señala quién es el asesino, normalmente miembros del ejército o de los cuerpos de seguridad del estado. Pero estos individuos continúan trabajando como si nada. En algunos casos incluso son “ascendidos”, como pasó con el general Shamánov. Llevar a los criminales de guerra ante la justicia es indispensable para comenzar a gestionar bien la crisis del Cáucaso norte.

MT. Sí, el famoso derecho a la Verdad, Justicia y Reparación… Esperemos que tarde o temprano, el momento de cerrar las heridas llegue a Rusia, especialmente al Cáucaso septentrional.

Josep Casulleras, redactor jefe de Vilaweb ha colaborado en la edición de esta conversación. 
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