Adrián Tarín :::: Son numerosos los interrogantes que se nos plantean tras la difusión del último comunicado del líder del Emirato del Cáucaso Norte, Doku Umárov (1), en el que anunció la eliminación de los civiles rusos de la lista de objetivos militares, al estimar que éstos ya no apoyan a Vladímir Putin (dadas las recientes protestas en Moscú). La obvia instrumentalización hecha de los civiles rusos supone una manifestación de magnanimidad. Perdonarles la vida como gesto de complicidad y buena voluntad es una de las herramientas tradicionales descritas por los teóricos del poder (2). Umárov juega a ser un príncipe, con un resultado que todavía está por ver, ya que no parece que esta decisión vaya a propiciar una mayor sensibilidad por parte del pueblo ruso hacia los anhelos del Emirato de autodeterminación geográfica y de administración teocrática.

El repentino cambio de táctica muestra la fragilidad argumental del grupo norcaucásico a la hora de evaluar la posición de los civiles en el marco del conflicto. Entender la lucha armada desde la visión de la cadena de obediencia (como oposición a la cadena de mando) no es más que una vuelta de tuerca a la arbitraria criminalidad generadora de miedo que hasta entonces se había demostrado, entre otras ocasiones, en el aeropuerto de Domodédovo o el metro moscovita. La coacción es una de las traducciones posibles de las palabras de Umárov, quien garantiza la seguridad de los civiles únicamente mientras éstos se opongan al actual Gobierno. Algo que conlleva sus riesgos. Entre ellos, no ofrecer, precisamente, un discurso coherente ni representar una postura seria, pues deja sujetos al capricho aspectos ideológicos esenciales para el grupo, como es la consideración de los civiles en un conflicto armado -más aún teniendo en cuenta que las protestas no han tenido relación alguna con la política de represión que el Kremlin aplica en el Cáucaso Norte.

De hecho, no son muchos los partidos políticos rusos que muestren una especial atención a esta cuestión humanitaria, y muchos menos los que se planteen una futura autodeterminación para los pueblos caucasianos. Podría darse el caso, y no sería un ejercicio de hipótesis demasiado descabellado, de que la sustitución de un gobierno por otro no cambiase en absoluto nada en relación a los intereses de Umárov. Entonces, ¿serían de nuevo los civiles objetivos militares? El líder de la resistencia islámica pancaucásica volvería a desdecirse (3) manifestando una endeblez de posicionamiento indigna (aunque, por otro lado, lógica cuando se trata con tal cinismo la inclusión o exclusión de un grupo poblacional en el catálogo de objetivos militares).

Otra de las incógnitas que despierta esta decisión afecta a la propia razón de ser del Emirato en comparación con otras organizaciones islamistas. Apenas existen precedentes de esta índole, en los que la población civil es perdonada y diferenciada de los gobiernos. El 11 de marzo de 2004, pese a la consabida oposición popular a la intervención española en la guerra de Iraq, varias bombas estallaron en tres estaciones ferroviarias de Madrid, como respuesta yihadista a la invasión. Nacionalistas-islamistas como Hamás argumentan el lanzamiento de cohetes contra población civil israelí por ser ésta cómplice de la ocupación de Palestina, independientemente del color del gobierno de Tel-Aviv. Otros grupos armados islamistas, como Al-Qaeda, tampoco hacen distinción alguna entre civiles y militares. La nueva táctica de Umárov, particulariza un poco más el conflicto norcaucásico, no sólo alargando las distancias entre el islamismo armado internacional y el Emirato (4), sino también entre otros grupos localistas y entre la concepción contemporánea del yihadismo.

Puedan ser o no resueltas estas cuestiones, en marzo tendremos la oportunidad de ver cuál será el nuevo paso del Emirato en caso de que Vladímir Putin gane –fraudulenta o transparentemente- o pierda las elecciones presidenciales, así como la relación política entre el Kremlin y el Cáucaso Norte. De momento, los protestuyushchie (“los que protestan”) ya pueden anotarse un tanto que no buscaban cuando comenzaron a salir a la calle: han contribuido a la pacificación del conflicto, por gracia de Umárov.

— NOTAS —

1) El líder de la guerrilla del Caúcaso Norte valora la revuelta rusa contra Putin, 4 de febrero de 2012.

2) Nos referimos a Maquiavelo en su obra El Príncipe. Otros autores, como Hobbes o Weber, apuntan en la misma dirección.

3) Chechen rebel chief denies quitting, 4 de agosto de 2010.

4) El fracaso de Al Qaeda en Eurasia, 25 de marzo de 2011.

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