Francescomaria Evangelisti :::: Para la primera entrega de “Conversando con el Observatorio Eurasia” se me ocurrió acercarme a Nicolai Lilin, un nombre que podría significar muy poco para el público de habla española, ya que ni tan siquiera tiene una página en wikipedia.es (si consideramos esta enciclopedia virtual como un “quién es quién” digital).

Su primer libro, Una educación siberiana, ha sido traducido al castellano, mientras que los otros dos, Caduta Libera e Il Respiro del Buio, aún no están disponibles. Probablemente tras el lanzamiento de la película basada en su primera obra -dirigida por el ganador del Oscar Gabriele Salvatores- la industria editorial española decida llenar este vacío. En cuanto al contenido, si el primero narra el proceso educativo de un joven urca en Transnistria -región antes perteneciente a la república socialista soviética de Moldavia que obtuvo la independencia tras el desmembramiento de la URSS, pese a que Moldavia lo considera parte de su territorio-, el segundo narra la experiencia militar en Chechenia, para concluir este ciclo, en el tercero y el último, con el relato de la desilusión suscitada por su regreso a una Rusia movida por el capitalismo, donde el crimen se ha institucionalizado y no sigue la ética propuesta por la tradición siberiana. Con un estilo directo, Lilin -tal vez como Edward Bunker, el famoso escritor ex-convicto, autor de Perro come perro– construye un mundo de criminales honestos, cuyas reglas pertenecen a la tradición transmitida por los ancianos, diferenciándolo de un sistema y una sociedad “deshonesta”. Caduta Libera nos hace desear que, si en el futuro nos viéramos obligados a refugiarnos en un bosque de Chechenia huyendo de los árabes -esos que están armados por Occidente mucho mejor que nosotros mismos-, contásemos con un capitán Nosov como guía.

Nicolai Lilin se ha convertido, especialmente en Italia, un fenómeno literario y social. Pese a que su lengua madre es el ruso y que ha nacido en la actual Transnistria, todos sus libros y cuentos están escritos en un italiano fluido. Teniendo en cuenta su reciente inmigración en la península italiana, esto fue para algunos una prueba de la integración de los extranjeros y para otros tantos “producto de la intervención enérgica de un buen editor”.

Como seguidor de su obra y trayectoria vital, la información que he recabado sobre él es poco menos que extensa (artículos de prensa, digitales, críticas, etc.). Es por ello que debo hacer mención del texto del colaborador de un importante periódico italiano, sin financiación pública, en el que se acusa a Lilin de ser “una estafa”, responsable de engañar a su público y de mitificar hechos históricos. Como si alguien calificara Viaje al fin de la noche de Louis-Ferdiand Céline de escaso valor literario y humano porque el Amiral-Bragueton nunca hubiera zarpado de Marsella. Creo que acusar a un escritor de haber inventado los temas de sus novelas, además de ser un oxímoron, es una pérdida de tiempo bastante estéril y que quien lo hace es sin duda algún pariente próximo de esos que ven la cutícula en el dedo del sabio que señala a la luna. Cuando me puse en contacto con Kolyma, la asociación cultural fundada por Lilin en Milán, para conseguir el encuentro, me di cuenta de que ambos compartíamos su aversión hacia el modus operandi periodístico aunque, afortunadamente, una cierta simpatía por los investigadores. La fecha elegida por su oficial de prensa, el 4 de diciembre, supe a posteriori que tenía un infinito valor simbólico.

Nos reunimos en Castelnuovo di Porto, una aldea a las afueras de Roma, que albergaba, en la fortaleza recientemente restaurada, una tertulia literaria, compuesta de reuniones y discusiones con los autores, inaugurada por Nicolai. Cuando Nicolai llegó a la cita pude comprobar que encarna todas las características físicas habitualmente atribuidas a la población rusa, con su mirada de hielo a la vez que amable, y las del criminal siberiano, dado que tiene las manos, los dedos y los brazos completamente tatuados. Cualquiera que haya leído su primera novela sabe que cada uno de los símbolos grabados en su piel es una historia que presenta y refleja el alma de quien los lleva, sin embargo, comentar algo al respecto no me parece buen comienzo, ya que la mayoría de las entrevistas que le han hecho hasta la fecha se centran principalmente en su experiencia como artista del tatuaje; me niego a repetir las mismas preguntas.

Teniendo en cuenta la dureza del clima, nos adentramos en la sede de la asociación Arcipélago, organizadora del evento, y comenzamos la conversación. Su agente de prensa me recuerda que no debo hacer preguntas sobre política, pero es una advertencia que será totalmente ignorada por las propias palabras de Lilin.

En el encuentro previo e informal, que tuvo lugar delante de un mal café, descubro que no consume alcohol ni drogas, pero que a los dos nos gusta la obra de Vladimir Vojnovic y la música de Kino. Me explica que su anti-comunismo deriva de la experiencia histórica de la familia de su madre, de origen aristocrático, asesinada en la durante la lucha de clases moldava. La madre de Nicolai se salvó de la masacre porque, siendo recién nacida, “no aparecía en las fotos de familia”.

Propongo aquí al lector un extracto de nuestra larga conversación, cuyo texto completo y vídeo se publicarán en breve, con la esperanza de que sus palabras puedan ayudar a ampliar nuestra comprensión de una realidad compleja y polifónica, como es la del área de la antigua Unión Soviética.

Tienes un enorme grupo de seguidores, pero dados los temas que tratas en tus libros, también tienes algún opositor. He leído varios artículos en Internet criticando tu trabajo. ¿Por qué crees que un producto de la industria cultural puede generar reacciones tan violentas?

Cuando se trata de cuestiones que son contradictorias en sí mismas es muy difícil encontrar un público que las entienda de manera unificada, sin embargo, cuando se narra una historia de amor, una historia humana, resulta muy clara para todo el mundo, no incluye la necesidad de comprender el contexto político y social. Cuando se narra una historia más compleja que se entrelaza con los cambios políticos y sociales a lo largo de la historia de un país, siempre encontramos dos partes, cada una apoya más una teoría que otra. Es una cosa normal, aunque me preocuparía si mi libro no hubiese encontrado la oposición de algunas personas, aunque no sean muchas. Esta diferencia es importante porque me confirma lo que yo creía desde hace mucho tiempo: que una cierta mentalidad y una cierta forma de transmitir y procesar la realidad todavía existe. Con el colapso del régimen soviético, a pesar de los cambios acaecidos entre 1980 y el año 2000 que afectaron a toda la humanidad, los hombres que han sido testigos estos cambios no han cambiado demasiado. La política en sí misma no cambia a la sociedad, pero la sociedad es un espejo de la política, por lo que es la sociedad quien genera su clase política. Si se vivió en la URSS de una manera determinada es porque la mayoría de los ciudadanos generaba aquella forma política; como en Italia, y en todo el mundo, los políticos son nuestro espejo.
Mis libros cuentan historias particulares, que pueden ser leídas como relatos normales, como hace la mayoría de los lectores; pero hay algunos que los interpretan relacionados con la política. Esta interpretación crea mecanismos de autodefensa. Todo el mundo quiere dar su opinión, alguien quiere usar mi nombre para obtener notoriedad y para comunicar al público su punto de vista, como hacen algunos periodistas. Yo no formo parte de estas dinámicas. Acabo de escribir una obra narrativa y mis libros los trato como tales, no voy a tomar ninguna posición política.

Tu familia es originaria de Siberia, pero has nacido en Transnistria. ¿Cómo era la vida en la periferia del imperio? En Educación Siberiana, por ejemplo, narras que charlabas de literatura con unos cuantos amigos, ¿qué literatura circulaba en Transnistria y cómo llegaba?

En la URSS nos gobernaban personas arrogantes e ignorantes, sin preparación política, ya que todos ellos eran procedentes de las fuerzas armadas y sabían muy poco de la economía internacional; no estaban abiertos al diálogo y no tenían tolerancia alguna hacia otras realidades sociales. Entre todos estos males, el más grande, que realmente llevó al colapso de la URSS, fue el maltrato de su pueblo. En algún momento, el régimen comunista llegó a convertir al país entero en una gran prisión. La censura fue sin duda lo más horrible, porque se puede encerrar a una persona en la cárcel, privarla de su libertad física, limitar sus movimientos, pero es difícil de explicar a un occidental lo que significa nacer en un lugar del que no puedes salir físicamente. En una situación como ésa, sabe que es imposible coger un avión para ir, por ejemplo, a Jamaica, Roma o Berlín. Yo nací en un país así, incluso tras el derrumbe de la URSS, Transnistria sigue siendo así. Hoy en día resulta imposible abandonar Transnistria, ya que varios ‘juegos’ políticos y económicos impiden salir físicamente de allí. Estos pequeños mecanismos de censura y encierro de los propios ciudadanos fueron los que llevaron al colapso de la Unión Soviética. El derrumbe se produjo debido a que la población ya no compartía esa idea y había llegado a desarrollar otras, revolucionarias, que superaban la idea del comunismo, dado que el comunismo impidió, limitó y escondió ciertas libertades. Cuando uno no puede vivir como quisiera o hacer lo que querría hacer, ya sea en el arte, la poesía o la literatura, cuando se encuentra bajo el azote de la censura soviética al escribir libros, por supuesto, se siente encarcelado. Este fue el ambiente en el que todos nacimos, es por ello que hemos intentado acceder a un gran número de libros y experimentar otras situaciones que nos han proporcionado determinado nivel de pensamiento, una forma de ser, que se consideraban revolucionarios por el hecho de mostrar nuestra aversión por aquel gobierno, al que aún hoy no queremos. Incluso hoy en día nos encontramos ante un gobierno totalitario; no ha cambiado mucho -ha cambiado la bandera-, pero la forma de manejarlo es siempre la misma, la libertad es siempre coartada de alguna manera.
Nosotros buscábamos nuestras vías para informarnos. Los libros los comprábamos en los mercados prohibidos, que eran mercados negros que se organizaban entre la gente que se movía en estos círculos: los estudiantes que traducían, multiplicando en secreto y encuadernando a mano, los libros prohibidos que llegaban a través de los canales occidentales. Lo mismo para la música; he escrito un cuento, “Rock in the URSS”, que narra el panorama musical de entonces. Era trágico y dramático. Lo que para nosotros es hoy una acción normal: entrar en una tienda de discos, elegir entre miles de títulos lo que más te guste, escucharlo, tratar de comprender si realmente te gusta, pagarlo, conseguir tu CD y llevártelo a casa, es decir, tomar posesión de una idea que una persona que pudiera vivir en otra parte del planeta ha puesto en su música, en la Unión Soviética era imposible, un acto criminal por el que podías ir a la cárcel. La multiplicación de “material prohibido” y todo lo que giraba en torno a los mercados negros era sucio, muy criminal. ¿Por qué nos llamaron criminales? No porque vendiéramos drogas, nuestro delito fue querer libertad para leer los libros que nos gustaran y sobrevivir en ese contexto negativo.
Lo importante, que debemos subrayar porque muchos no se dan cuenta, es que Rusia es muy diferente. Cuando hablo en mis libros, algunos se unen a la idea de una Rusia que gira en torno a Moscú y San Petersburgo, por desgracia, Rusia para Occidente termina allí. Algunas personas no se dan cuenta de que en 1992, cuando el gobierno de Moscú cambió y se abrieron las puertas al capitalismo, en mi país hubo una guerra civil, las personas se mataban en la calle, la sangre fluía, había tanques, bombas y cadáveres por todas partes. Coexistieron dos realidades aglutinadas en un mismo país que atravesaba el mismo período histórico, aunque con dos caras diferentes: estábamos muy atrasados, encerrados, nos quedamos en un trastero, donde un dueño decidió enterrar todos sus esqueletos con la esperanza de que con la llegada del capitalismo occidental no se encontrase ninguno.
Por supuesto, este gran dueño quería también preservar su posición geopolítica, manteniendo a su ejército en una zona que no formaba parte de su territorio, porque Transnistria, tras el colapso de la URSS, se ha mantenido en medio entre Ucrania y Moldavia; Rusia territorialmente no tiene nada que hacer. ¿Por que el ejército ruso sigue estando hoy situado en Transnistria? Obviamente, debido a que Rusia no quiere dejar este hermoso lugar desde el que puede controlar las actividades de Ucrania en el Mar Negro y las actividades de la OTAN en Rumania. Es un lugar perfecto. Con todas las fábricas y los almacenes de armas que ha construido allí, seguramente nunca lo abandonará. Moscú necesitaba una excusa para permanecer allí: organizó con sus propios medios, con los servicios secretos, la Guerra Civil de 1992. Provocando el odio entre dos pueblos hermanos (porque rusos y moldavos siempre mantuvieron buenas relaciones), quien diga que existía previamente un odio racial es un mentiroso. Los moldavos fueron hospitalarios con nosotros. Así que nuestro mundo, el mundo del que hablo, se encontró en una situación política totalmente diferente de la existente en la mayor parte de Rusia de la época; por eso algunos de los rusos que leen mis libros están leyendo cosas que desconocen, porque de la Transnistria se sabía poco.

¿Qué se siente viviendo en la periferia del imperio, tan lejos de su centro? Por ejemplo, la propaganda soviética, y las que le sucedieron, ¿actuaban a través de los mismos canales y de la misma manera que en el resto de la Unión Soviética? ¿O allí se experimentaban formas propagandísticas “locales”?

Realizo un gran esfuerzo para explicar a la gente, incluso a los propios rusos, cuál es el verdadero problema de Transnistria. Es un país que no tiene identidad, un engaño, una estafa de la geopolítica. Una estafa conveniente para Rusia y Occidente. Europa compra el gas y su único interés estriba en que no suban los precios o disminuya el flujo. En un sentido político no somos nada, Transnistria no existe, es un nombre inventado en 1992 por aquellas personas influenciadas por la propaganda del KGB que han usado las pretensiones originarias de Moldavia, por otra parte justas, dado que Moldavia y Rumanía pertenecen al mismo pueblo, siempre han coexistido, de hecho, Rumanía posee una región llamada Moldavia. Es por esto que la historia contemporánea de Rusia se ha escrito y reescrito con demasiada presunción, tanta que, hoy por hoy, yo no creo de ella ni una sola palabra, aunque tal vez tenga partes reales. Yo prefiero las fuentes paralelas, la investigación o permanecer en la ignorancia, pero siendo consciente de que existe un trozo de historia que nunca conoceré. Y ésta es nuestra tragedia: sabemos más de la época medieval o imperial rusa que de la época soviética.
Mi tierra es parte de estos juegos políticos, entonces se pueden decir muchas cosas, como dice alguno: “Transnistria es un país joven independiente que lucha por su libertad”, pero ¿libertad de qué? ¿De qué nos debemos librar? Somos hermanos de los moldavos. Transnistria no puede vivir sin Moldavia y Ucrania, es un país parásito que no produce nada, sólo armas, y que participa en el comercio ilegal a nivel administrativo. Ya no se ocupan de esto los criminales, sino el mismo gobierno, desde el presidente hasta el último mariscal. Todos contribuyen con el tráfico ilegal, porque es lo único que les da dinero. Por otra parte, existen varias formas de comprobar los niveles políticos de un país. Algunas personas exageran: “es algo justo, porque los rusos fueron pisoteados en 1992, los moldavos querían poseer la tierra, mataron a los rusos, hubo un genocidio”. Es cierto que hubo un genocidio por parte de extremistas de Moldavia, que no representan a la mayoría del pueblo moldavo y no tienen ningún derecho a ser llamados como tales, sino simplemente criminales. Criminal es aquella persona que excede cierto nivel de comprensión de la legalidad social, no tiene derecho, por tanto, a identificarse con un determinado régimen político o nación, pierde toda su credibilidad como hombre, es un criminal. Había muchos criminales de Moldavia que, impulsados por una ideología, sabotearon a los ciudadanos rusos; pero estos problemas se podrían haber resuelto mediante negociaciones, con la participación de Rusia, no con la guerra. ¿Qué hizo Rusia? Dejó que estas tensiones aumentasen, hasta el punto de hacer estallar la guerra para más tarde, cuando los pueblos se estaban matando, bajo el pretexto de alcanzar la paz, trasladar allí sus tropas, y no se van de allí. ¿Qué significa? Que es un país que sirve políticamente como un lugar sin identidad, volvemos a este concepto: para los políticos moscovitas no existe y no debe existir la identidad en este país. Es una especie de colonia, como una colonia en Marte, donde hay un punto geográfico que nos interesa porque desde allí podemos controlar otros lugares. Lo que allí suceda no es importante, es nuestra colonia y ya está. Por esta razón ahora en Transnistria se está dando el más brutal e increíble progreso del régimen comunista. Si quisieras saber ahora, en 2011, cómo habría sido la URSS de no haberse derrumbado, ve a Transnistria.

Esta dinámica que comentas que se ha implantado en tu país, en el colapso del gran imperio multiétnico ruso, también se ha dado en otros lugares…

Sí, Nagorno-Karabaj, Chechenia y el Cáucaso se han enfrentado de la misma manera. No ha sido el caso de Bielorrusia, pero porque han sido capaces de que el poder pasara rápidamente a las manos de un tirano, un ex-KGB, una persona totalmente indigna de guiar un pueblo como el bielorruso. Un gran pueblo, compuesto por personas con una gran educación, que procede de uno de los pueblos más antiguos que formaba Rusia. Me enojo cuando veo a los hermanos de Bielorrusia encabezados por este vampiro, porque ahora se habla mal de Gaddafi, pero éste es peor, se trata de alguien que debería ser eliminado físicamente. Un enemigo, no sólo de la democracia, sino de cualquier pensamiento libre. Yo que soy y me considero una persona libre, a alguien así ni siquiera lo considero humano. Él niega la libertad que tenemos aquí a millones de sus compatriotas, a través de aquellas formas de represión que un ex-KGB seguramente sabe de memoria, que se impartían en las academias en las que se invirtió una gran cantidad de dinero. Es tan arrogante que se atreve a discutir y boicotear las decisiones políticas de Rusia. Es una persona realmente increíble, digna de ser estudiada.

Él, como el resto de dictadores que surgieron tras el colapso de la URSS… Pensemos en el ex-presidente de Turkmenistán, que eliminó todos los libros de las bibliotecas, obligando a leer lo que él escribió; una creación de la identidad a través de un uso retórico de la religión, la historia y la literatura…

Podríamos hablar horas sobre estas cosas, Turkmenistán representa por completo la alegoría de la idiotez del pueblo soviético. La razón del éxito y el colapso del régimen soviético, con su propaganda totalmente estúpida: es un error creer que todas las personas que viven en el mundo puedan ser iguales. Incluso a nivel estético: si quería ponerme una camiseta amarilla con rayas y un suéter gris y el régimen no estaba de acuerdo, era tachado de subversivo. Una persona que piensa de forma libre es una amenaza, quienes no lo hacen son ciudadanos perfectos. No se debe pensar, hay que aceptarlo todo. De niño tuve mucha suerte: la de tener una madre que era miembro del Partido Comunista, una ideóloga perfecta. Teníamos en casa los 35 volúmenes de los escritos y discursos de Lenin. Mi madre creía, pero en algún momento perdió la fe en el partido y se dio por vencida. Me contó que su superiora, representante regional de la juventud del partido, tuvo tres hijos, los tres toxicómanos. Esta mujer en su privacidad no podía manejar a sus hijos, pero se atrevía a enseñar a los demás, hablando en contra de la religión, denunciando a las compañeras de trabajo que asistían a la misa del domingo y realizando discursos bastante violentos acerca de cómo criar a un niño. Mi madre me dijo que encontraba mal la falsedad de esta mujer: hablaba de los males que causaba la religión, pero todos sabíamos que en su casa había jóvenes adictos a las drogas, ladrones de poca monta que fueron detenidos por la policía, pero liberados de la prisión gracias a sus conocimientos. Mi madre le arrebató el puesto. Cuando fui ya adulto me contó que asistió al Congreso de la Juventud Comunista en Moscú, donde uno de los ancianos del partido la invitó a cenar y le dijo claramente que si se convertía en su amante le facilitaría su ascenso en la jerarquía del partido. Mi madre le respondió que ella era un ser humano decente, de hecho era de origen noble, le arrebató la tarjeta y se la tiró a la cara.

Un acto peligroso…

De hecho, después sufrió mucho, la enviaron a una fábrica textil, donde tuvo que empezar de cero, haciendo un trabajo físico agotador, a pesar de tener un hijo.
El Partido Comunista quería crear personas totalmente diferentes a mi madre, sin espíritu ni identidad, personas que lo aceptasen todo. “Si te digo que lo negro es blanco, tú debes estar de acuerdo, no quiero escuchar tus comentarios.” Esto es lo peor: cuando te encuentras frente a un mentiroso, y tú sabes que lo es, ni siquiera te dan la oportunidad de demostrar que este enterado de esto, aún hay que alabarle. Te garantizo que es la tristeza humana absoluta.

Tu primer libro fue Una educación siberiana, una obra que recupera la memoria y las tradiciones de la sociedad criminal siberiana, en las que es muy fuerte la influencia de tus “viejos”. El historiador francés Marc Bloch, en su Apología de la historia o el oficio de historiador, dijo que en las sociedades rurales, ya que los padres estaban trabajando fuera del hogar, los hijos fueron educados principalmente por sus abuelos, lo que ha generado una cristalización de la formación intelectual de la juventud, de ahí el conservadurismo tradicional del mundo rural.
Una vez de vuelta en Siberia, ¿has comprobado si los valores habían cambiado?

En realidad, cuanto narro en mi primer libro parte de mi intención de hacer una transposición literaria de un montón de experiencias propias y ajenas, sobre todo de las experiencias de mi abuelo y sus amigos. He querido contar estas historias en una forma literaria muy particular, quería contarlas fuera de su contexto histórico, sin dar oportunidad a los lectores de adivinar en qué periodo histórico se desarrollaban, como si estuvieran en el vacío. Para mí, la literatura es esto: que alguien lea y entienda los sentimientos sin ser influenciado por factores históricos; y creo que lo he conseguido, estoy muy contento de que el primer libro haya ido bien. Todos los comentarios que he recibido sobre él han sido muy positivos, por lo que me siento feliz de que un gran número de intelectuales occidentales, y también rusos, hayan entendido mi esfuerzo y me feliciten por ello. Todos mis proyectos posteriores han nacido porque éste ha funcionado óptimamente.
Mi primer libro es la voz de mi abuelo, como si estuviera narrado por un hombre viejo. Yo quería darle esta pátina que oculta la edad, escribir como si el narrador fuese joven, pero con la impronta de un hombre viejo, como me sentía yo cuando era pequeño. Tengo una historia peculiar, mi padre nos lastimó, a mí y a mi madre, podría decirse que tuve un pésimo padre. Mi mayor referencia era mi abuelo. Una persona autoritaria, a quien debo por completo todo lo que ahora soy. A través de sus historias, su manera de mostrar al mundo, he conocido la realidad y empezado a medirme con ésta. Así que estoy muy de acuerdo con el hecho de que las personas mayores representan una factor importante, si no el más importante, en la educación humana. El hecho es que hoy, dado que la sociedad metropolitana nos obliga a correr frenéticamente, para avanzar en la vida de una manera caótica, estamos obligados a reducir nuestras estructuras familiares. Ya no podemos darnos el lujo de mantener a los ancianos en casa y son enviados a estas instalaciones horribles, a las que yo llamo los “almacenes de mayores”. Por lo tanto, se pierde una gran fuente de experiencia, los jóvenes cometen muchos errores y ya no hay un anciano que pueda darles consejos.

Tu segundo libro trata acerca de la guerra de Chechenia. Desde hace algunos años en la cima de lo más vendido por la industria cultural hay una serie de videojuegos que, en multitud de ocasiones, recrea fielmente los escenarios, armas y entornos de esa guerra que has vivido y narrado en Caduta Libera. ¿Cómo te sientes cuando piensas que hay millones de personas que, en su casa, se ponen en la piel de un francotirador y matan, aunque sea virtualmente, a otra persona? ¿Lo consideras una banalización de la guerra, como afirmaba Mosse? ¿Se preparan las personas para la guerra y disminuye el trabajo del soldado? ¿Tratamos de convencernos de que en la guerra no hay dolor, que son tan sólo muñecos los a que se dispara? ¿Se intenta convencer a la población, a través de la propaganda, de que cuando estalla una guerra en realidad no hay víctimas?

La guerra es una atracción para los que nunca la han conocido directamente. Puedo confirmar esto. Cuando yo era pequeño, en los años 80, no había videojuegos pero era un gran lector de las novelas de guerra estadounidenses y rusas. Veía la guerra como una gran atracción, ya que en la literatura siempre se describen desde un punto de vista heroico, narrando situaciones que convierten a los protagonistas en superhombres. Conocí la guerra en 1992, he visto a gente morir en la calle. La dinámica de la guerra es brutal, no se puede explicar. Uno no puede ayudar a comprender lo que significa perder, si nunca se ha perdido algo; lo que significa el hambre, si acabas de comer, es algo que se debe vivir.
En cuanto al juego, tuve ocasión de verlo hace dos años en casa de un amigo mío, me dijo: “Nico, te mostraré una cosa curiosa, me he comprado un juego y contiene una operación militar en Grozny, donde tú estuviste…”, y yo dije: “no, es imposible, no lo creo, no existe”. Más tarde jugué y se me aceleró el corazón: era impresionante, algo terrible por la perfección de las imágenes, cazzo! Era Grozny, Chechenia, no cabía ninguna posibilidad de error. Estoy en contra de estas cosas porque minimizan la tragedia y lo convierten en diversión. Quien quiera saber cómo es la guerra que coja un arma y vaya a participar, libertad total, aquellos que quieran saber qué se siente cuando se mata a un hombre; no sirve de nada leer libros, escribir artículos o hacer suposiciones: que tome un arma y mate a un hombre, que lo vea, lo viva. Luego, por supuesto, eres responsable ante la ley: quien mata a un hombre va a la cárcel de por vida o, si estás en los EE.UU., te vas a la silla eléctrica…

Hablamos durante casi una hora. Nicolai es un río que inunda mis preguntas. Sólo la intervención de su secretaria de prensa nos recuerda que nuestro tiempo ha terminado. Nos damos la mano y decimos adiós. Unos minutos más tarde, mientras está presentando Il Respiro del Buio un equipo de la televisión pública italiana le informa de los resultados de las elecciones en Rusia, pero no parece muy impresionado; después de haber repetido su deseo de mantenerse al margen de las discusiones sobre política rusa, pide a sus oyentes esperar a la evolución de la situación. Se debe entender su deseo de no interferir, porque él es un escritor, no un opositor, y ya ha recibido suficientes amenazas de muerte.

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