A un mes de las elecciones presidenciales, la maquinaria electoral debería comenzar a ajustarse después de las protestas de diciembre de 2011. Sin embargo, pocas señales indican que se producirá algún cambio.

Para el 4 de febrero de 2011 hay convocadas nuevas concentraciones en Rusia por unas elecciones libres y una “Rusia sin Putin”. Se oirán lemas como “Ni un voto para Putin” y consignas en apoyo a los candidatos independientes que no han pasado la criba del Comité Electoral Central para poder participar en las elecciones presidenciales. Existe el riesgo de que en estas nuevas protestas el número de participantes no sea tan amplio, y no tanto por el cansancio (que también), como por las bajas temperaturas, que pueden dejar en casa a una parte de los potenciales manifestantes.

Justo un mes más tarde, el 4 de marzo de 2012, se pondrá de nuevo en marcha la maquinaria electoral y tendrán lugar unas elecciones presidenciales en las que Vladímir Putin es el principal favorito. Hay quienes afirman que el actual primer ministro aún mantiene su alto índice de apoyo, y quienes aseguran que se ha visto tan perjudicado por las protestas de diciembre, que podría llegar a necesitar una segunda vuelta en las elecciones presidenciales. Eso sí, pocos dudan de que, salvo catástrofe, finalmente Putin se impondrá al resto de los candidatos aceptados (o aceptables).

En las pasadas elecciones parlamentarias de diciembre de 2011, Rusia Unida, el partido del actual presidente ruso, Dmitri Medvédev, ganó con algo más de un 49% de los votos. Miles de rusos salieron a las calles pidiendo la anulación de los resultados y la repetición de los comicios por supuesto fraude. A día de hoy, lo único que los manifestantes han conseguido con sus multitudinarias y pacíficas demandas ha sido que Medvédev diga que se simplificarán los requisitos para el registro de partidos y que se volverán a instaurar las elecciones directas a gobernador (a partir de mayo ya no serán “directamente a dedo”). Por su parte, en un alarde de apoyo a la transparencia en sus elecciones, Putin prometió que se instalarían 95000 cámaras de vigilancia en diferentes puestos de votación para evitar posibles infracciones. Así todo parecerá más limpio.

Donde, con bastante probabilidad, no será el proceso tan “transparente” es en las repúblicas del Cáucaso Norte. Los resultados de Rusia Unida en las elecciones a la Duma en esa zona fueron espectacularmente… sospechosos: más de un 90% de los votos escrutados en Daguestán e Ingushetia, el 89.84% en Karachaevo-Cherkesia, 81.91% en Kabaldino-Balkaria, el 99.48% en Chechenia. En todas ellas el segundo grupo más votado fue el Partido Comunista de la Federación Rusa, a excepción de la república chechena, en la que Rusia Justa logró un simbólico 0.18%. Y llegados a este punto cabe preguntarse: ¿cómo son posibles unos resultados de este calibre en una zona en la que existe un inconcluso y violento conflicto, así como un patente rechazo hacia las autoridades centrales por gran parte del pueblo? ¿Acaso votaron sólo los fieles a Rusia Unida? ¿O es que todos votan por agradecimiento, ya que más de la mitad de su presupuesto procede del Kremlin? Aquí hay algo que no cuadra.

Sea como fuere, cada vez se hace más evidente que las elecciones no son una herramienta democrática, sino un arma de los partidos en el poder, o del poder simplemente. Un arma para perpetuarse y enriquecerse fingiendo una “democracia real” impostada: debemos votar para poder pensar que así hemos participado en el proceso de elección de nuestros gobernantes, para creer que somos parte fundamental del juego de la democracia. Sin embargo, la realidad es bastante menos idílica y nos muestra que muchas veces no somos ni el tornillo más pequeño del engranaje democrático, sino más bien el mísero trozo de plástico que a veces recubre el tornillo para que la máquina luzca mejor. ¿Se atreverán, entonces, a colocar cámaras en Chechenia para ver si funciona bien la maquinaria democrática rusa? Creo que no. En el Cáucaso Norte parece que ni siquiera se van a molestar en ponerle el plástico al tornillo.

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