Francescomaria Evangelisti :::: La OSCE es una institución comunitaria que posee, entre otras, la función de observar y seguir la celebración de los procesos electorales para asegurar que se realizan de una forma transparente, especialmente en las “nuevas” democracias. Sus observadores viajan de un país a otro, certificando la legalidad de la votación, la existencia del pluralismo y la ausencia de coerción. Cuando una “joven” democracia se aproxima a sus elecciones invita a los observadores de la OSCE -dado que su opinión positiva sobre la transparencia y la regularidad del voto será decisiva para que el nuevo gobierno pueda recibir subvenciones y ayudas desde esta misma institución-, organización que, desde mediados de los noventa, ha distribuido préstamos de todo tipo en gran parte del antiguo espacio soviético, con la esperanza de neutralizar la influencia de otros actores internacionales.

El 3 de enero de 2012, en su página web la OSCE ha publicado el informe de su misión previa en Turkmenistán, donde el 12 de febrero se celebrará la tercera edición de la pantomima de las elecciones presidenciales. Turkmenistán, república post-soviética que apostó a favor de una década bajo el gobierno de uno de los peores dictadores de la historia moderna, Saparmurat Atayévich Niyazov, es un país donde gobierna el miedo, situado a la cola de clasificación del índice de libertad de prensa de RSF pero que ocupa uno de los primeros puestos en el uso de la tortura. En las “Conclusiones y recomendaciones”, los representantes de la OSCE han escrito que “teniendo en cuenta que las libertades fundamentales siguen siendo limitadas, que la elección entre alternativas políticas que compiten es limitada, y que el progreso de armonizar el marco legal en línea con los compromisos de la OSCE para las elecciones democráticas queda por hacer, la OSCE/OIDDH no cree que el despliegue de una misión de observación electoral, aunque de carácter limitado, sería un valor añadido”. En pocas palabras: en Turkmenistán no hay ni rastro de democracia, por lo que no sirve de nada observar un proceso viciado de antemano. Aunque el actual (y futuro) presidente haya declarado que, de acuerdo con la constitución, puede existir otro partido además del único actual, y que él mismo pidió el regreso desde el exilio de los líderes de la oposición, los operadores de la OSCE han respondido que “Algunos interlocutores atribuyen la reticencia de los ciudadanos dentro y fuera del país para formar nuevos partidos políticos o para expresar puntos de vista alternativos al miedo a la presión o intimidación por parte del Estado”. En iwpr.net, una de las pocas fuentes de información “libre” de los países de la antigua Unión Soviética, la periodista turkmena Yelena Myatieva ha declarado que “la mayor parte de los preparativos para las elecciones se han hecho sin la participación de observadores o expertos. Los instrumentos de engaño y pseudo-democracia han dado el impulso necesario para asegurar la victoria del presidente actualmente en el cargo. No hay razón para supervisar las eleccione”. Farid Tukhbatullin, director de Turkmen Human Rights Initiative, recordó que la OSCE hace con frecuencia la vista gorda a las violaciones del Gobierno de Turkmenistán y dijo que “al negarse a observar las elecciones presidenciales, la OSCE está negando el reconocimiento de una votación democrática, considerando nulas y sin efecto las reformas democráticas que Berdymuhammedov había prometido hace cinco años”.

Dentro de un mes habrá elecciones y Gurbanguly Berdymuhammedov será reelegido mediante un plebiscito. La única esperanza es que la OSCE mantenga el pulso y no estipule nuevos acuerdos y préstamos con el gobierno de Ashgabat, especialmente aquellos relacionados con la seguridad pública, ya que es una institución representativa de los gobiernos democráticos y no puede, ni debería, llegar a un acuerdo con un estado “oficialmente” anti-democrático.

Anuncios