Adrián Tarín :::: Con el fin de comprender el camino del islamismo moderno desde su nacimiento hasta su llegada a Chechenia, se hace necesario dilucidar cómo y por qué esta ideología religiosa militante se ha ido reproduciendo con notable fluidez en cada década, y, para ello, es conveniente analizar los elementos que propiciaron dicha expansión. Éstos han sido categorizados, con consciencia del riesgo que ello implica, para facilitar una rápida identificación de este fenómeno polimorfo. La adquisición de estos conocimientos separados y la capacidad para tejerlos y darles un sentido único, entregará las herramientas necesarias para determinar cómo es posible que los ecos de un movimiento árabo-persa surgido entre 1960 y 1979 tuvieran su resonancia (independientemente de su efectividad e implantación) en Chechenia desde mediados de los noventa.

Crisis ideológica y socioeconómica
Existe una relación lógica entre los problemas sociales y económicos dados en una sociedad y el deterioro del consenso garante de la hegemonía ideológica. De esta manera, el desempleo, la inflación y las dificultades financieras que atravesó el mundo árabo-persa en los sesenta y setenta y el Cáucaso norte en los noventa, provocaron a su vez el descrédito del panarabismo/socialismo árabe y del marxismo soviético respectivamente.
Los jóvenes, en ambas sociedades, fueron los principales agentes movilizadores por ser quienes más sufrieron los desajustes económicos. Aunque por diferentes causas (en el Magreb, durante los sesenta y setenta, por la crisis del petróleo y el anquilosamiento financiero, y hace dos décadas en Chechenia por el desmoronamiento de la acción reguladora del Estado y la devastación de la guerra), las crisis económicas del mundo musulmán tuvieron el mismo efecto y la misma consecuencia: paro juvenil y desvinculación del orden social existente. A pesar de que el desempleo ha sido diversamente cifrado, la importancia del dato, más allá del contenido numérico, radica en la visibilidad y reconocimiento de este problema. Algunos autores hablan de 100.000 parados en Chechenia a principios de los noventa (1). En Daguestán, el 85% de los menores de treinta años se encontraba en la misma situación (2).

Esta generación, que además proviene del baby-boom de 1974, al igual que la coetánea de Nasser y Sadat, vio frustradas sus expectativas de vida. Comprobó que era incapaz de disfrutar de los mismos beneficios sociales que sus padres y comprendió que, a diferencia de éstos, no les debían nada a sus líderes. La egipcia es la primera generación nacida tras la independencia colonial, y la chechena había vivido insatisfecha durante los últimos años de marxismo y se había dado de bruces con la crudeza capitalista de inmediato. Por ello, no es de extrañar la desafección juvenil hacia aquellas panaceas que no fueron tales. No tenían ningún vínculo sentimental con el anticolonialismo ni con la lucha de clases o la libertad económica que les hiciera respaldar el sistema de sus padres.

Habiéndose difuminado la idea mesiánica del comunismo y del capitalismo en Chechenia, los problemas sociales tuvieron como irremediable cura dos ideologías: nacionalismo e islamismo, ambas dotadas de mensajes simples y definitorios. Así pues, los jóvenes se entregaron a dos causas –a veces separadas, a veces unidas- como remedios. La crisis ideológica se saldó con la adopción de otras nuevas, de otras promesas de paraíso distintas.

Factores históricos desencadenantes y apoyo institucional
El año 1989 es clave para el desarrollo mundial del islamismo moderno y, por lo tanto, también para Chechenia. La combinación de la caída del muro de Berlín y el final de la guerra en Afganistán ofrecieron nuevos escenarios a los muyahidín, dando una solución a su presumible éxodo. Unos muyahidín que, durante las últimas décadas, vinieron cosechando éxito tras éxito: la Guerra de los Seis Días fue considerada por parte del mundo musulmán no sólo la confirmación del declive panarabista, sino una clara señal de que la victoria sólo es posible si se combate por y para Dios (no faltaron los analistas islamistas que concedieron la victoria israelí a su fervor religioso); la revolución iraní mostró a los islamistas el camino para alcanzar el poder; y la victoria en Afganistán consolidó esta tendencia al alza.

Este éxodo, al que años más tarde se sumarían los combatientes resultantes de la guerra en Bosnia-Herzegovina, estuvo determinado por los mismos gobiernos que contribuyeron a la formación y consolidación del movimiento islamista, tanto en su vertiente militar como en la estrictamente política. Países como Egipto, que permitió la creación de campos de entrenamiento en sus fronteras para los muyahid que partieron hacia Afganistán (3), o Arabia Saudí y Pakistán, que respaldaron económicamente la resistencia, abandonaron a su suerte a sus compatriotas y les negaron su retorno al país. De esta manera, muchos de estos combatientes iniciaron una peregrinación por diversos países; en concreto, cualquiera que protagonizara un conflicto que pudiera interpretarse como una agresión a Dar al-Islam. Este es el caso, por supuesto, de Chechenia.

Han sido numerosos los gobiernos que han satisfecho sus intereses geoestratégicos apoyando el islamismo en Chechenia o en regiones limítrofes (hecho que también repercute en Grozny). Azerbaiyán, por ejemplo, reclutó a muyahidín irregulares para no mancharse las manos en su guerra contra Armenia por el Alto Karabaj (4). Diversas son, también, las informaciones que apuntan a Pakistán, Irán o Arabia Saudí como interesados en el desarrollo de estos movimientos en el Cáucaso Norte para beneficiarse de la explotación de hidrocarburos (5).

Características del mensaje islamista
Existen algunas similitudes y diferencias entre el mensaje islamista moderno propagado en sus inicios y el difundido en Chechenia.
Eminentemente mesiánico, algo lógico vistos los problemas que la sociedad norcaucásica atravesaba, el islamismo moderno supo interpretar hechos históricos favorables de manera ventajosa. Como ya ocurriera en la década de los sesenta y setenta en otras partes del globo, los jóvenes desempleados, rebeldes y predispuestos a adoptar la militancia islámica contemplaron cómo aquellos compatriotas que habían emigrado o contactado con las petromonarquías wahabíes tenían cierto éxito económico, lo cual produjo en sus imaginarios una relación causal: el islamismo es sinónimo de prosperidad. Por otro lado, algunas prácticas islamistas revisten un carácter austero, como es el caso de los funerales, en comparación con las tradiciones tribales chechenas. Así, muchos jóvenes entendieron este modus vivendi más coherente con los problemas socioeconómicos chechenos.

No obstante, el primer inconveniente que encontró el islamismo moderno para penetrar en Chechenia no lo halló en el Egipto de Nasser, que contaba con una situación confesional más favorable. El sufismo histórico asentado en las montañas del Cáucaso y la ausencia de conocimientos religiosos dada la sovietización soportada durante años fue un arma de doble filo que inicialmente fue un obstáculo. No obstante, los islamistas supieron aprovechar el pacifismo del misticismo y la yahiliyya (término que hace referencia al periodo de ignorancia anterior al islam) de los sovietizados para imponer el wahabismo como práctica en un sector de los fieles.

Otra característica del islamismo moderno checheno, y que lo diferencia del expandido en otras partes del globo, es su naturaleza identitaria. El Islam pasó a formar parte de la reivindicación nacional, de pueblo, frente a la ortodoxia cristiana rusa. Es, también, patrimonio de este mensaje la interpretación histórica de la región como una eterna batalla entre el Islam y sus invasores. Así, siendo el Islam y Chechenia uno, es fácil considerar el movimiento de liberación nacional una cruzada religiosa defensiva. No es de extrañar, por tanto, que el lenguaje empleado por los islamistas chechenos lleve aparejadas constantes alusiones a la religiosidad del conflicto, tanto por un lado (combatientes ateos, satánicos) como por el otro (yihad, tierra del Islam, combatientes de Dios).

Canales de distribución
Como puede parecer natural dado el breve comentario acerca del apoyo exterior recibido, estos gobiernos también han tenido su papel a la hora de generar canales de distribución por los que circulara el mensaje islamista, tanto en el contexto primigenio como en Chechenia. La propagación del mensaje islamista tuvo como principal aliada una red de centros religiosos financiada con capital saudí o de otros gobiernos sensibles con el fenómeno, como la MWL. También, las universidades sirvieron como centros de formación islámica, gracias a la financiación gubernamental, para frenar el avance de sectores del socialismo árabe en Egipto. Pero no sólo existieron emisores institucionales o políticos, sino que también los receptores, por iniciativa propia, se convirtieron asimismo en propagandistas, recogiendo el testigo y reproduciendo el ciclo de comunicación mediante octavillas, pequeños actos de violencia y el zaqat (caridad).

Aunque algunos de estos canales han continuado vigentes en Chechenia, como las redes de mezquitas, multiplicadas desde la caída del comunismo soviético, o la caridad, los canales han ido evolucionando paralelamente a las tecnologías de la comunicación. Hoy, medios de comunicación en Internet, como Kavkaz Center, acompañan en esta tarea al trabajo proselitista cara a cara, a las rutas de contrabando de las montañas y a las obras literarias difundidas por los ideólogos.

La propagación del islamismo moderno en Chechenia encuentra puntos en común con el fenómeno del desarrollo del islamismo en otros países, principalmente en aquellos donde surgió. A pesar de que las peculiaridades políticas y sociológicas del Cáucaso Norte hayan postergado la llegada de este mensaje, son reconocibles unas determinadas causas y contextos que podrían ayudar a la comprensión de la naturaleza de esta ideología, así como de su fascinante difusión mundial.

— NOTAS —
(1) Taibo, Carlos. El conflicto de Chechenia. Una guía introductoria. Madrid: Los libros de la catarata.

(2) Castro de Isidro, Fernando (2006). Historia de una frontera. El Islam en Asia Central, Turquía, Afganistán y el Cáucaso. Santa Cruz de Tenerife: Ideas.

(3) Saleh Alkhalifa, Walee (2007). El ala radical del islam. El islam político, realidad y ficción. Madrid: Siglo XXI.

(4) Bodansky, Yossef (2007). Chechen Jihad. Al Qaeda’s training ground and the next wave of terror. EE.UU.: HarperCollins.

(5) Castro de Isidro, Fernando (2006). Historia de una frontera. El Islam en Asia Central, Turquía, Afganistán y el Cáucaso. Santa Cruz de Tenerife: Ideas.

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